Análisis

Así es imposible avanzar

Las reacciones a la suspensión de la visita de Jonan Fernández a Rafa Díaz Usabiaga confirman que el entendimiento sobre paz es imposible

Las antagónicas reacciones de la clase política al insólito cortocircuito de la conversación en una cárcel entre Jonan Fernández y Díaz Usabiaga confirman principalmente y con elocuente desazón que el entendimiento sobre paz y convivencia es imposible en Euskadi tras el final de ETA. 

Más allá de un apremiante interés electoral resulta difícil de asumir que a estas alturas de la vida política vasca algún representante de sus instituciones considere en su fuero interno que el anterior secretario general de LAB es un terrorista. Le asistirá la razón de la sentencia, sin duda, pero le dela...

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Las antagónicas reacciones de la clase política al insólito cortocircuito de la conversación en una cárcel entre Jonan Fernández y Díaz Usabiaga confirman principalmente y con elocuente desazón que el entendimiento sobre paz y convivencia es imposible en Euskadi tras el final de ETA. 

Más allá de un apremiante interés electoral resulta difícil de asumir que a estas alturas de la vida política vasca algún representante de sus instituciones considere en su fuero interno que el anterior secretario general de LAB es un terrorista. Le asistirá la razón de la sentencia, sin duda, pero le delatará su escaso entusiasmo por agotar hasta el límite el diálogo entre diferentes.

Bien es cierto que Jonan Fernández no consigue atraer por más de un error la unanimidad —más bien al contrario— que ciegamente pretende el lehendakari Urkullu en tan estratégico puesto, pero sería injusto no reconocer el desgaste que le supone buscar mínimos puntos de encuentro como procuraba en el Dueso. Es democráticamente desalentador que el Parlamento vasco vuelva a quebrarse en dos bloques —eso sí, de diferente tamaño— por sus desavenencias sobre cómo adecuar los ritmos de la paz y la convivencia en una sociedad rasgada por el sufrimiento de tanta violencia. Tras demasiados años en que las pistolas y las bombas quisieron acallar la palabra sin lograrlo, aunque con demasiada sangre derramada, sería imperdonable que el interés político abortara la ilusión y el derecho de avanzar hacia un futuro en plena libertad.

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