Devuélvanme el crucigrama
La renovación de la plataforma de juegos ha enfadado a aquellos lectores que pensaban que estos formaban parte de su abono
El crucigrama es un elemento primordial en un periódico y, para muchos lectores, una cita insustituible diaria. Por eso, cada vez que hay un mínimo cambio en la sección de pasatiempos (así se llama en la edición de papel) o juegos (como se denomina en la web), las protestas arrecian. Ocurrió tras los últimos rediseños del papel y de la aplicación y se ha repetido en las últimas semanas, después de la actualización de la plataforma digital de juegos, que desde el pasado 16 de abril ha dejado de estar abierta a todos los lectores.
“Soy seguidora de vuestros crucigramas desde hace mucho tiempo y me ha decepcionado ver que ahora han pasado a ser exclusivos para suscriptores”, escribe Julia Luján. “Entiendo que las cosas cambien, pero me parece una lástima que se pierda este espacio abierto para los lectores de siempre”.
“Me encuentro con la muy desagradable sorpresa de que, al parecer, los crucigramas pasan a ser de suscripción aparte”, se queja José Hernando. “Quiero expresarles mi más profundo disgusto e indignación. A este paso, la suscripción solo nos va a servir para leer los titulares”.
“¿Cómo es posible que de la noche a la mañana y sin avisar hayan quitado el acceso a los pasatiempos? ¿No nos cobran ya lo suficiente como para tener que pagar adicionalmente tres euros al mes por los crucigramas?”, protesta Jorge Thomas, en uno de entre la treintena de correos que han llegado a mi buzón.
Hasta ahora cualquier lector, incluso sin suscripción, podía acceder a la plataforma de juegos de elpais.com, donde, como se financiaba con publicidad, antes de cada partida era obligatorio ver al menos un anuncio. Esto resultaba muy molesto para muchos suscriptores, que de forma reiterada habían solicitado al periódico que se quitara. “No deja de sorprenderme la publicidad molestísima e invasora a la hora de cargar mi pasatiempo diario. ¿Sería posible suprimirla, al menos, para los suscriptores?”, reclamó Félix Cambra.
También Fernando Puig-Samper, entre otros muchos: “Vas a hacer un crucigrama, un anuncio. Lo terminas y quieres hacer otro, pues otro anuncio. Es desalentador”.
Para atender esta demanda, este mes se han retirado los vídeos de los cuatro crucigramas de autor (Experto, Tarkus, Mambrino y Mini) y estos se han integrado en las suscripciones premium y de papel. A la vez, se ha creado un modelo de abono específico a la página de juegos por tres euros al mes, también sin anuncios. El resto de los pasatiempos, como el sudoku o la palabra secreta, permanecen abiertos a todos los lectores, con publicidad.
El cambio forma parte de un rediseño completo de la sección de juegos, con una mejora de la navegación y novedades como una hemeroteca con los pasatiempos del último año, que con el tiempo irá ampliándose. “Nuestra prioridad ha sido siempre ofrecer la mejor experiencia posible. Conocemos bien a nuestros jugadores: son una comunidad muy especial, agradecida, fiel y exigente, con sus rituales y sus juegos y crucigramistas favoritos”, explica Cristina de Diego, directora de márketing digital, quien esboza el objetivo final: “Invertir en una sección más grande, más cuidada y con mejores contenidos, y reducir la publicidad más intrusiva”. Antes de fin de año, prosigue, llegarán otras novedades, como juegos compartidos y nuevos retos.
La renovación ha tenido una buena acogida, con un incremento en las suscripciones, pero también ha enfadado a quienes pensaban que estos crucigramas formaban parte de su abono y ven un cambio en las condiciones a mitad de contrato. “Todo el equipo ha leído cada una de las sugerencias y peticiones que han llegado estos días. Todas. Nos importan y nos ayudan a construir la sección que los lectores merecen”, dice De Diego. “Entendemos que el cambio genera preguntas. Seguiremos atentos a cómo evolucionan los lectores con él, y si nos hemos equivocado, no tendremos ningún problema en dar marcha atrás. Pero confiamos en que, cuando los lectores vean hacia dónde vamos, reconocerán que esta decisión estaba al servicio de algo que todos queremos: que la sección de juegos siga creciendo”.
El hecho de que convivan varias modalidades de lectores dificulta que se puedan satisfacer todas sus demandas, que no suelen coincidir. Por eso, resulta lógico que el periódico dé prioridad a quienes están abonados por su mayor implicación. Los suscriptores tenían razón al exigir que se incluyeran los crucigramas sin anuncios como parte de la prestación, pero solo han sido atendidos los premium y no se ha mimado a quienes contrataron el paquete digital básico.
Estos últimos forman uno de los pilares del sistema de suscripciones, porque, en muchos casos, se trata de veteranos lectores que acudieron a apoyar a EL PAÍS cuando en 2020, en plena ola de covid, levantó su muro de pago. De ahí que resulte una desconsideración que se les equipare en el trato con quienes ni siquiera están abonados.
Tampoco ha sido óptima la comunicación, porque el nuevo sistema comenzó a funcionar un jueves y hasta el domingo siguiente el periódico no informó de ello en una noticia. El lector se encontraba al activar los juegos con una nota explicativa, donde también se le avisaba de que ya no podía entrar a los crucigramas sin la nueva suscripción. Habría sido deseable un periodo de prueba, como cuando se creó el abono premium, que permitiera tomar la decisión tras comprobar que, efectivamente, el modelo de juegos ha cambiado.
Un periódico es un negocio muy sensible que se sustenta en la conexión de sus lectores con la cabecera a través de una concepción intelectual, que abarca la información, la opinión y el entretenimiento, con un gran peso de la confianza y las relaciones emocionales. Esto último no debería soslayarlo ninguna estrategia comercial. La mejor fórmula para reparar la desafección que estos suscriptores relatan sería tener un detalle que reconozca su fidelidad. Y ahora que se cumplen los primeros 50 años de EL PAÍS es justo recordar que un periódico no se entiende sin el crucigrama.
Para contactar con la defensora puede escribir un correo electrónico a defensora@elpais.es o enviar por WhatsApp un audio de hasta un minuto de duración al número +34 649 362 138 (este teléfono no atiende llamadas).