Cartas al director

Flautista de Hamelín

Ignoro si el artículo aparecido el 1 de diciembre de 1987 en su periódico El flautista de Hamelin, en el Bernabéu es producto de una nueva concepción sobre la crítica musical o una tesis doctoral de psiquiatría musical o bien un producto parecido al burro que tocaba la flauta.No comparto en absoluto las ideas del señor Llavero, y además las considero peligrosas. Peligrosas en una persona que se dedica a la docencia (es catedrático de Psiquiatría) y que su palabra suele ser escuchada con mayor atención. Pone este señor que "...el espectador de música clásica permanece más íntegro, más en...

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Ignoro si el artículo aparecido el 1 de diciembre de 1987 en su periódico El flautista de Hamelin, en el Bernabéu es producto de una nueva concepción sobre la crítica musical o una tesis doctoral de psiquiatría musical o bien un producto parecido al burro que tocaba la flauta.No comparto en absoluto las ideas del señor Llavero, y además las considero peligrosas. Peligrosas en una persona que se dedica a la docencia (es catedrático de Psiquiatría) y que su palabra suele ser escuchada con mayor atención. Pone este señor que "...el espectador de música clásica permanece más íntegro, más enriquecido, con mayor lucidez de conciencia, más libre internamente y sin necesidad de manifestaciones histeroides". Bien, señor Llavero, ¿qué me diría usted sobre la música de Wagner (clásica), que alentó y alimentó los exquisitos refinamientos nazis, haciendo de esos hombres auténticos paladines justicieros, íntegros, etcétera?

No es lo único en lo que el señor Llavero toca la flauta desacertadamente. También habla sobre disonancias disarmónicas y ruidos de la música moderna, sin recordar que compositores como Bartok, Stravinski o Ravel también incursionaron por esos caminos sonoros, y particularmente en el tema de los decibelios, recordará usted la Obertura 1812, de Chaikovski, que en más de una ocasión ha sido interpretada con salvas de artillería.

Es triste que a cierta música la denominemos "clásica". La música es eso, música, que a algunos gustará, a otros no tanto. En la música cada uno busca la expresión de su sentir, la sintonía con su estado de ánimo, y si bien es cierto que determinados sonidos, combinaciones acústicas y ritmos afectan al comportamiento humano, me parece que su buen humor" para restringir la producción de mantequilla con conciertos de rock es más válido que ser llevados a una producción láctea idiotizante de bovinos en un concierto de música clásica.

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Una buena educación musical desde pequeños, sin tendencias estilistas, nos enseñaría a apreciar cada cosa en su momento. Un concierto de rock, de piano, de música ligera, un vals, o Julio Iglesias, tienen un instante más o menos adecuado.-

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