Encierro de afectados por el embalse de Portomouros

Vecinos de los cuatro municipios que se encuentran afectados por el embalse de Portomouros, en los límites de las provincias de La Coruña y Pontevedra, iniciaron ayer la ocupación del túnel que conduce a la sala de máquinas como protesta por el hecho que nadie atienda su petición de que se construya un puente que restituya las antiguas comunicaciones cortadas por el pantano de Fenosa.La decisión de concentrarse en las inmediaciones del embalse hasta que las empresas y las autoridades atiendan debidamente sus reiteradas peticiones sobre el puente fue tomada por representantes de los municipios ...

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Vecinos de los cuatro municipios que se encuentran afectados por el embalse de Portomouros, en los límites de las provincias de La Coruña y Pontevedra, iniciaron ayer la ocupación del túnel que conduce a la sala de máquinas como protesta por el hecho que nadie atienda su petición de que se construya un puente que restituya las antiguas comunicaciones cortadas por el pantano de Fenosa.La decisión de concentrarse en las inmediaciones del embalse hasta que las empresas y las autoridades atiendan debidamente sus reiteradas peticiones sobre el puente fue tomada por representantes de los municipios de Vila de Cruces, A Golada, Santiso y Arzúa poco después de que fracasaran de nuevo las negociaciones intentadas con los directivos de Fenosa.

Julián Trincada, director general de la empresa que explota el pantano, comunicó a los afectados que van a ser atendidas todas las reivindicaciones que presenta menos la construcción del deseado puente sobre el río Ulla. Fenosa compró a Moncabril la explotación hidroeléctrica de Portodemouro hace varios años y considera ahora que no tiene responsabilidad alguna sobre las comunicaciones cortadas.

Por el contrario, los vecinos dicen que el funcionamiento del embalse es ilegal, en base a una resolución de la Dirección General de Obras Hidráulicas, del 21 de noviembre de 1962, en la que se reconocía que habían sido repuestos todos los servicios públicos interrumpidos por las aguas. Vecinos de numerosas parroquias que antes pasaban de un lado a otro del río haciendo un recorrido máximo de dos kilómetros se ven obligados ahora a dar una vuelta de cuarenta para acudir a una de sus fincas, por ejemplo.

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