Cartas al director

La historia oficial

Ante el prepotente y omnipresente obstáculo de la historia oficial, que impide captar el pasado, somos bastantes los que nos preguntamos no sólo para qué sirve la historia, sino en esencia a quién sirve. Quiero insistir: encuentro más pistas entre creadores que entre académicos.Dice Isabel Allende, De amor y de sombra, mentando la cueva donde se enterraron las víctimas dé la dictadura chilena, que los soldados "usaron cargas de dinamita para borrar la mina del paisaje, pretendiendo eliminarla también de la historia"; mientras

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Ante el prepotente y omnipresente obstáculo de la historia oficial, que impide captar el pasado, somos bastantes los que nos preguntamos no sólo para qué sirve la historia, sino en esencia a quién sirve. Quiero insistir: encuentro más pistas entre creadores que entre académicos.Dice Isabel Allende, De amor y de sombra, mentando la cueva donde se enterraron las víctimas dé la dictadura chilena, que los soldados "usaron cargas de dinamita para borrar la mina del paisaje, pretendiendo eliminarla también de la historia"; mientras

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Ronald Wright encabeza su excelente Continentes robados con lapidaria sentencia de Samuel Butler: "Dios no puede alterar el pasado; los historiadores, sí". El estudiante del filme La historia oficial, de Luis Puenzo, endilga a la protagonista y profesora: "La historia la escriben los asesinos". En reseña en Babelia se sostenía que la historia no la escriben los vencedores, pero muchos historiadores suelen escribir sobre ellos. Precisaría: aquéllos suelen interesarse en exclusiva por los triunfadores de entre los ganadores, mientras menosprecian a los perdedores y ningunean a los vencidos.

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Aunque suficientes colegas también son contundentes, Fernanda Romeu Alfaro encabeza su libro diciendo: "Para que no olvidemos lo que somos, detengámonos hoy y recordemos, ya que vivimos en una sociedad construida sobre la mentira y la ambigüedad", y sería bueno evocar que políticos, banqueros, jerarcas eclesiásticos y demasiados historiadores son maestros del engaño. El estudioso del arte Ivan Gaskell es más incisivo: "Por historia entiendo el discurso elaborado por los historiadores y no el pasado"

Y por doquier nuevas referencias: para Gregorio Rosa Chávez, obispo de San Salvador, en denuncia de otra masacre, fines del 91, citada en Barricada: "Uno no puede aceptar que al mal se le llama bien, que a la mentira se le llame verdad, que a la injusticia se le llame justicia". Y, en contraste, la guinda: Karol Wojtyla, en nueva carta apostólica, compara la España republicana con la Alemania nazi o la Rusia soviética.- Miquel Izard.

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