Trump estudia con el automóvil estadounidense la posible entrada de fabricantes chinos al país
El consejero delegado de Ford discutió con el presidente un marco para la llegada de estas automovilísticas, que incluiría la creación de empresas conjuntas
El consejero delegado de Ford, Jim Farley, ha mantenido conversaciones con altos representantes del Gobierno de Donald Trump para estudiar un marco en el que se permita la entrada de las marcas de coches chinas a EE UU. La entrada se haría, en caso de cristalizarse, obligándoles a producir localmente a la vez que se ofrece cierta protección a las automovilísticas nacionales, según indican fuentes cercanas a las discusiones consultadas por Bloomberg. La idea, que miembros del gabinete de Trump hablaron con Farley en enero, implica que las automovilísticas del gigante asiático lleguen de la mano de socios locales y creen empresas conjuntas en las que la mayor parte del capital estén manos de la parte estadounidense.
Estas compañías se estructurarían de tal manera que tanto los socios chinos como los estadounidenses compartirían las ganancias y la tecnología en la empresa conjunta, indicaron estas mismas fuentes. No se ha tomado ninguna decisión al respecto y la conversación fue calificada por estas personas de informal y preliminar.
Dicha configuración sería un reflejo de lo que China exigió a los fabricantes occidentales hace tres décadas, cuando tuvieron que asociarse con fabricantes chinos para establecer fábricas en ese país. Es el caso, por ejemplo, del grupo Volkswagen, que para vender sus vehículos en el país decidió asociarse con SAIC Motor, dueño de la marca MG, firma que ha entrado con éxito en Europa, sobre todo en España, donde su modelo ZS fue el octavo vehículo más vendido en enero.
Estas conversaciones se producen a medida que los fabricantes chinos se acercan cada vez más a EE UU. Canadá anunció recientemente un plan para permitir la entrada de algunos vehículos eléctricos chinos al país, mientras que los vehículos de BYD, el mayor productor de coches enchufables del mundo, se están volviendo comunes en las calles de México.
Farley discutió el asunto con el Representante Comercial de EE UU, Jamieson Greer; el Secretario de Transporte, Sean Duffy; y el Administrador de la Agencia de Protección Ambiental, Lee Zeldin, durante su visita al Salón del Automóvil de Detroit el mes pasado. La conversación tuvo lugar días después de que Trump indicara que estaba abierto a permitir la entrada de marcas chinas si construían plantas y contrataban a estadounidenses.
Las conversaciones de Ford con la administración Trump sobre China han enfatizado constantemente “la necesidad de proteger el mercado interno de una avalancha de vehículos subsidiados fabricados en China”, dijo Mark Truby, director de comunicaciones de Ford, en un comunicado. La compañía añadió que Ford y el Gobierno “discutieron diversos temas de la industria” en el marco del Salón del Automóvil, pero no ofreció más detalles.
“También hemos sido claros sobre los problemas de privacidad y seguridad nacional asociados con los vehículos chinos en EE UU y seguiremos reiterándolo en nuestras conversaciones con los responsables políticos”, incidió Truby.
Si bien Farley no promovía la opción de la empresa conjunta, se discutió como una forma de proteger los intereses estadounidenses en un escenario en el que las empresas chinas incursionaran en EE UU, según las citadas fuentes. Aun así, la iniciativa tuvo una fría recepción por parte de los funcionarios de Trump, quienes consideraron que enfrentaría oposición en Washington. Sin embargo, algunos miembros de la administración consideran que un acuerdo de inversión como ese podría ser un posible resultado de la reunión que Trump mantendrá con su homólogo chino en Pekín durante el mes de abril.
Un mercado muy protegido
La llegada de las competencia china a EE UU podría tener un duro impacto sobre los fabricantes de coches nacionales, sus cadenas de suministro y los consumidores. Los fabricantes chinos han ganado rápidamente cuota de mercado en Europa, México y Sudamérica con modelos de menor coste que incorporan baterías avanzadas para vehículos eléctricos y sistemas de infoentretenimiento. Además, reciben importantes subvenciones gubernamentales y pueden ofrecer tecnología a precios bajos, en parte porque toleran márgenes de beneficio y pérdidas reducidos, lo que les otorga una ventaja competitiva respecto a sus rivales occidentales.
Los comentarios de Trump en enero sorprendieron al sector en Detroit, que considera que las formidables barreras comerciales impuestas por EE UU mantendrían a los fabricantes de automóviles chinos fuera del país el tiempo suficiente como para permitirles alcanzar el liderazgo de China en vehículos eléctricos, baterías y otras tecnologías.
General Motors comunicó a la administración Trump que se opone a la entrada de China en el mercado, según fuentes cercanas. GM argumentó que las empresas existentes perderían cuota de mercado y que un flujo de piezas desde China podría tener un efecto devastador en los proveedores norteamericanos.
La oposición de GM refleja una opinión generalizada en el gabinete de Trump de que EE UU debería mantener a los fabricantes chinos fuera del mercado estadounidense. Si bien el presidente ha dicho que podría dar la bienvenida a empresas chinas si fabrican autos en el país, muchos miembros de su equipo se oponen a tal medida por razones económicas y de seguridad nacional. Farley también advirtió que los coches chinos de bajo coste y alta tecnología representan una “amenaza existencial”.
“Su precio y la calidad de sus coches son muy superiores a lo que veo en Occidente”, declaró Farley el verano pasado en el Festival de Ideas de Aspen, donde aseguró haber visitado China media docena de veces durante el último año. “Estamos en una competencia global con China y no se trata solo de vehículos eléctricos. Y si perdemos esto, no tenemos futuro en Ford”, añadió el máximo directivo de Ford. Al mismo tiempo, Ford se ha mostrado abierta a colaborar con empresas chinas.
Farley ha buscado asociarse con fabricantes de automóviles y baterías chinos para aprender de ellos, a la vez que desarrolla su propio vehículo eléctrico de bajo coste, que saldrá al mercado en 2027 y que pretende competir con BYD. La compañía, de momento, no está logrando que su división de eléctricos (llamada Ford Model e) le reporte beneficios, por lo que ha decidido dar marcha atrás a buena parte de sus inversiones en coches eléctricos, lo que le ha generado un impacto negativo en sus cuentas de 2025 por valor de 19.500 millones de dólares (unos 16.441 millones de euros al cambio actual).
En las últimas semanas, Ford mantuvo conversaciones con BYD para ampliar su colaboración en el suministro de baterías y exploró una colaboración de fabricación en Europa con Geely, marca china que está interesada en producir en las plantas que Ford tiene infrautilizadas en el Viejo Continente, como la de Almussafes (Valencia), que actualmente solo hace el Ford Kuga y está a la espera de un modelo multienergía en 2027. Por otro lado, la compañía del óvalo ha decidido dejar en manos de Renault la producción de dos modelos eléctricos asequibles para el mercado europeo, que se harán sobre la misma plataforma de producción que el Renault 5, el eléctrico de más éxito hasta el momento de la automovilística gala. Se prevé que lleguen al mercado a partir de 2028.
A su vez, Ford amplió un acuerdo de licencia con el gigante chino de baterías CATL. Una información reciente del Financial Times, que indicaba que Ford estaba considerando crear una empresa conjunta con Xiaomi para fabricar vehículos en EE UU, fue desmentida rotundamente por ambas empresas.