El estratega que esperó tres veces

El nuevo golpe de Estado en Nigeria, calificado por observadores de la escena africana como golpe de palacio, demuestra una vez más que la paciencia no es una virtud entre las fuerzas armadas nigerianas, las terceras en efectivos del continente africano (entre 110.000 y 120.000 hombres). Sin embargo, el nuevo presidente de la nación más poblada de África, general de división Ibrahim Badamasi Babangida, de la etnia hausa, ha esperado tres ocasiones para hacerse con el poder (1975, 1976 y en 1983).

Su ocasión más clara fue en el golpe que derrocó al presidente Sheliu Shagari, e...

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El nuevo golpe de Estado en Nigeria, calificado por observadores de la escena africana como golpe de palacio, demuestra una vez más que la paciencia no es una virtud entre las fuerzas armadas nigerianas, las terceras en efectivos del continente africano (entre 110.000 y 120.000 hombres). Sin embargo, el nuevo presidente de la nación más poblada de África, general de división Ibrahim Badamasi Babangida, de la etnia hausa, ha esperado tres ocasiones para hacerse con el poder (1975, 1976 y en 1983).

Su ocasión más clara fue en el golpe que derrocó al presidente Sheliu Shagari, el 31 de diciembre de 1983, cuando el Consejo Supremo Militar, compuesto de 14 miembros, le ofreció la presidencia de la República. Babangida decidió entonces prestar su apoyo a la candidatura del general Buhari y ocupar un segundo puesto como jefe del Estado Mayor del Ejército.

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Nacido, como muchos de sus colegas, de la cúpula militar en el norte mulsulmán, Babangida recibió una educación militar occidental. Tras graduarse en 1963 en el Colegio Militar de Nigeria, Babangida, de 44 años, se traslada a la India, donde pasó un año en su academia militar. Luego se trasladó al Real Centro de Vehículos Acorazados, en el Reino Unido, donde pasó otro año antes de realizar un curso de especialización en la academia del Ejército norteamericano.

La fama de Babangida en su país se inicia con la guerra secesionista de Biafra entre 1967 y 1970, donde se gana ascenso tras ascenso por su bravura y concepción estratégica. Su popularidad con sus soldados se acrecienta en 1976, durante el intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente, coronel Bukar Dimka, cuando, solo y desarmado, se dirigió a una emisora de radio capturada por los sublevados y les convenció para que depusieran las armas.

Considerado hasta ahora como un soldado profesional, sin ambiciones políticas, el nuevo jefe del Estado nigeriano es calificado por sus amigos como persona de carácter abierto y amante del fútbol, el ciclismo y el golf.

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