La mancha de $Libra no se va
El escándalo por la difusión de la criptomoneda se volvió el pecado original de un presidente que se comparaba con Moisés
Hay manchas en la vida que manchan dos veces. Manchan cuando ocurren y manchan cuando intentamos borrarlas, como ahora lo sabe y lo padece el presidente argentino Javier Milei. Lleva, hoy, un año intentando quitarse de encima la mancha del “caso $Libra”, pero cuanto más intenta despegarse aplicando prácticas de la más rancia “casta”, más evidente resulta la mácula.
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Hay manchas en la vida que manchan dos veces. Manchan cuando ocurren y manchan cuando intentamos borrarlas, como ahora lo sabe y lo padece el presidente argentino Javier Milei. Lleva, hoy, un año intentando quitarse de encima la mancha del “caso $Libra”, pero cuanto más intenta despegarse aplicando prácticas de la más rancia “casta”, más evidente resulta la mácula.
$Libra comenzó a mancharlo la noche de San Valentín del año pasado, cuando Milei difundió el “contrato” para comprar ese criptoactivo en su cuenta de la red X. En cuestión de minutos, la valuación del “memecoin” superó los 4.000 millones de dólares para luego derrumbarse, lo que provocó que miles perdieran dinero y unos pocos ganaran fortunas.
Doce meses después, sabemos hoy que los involucrados se movieron con información privilegiada —”insider trading”—, que actuaron de manera coordinada para extraer más de 100 millones de dólares —un “rug pull”, en la jerga—, y que el rol de Milei no fue casual, ni mucho menos.
En los días que siguieron, ya manchado, el Presidente intentó despegarse. Empezó con una entrevista preparada en la que digitó las preguntas y editó sus respuestas, y aun así comparó a los inversores –a los que él había convocado a invertir en la economía real argentina- con apostadores de casino. “Si perdés plata, ¿cuál es el problema?”, desafió.
Durante esa entrevista, además, mintió. Afirmó que sólo copió de internet el “contrato” necesario para comprar $Libra y lo posteó en X. Pero expertos informáticos convocados por el Congreso determinar que ese código de 44 números y letras mayúsculas y minúsculas no estaba disponible en la red cuando Milei tuiteó.
Expuesta la mentira, surgieron preguntas: ¿Cómo accedió el Presidente al “contrato”? ¿Quién se lo facilitó? ¿Por WhatsApp u otra plataforma digital? ¿Por e-mail? ¿Se lo dictó por teléfono? No lo sabemos. Sí sabemos que los impulsores de $Libra, el estadounidense Hayden Davis, y los argentinos Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy, estaban reunidos en un hotel de Dallas al momento del lanzamiento y que uno de ellos se comunicó con el jefe de Estado.
Sabemos mucho más. Por ejemplo, que segundos antes y 42 minutos después de reunirse con Milei en la Casa Rosada, el 30 de enero de 2025 —quince días antes de lanzar $Libra— Davis transfirió 3,9 millones de dólares desde una billetera virtual a otra controlada por Terrones Godoy, que redireccionó parte de esos fondos a otras billeteras cuyos beneficiarios finales continúan en las sombras.
Sabemos, además, que Davis entró en al menos tres veces a la Casa Rosada con la venia de la hermanísima Karina Milei; que luego se jactó ante colegas del mundo cripto de enviarle dinero a ella y que, por eso, el Presidente hacía lo que él quería, y que a fines de noviembre de 2024 festejaron en Buenos Aires que Milei les había “firmado todo” .
Todo eso y más lo sabemos gracias a investigaciones periodísticas, al trabajo de expertos informáticos, la comisión investigadora del Congreso, a los abogados querellantes ante la Justicia argentina y a lo la demanda colectiva que tramita en Estados Unidos. El Poder Judicial argentino, en cambio, honró su reputación: se abocó más a proteger al poder que a esclarecer los hechos.
La Casa Rosada no fue inocente en todo esto. Mientras Milei acusa a sus rivales de integrar la “casta” que hundió a la Argentina durante las últimas décadas, por debajo de los radares aplicó varias de sus prácticas para evitar que la verdad saliera a la luz. Así, emisarios de Milei contactaron a Davis para apaciguarlo, evitar que se presentara como arrepentido ante la Justicia y coordinar los pasos a seguir ante la prensa y los tribunales. Otros contactaron a los abogados de querellantes para sondear un posible acuerdo: indemnizarlos a cambio de que despegaran al Presidente.
El Gobierno intentó también impedir la creación de la comisión investigadora en el Congreso y, cuando se constituyó, boicotearla. Funcionarios clave como la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el ministro de Justicia se negaron a comparecer, y organismos como la Oficina Anticorrupción se negaron a entregar información.
Sin embargo, aún si Milei lograr dejar atrás la investigación penal, los 100 millones de dólares del escarnio siguen sin aparecer y la mancha no se irá. Otros presidentes ya lo vivieron: los Kirchner fueron sobreseídos por enriquecimiento ilícito, pero el juez confesó luego que un operador lo había agarrado “del cogote” para que firmara la impunidad. Mauricio Macri fue exculpado por la Justicia del espionaje ilegal durante su gestión, pero esa sombra lo persigue a donde vaya. Y Alberto Fernández cerró con una multa la causa penal por la fiesta que celebró en Olivos en plena cuarentena, aunque arrastrará ese oprobio hasta su tumba.
Así, Milei puede negarlo todo sobre $Libra y salir indemne en los tribunales argentinos como suele ocurrir con los poderosos. Pero acumula demasiadas explicaciones pendientes. El caso $Libra se volvió el pecado original de un presidente que se comparaba con Moisés y que pretendía ser moralmente superior.
La mancha no se va.