Cartas al director

Atracos

Madrid, 12 de enero del 92.Dos amigos, de 13 y 14 años, van a un cine de la Gran Vía madrileña. Un drogadicto les sale al paso, con el mono, amenazándoles con el contagio del sida que padece y pidiéndoles todo lo que tengan. Son las seis de la tarde y están casi en la plaza del Callao. Ellos, con todo el miedo del mundo, le dicen que sólo llevan un capital de 1.000 pesetas cada uno, insuficiente, venga el reloj y el plumas.



Después de que el presunto ladrón les dejara con la conciencia democrática por los suelos, son socorridos por un buen samaritano en forma de so...

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Madrid, 12 de enero del 92.Dos amigos, de 13 y 14 años, van a un cine de la Gran Vía madrileña. Un drogadicto les sale al paso, con el mono, amenazándoles con el contagio del sida que padece y pidiéndoles todo lo que tengan. Son las seis de la tarde y están casi en la plaza del Callao. Ellos, con todo el miedo del mundo, le dicen que sólo llevan un capital de 1.000 pesetas cada uno, insuficiente, venga el reloj y el plumas.

Después de que el presunto ladrón les dejara con la conciencia democrática por los suelos, son socorridos por un buen samaritano en forma de soldado de la Cruz Roja, quien les acompaña a buscar ayuda en forma de pareja patrulla de la Policía Nacional. Ni caso. Increíble, ¿no?

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Son las seis de la tarde, en pleno centro, hace frío, y estamos en la capital europea de ... no sé muy bien qué. Por cierto, gracias a la Policía Nacional por su nula atención.-

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