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Primero, un paso; después, el resto

La periodista Adriana Herreros reflexiona en un ensayo sobre las ventajas de andar por andar

Portada del libro 'Andar por andar', de Adriana Herreros.

Desde que los móviles pasaron a ser el centro de nuestras vidas la relación con el entorno cambió de forma radical. Ya no hay, por ejemplo, que ir a buscar la información a ningún sitio: llega ella directamente a tu bolsillo. Puede hacerlo a través de las redes sociales, de un wasap o de un boletín al que te hayas suscrito. Pero es que incluso cuestiones tan consuetudinarias como el desp...

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Desde que los móviles pasaron a ser el centro de nuestras vidas la relación con el entorno cambió de forma radical. Ya no hay, por ejemplo, que ir a buscar la información a ningún sitio: llega ella directamente a tu bolsillo. Puede hacerlo a través de las redes sociales, de un wasap o de un boletín al que te hayas suscrito. Pero es que incluso cuestiones tan consuetudinarias como el despertarse o el caminar han encontrado su acomodo en los dispositivos móviles. Hoy es muy común que las personas midamos el número de pasos dados durante el día y que intentemos alcanzar una cifra que se considere saludable —que si ocho mil, que si diez mil— y que cuente como el deporte del día —aunque se hagan mirando el móvil—. El asunto es que esos pasos, la mayoría de las veces, se dan con un objetivo diferente al mero hecho de caminar. Y eso le resta al paseo algunas de sus principales virtudes: las sensaciones que genera, la capacidad de descubrir lugares y detalles con los que sorprenderse o el sencillo placer de llevar a cabo una actividad y hacerlo de una forma consciente.

Andar por andar (Debate) es un ensayo escrito por la periodista Adriana Herreros en el que reflexiona sobre el acto de caminar y todo lo que implica. Desde una perspectiva ilustrada, Herreros se acerca al garbeo como una manera de rebelarse, una expresión artística o un método para conectar con el entorno. Ofrece, además, una interesante perspectiva histórica sobre un gesto tan ordinario que solo recupera su verdadera magnitud cuando se pierde la capacidad de llevarlo a cabo. Caminar es una manera de llegar a los sitios, pero también una forma de entenderlos y de comprendernos a nosotros mismos —ahí es nada—; es un deporte bueno para el corazón, para los músculos, para los huesos y para reducir la ansiedad. Una contestación tranquila a la imperiosa necesidad de productividad del sistema que empieza con el sencillo consejo que en su día le dio su abuelo Román a la autora: primero, un paso; después, el resto.

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