Los insoportables anuncios emergentes
Los lectores han tenido que soportar publicidad invasiva en la edición digital de EL PAÍS por un fallo técnico que aún está bajo análisis
“Desde hace unas semanas me aparece publicidad de Amazon Prime con ventanas emergentes que me impiden una lectura satisfactoria de las noticias”, se queja la lectora María José Leiva en un correo. “Suelo entrar por la app, pero me ocurre igual entrando por el sitio web del EL PAÍS”. El mismo problema lo ha sufrido Alberto López de Guereñu, quien considera que se trata de publicidad agresiva: “El desarrollo está hecho de tal manera que ocupa una pantalla exacta del teléfono y que, al tocar para desplazarte, se abre el anuncio. Algo así como caer en una trampa. Debido al formato del anuncio es difícil escapar, aunque estés en alerta”.
“Entiendo perfectamente que para poder mantener la gran infraestructura que conlleva seguir informándonos a los lectores necesitan hacer uso de la publicidad, el problema radica en obligarnos a leerla de forma dictatorial”, añade Antonio Mira. “Cuando leo el periódico en la web, tengo que ir ensanchando y estrechando ventanas para eliminar la publicidad que me impide leer las noticias; pero en la app del móvil me es imposible, pues al ir subiendo con el dedo la página para seguir leyendo, cuando toco sin poder evitarlo cualquier fragmento de publicidad, automáticamente me lleva a la página del anunciante y tengo que ir jugando malabares para acabar la noticia”.
“La cada vez más opresiva presencia de la publicidad hace más y más difícil la lectura del periódico”, se lamenta también Javier Fernández. “Me pregunto si no sería posible moderar las ansias de mejora de los resultados económicos y pensar algo más en la comodidad del lector”.
Han llegado tantos correos similares desde diciembre que su contenido permitiría llenar dos artículos como este. La situación que describen esos mensajes vulnera un derecho básico de los lectores —acceder sin obstáculos al contenido del periódico— y por ello merece una explicación:
Error técnico. La directora general comercial del grupo PRISA, Mariana Langone, aclara que lo ocurrido no ha sido intencionado, sino producto de un fallo técnico en estos anuncios. Por eso, añade, ya se han tomado las medidas necesarias para frenarlo, aunque a finales de esta semana aún llegaban quejas.
Funcionamiento. La web de EL PAÍS tiene una serie de posiciones publicitarias limitadas que se ofrecen a los anunciantes. Una vez que el equipo comercial del grupo PRISA coloca estas cuñas, en los espacios que no se han vendido se da acceso a publicidad automatizada, que proporcionan diversas plataformas publicitarias. Una de ellas es la de Amazon, que es donde se ha producido el error. Langone explica que se trata de un fallo en la frecuencia de los anuncios, que se ha detectado ya, pero que todavía requiere de un análisis en profundidad para determinar lo ocurrido. Mientras tanto, lo que ha hecho el equipo comercial ha sido parar la conexión con dicha plataforma hasta solucionar el fallo.
Suscriptores. Algunos suscriptores, como Sonsoles García de Arellano, se han quejado de que les hayan llegado estos anuncios de baja calidad, pese al coste que asumen. “Estoy observando que están incluyendo publicidad dinámica”, afirma en un correo. “Mi suscripción me debería mantener a salvo de estas prácticas”. Por lo mismo ha escrito Juanjo Cukier: “Existe una expectativa legítima de una experiencia de lectura razonable, no disruptiva y claramente diferenciada de la de un usuario no suscrito. El formato publicitario descrito no solo degrada esa experiencia, sino que la hace, sencillamente, inaceptable”.
Calidad. El compromiso del periódico con los suscriptores incluye un modelo de calidad en la publicidad. Para ello existen filtros en la selección de anuncios para que los abonados no reciban determinadas campañas. Por ejemplo, hay límites en el número de anuncios que les llegan, en el tipo de anunciante o en el precio. De esta forma, se evita que accedan a los suscriptores las empresas que pagan menos por salir y tienen promociones menos trabajadas.
Abono. La diferencia entre lo que recibe un lector que paga un abono y otro que no está suscrito es importante. La principal es que a los primeros solo les debería llegar la publicidad vendida por el equipo comercial y en ningún caso la que sirven con algoritmos las grandes plataformas de anuncios o la publicidad programática (los anuncios personalizados en función de búsquedas en Internet y las cookies que se aceptan al navegar entre portales). Esto debería ofrecer una navegación mejor a aquellos lectores que pagan por los contenidos, cosa que no ha ocurrido en este caso.
Conclusión. El compromiso de EL PAÍS con su audiencia exige una vigilancia constante de dicha experiencia de lectura. Los fallos técnicos son inevitables, pero la rapidez en detectarlos y solucionarlos debe ser una prioridad. No ha sido así: el primer aviso llegó en diciembre y no se ha solucionado hasta que, semanas después, muchos lectores ya habían perdido la paciencia.
Resulta vital reforzar estos mecanismos de control de calidad porque cualquier fallo, aunque sea ajeno al periódico, repercute en su reputación. Por culpa de estos anuncios invasivos, los lectores han sentido estas semanas que la web o la aplicación funcionaban peor que la de otros medios y eso ha sido decepcionante.
A todos los que han avisado de los fallos de forma constructiva y han compartido su experiencia, una vez más, les doy las gracias.
Para contactar con la defensora puede escribir un correo electrónico a defensora@elpais.es o enviar por WhatsApp un audio de hasta un minuto de duración al número +34 649 362 138 (este teléfono no atiende llamadas).