Qué envidia ‘Cochinas’
Nuestros amigos hacen series y películas que tienen la manía de querer enseñarnos. Es terrible cuando sus obras son malas porque tienes que lidiar con su mediocridad. Es aún peor cuando son buenas porque tienes que lidiar con la tuya
Por si no tuviéramos bastante con la inestabilidad, la precariedad y las veleidades de un sector caprichoso e ingrato, cada cierto tiempo los trabajadores del audiovisual nos tenemos que enfrentar a una vicisitud profesional añadida: los estrenos de los amigos.
Nuestros amigos hacen series, películas, cortometrajes, que tienen la manía de querer enseñarnos. Es terrible cuando sus obras son malas porque tienes que lidiar con su mediocridad. Es aún peor cuando son buenas porque tienes que lidiar con la tuya. Por supuesto, la amiga nunca eres tú. Jamás pones a nadie en un compromiso cuand...
Por si no tuviéramos bastante con la inestabilidad, la precariedad y las veleidades de un sector caprichoso e ingrato, cada cierto tiempo los trabajadores del audiovisual nos tenemos que enfrentar a una vicisitud profesional añadida: los estrenos de los amigos.
Nuestros amigos hacen series, películas, cortometrajes, que tienen la manía de querer enseñarnos. Es terrible cuando sus obras son malas porque tienes que lidiar con su mediocridad. Es aún peor cuando son buenas porque tienes que lidiar con la tuya. Por supuesto, la amiga nunca eres tú. Jamás pones a nadie en un compromiso cuando invitas a tus estrenos, solo estás compartiendo el humilde fruto de tu esforzado trabajo.
Estas chanzas me las invento para divertirles porque mi realidad es mucho más prosaica y aburrida: los éxitos de mis amigos los hago míos y sus fracasos también. Gozo los primeros y sufro los segundos, no hay más. En todo esto pensaba el jueves pasado, mientras disfrutaba del estreno de Cochinas (Prime Video), serie creada por Irene Bohoyo y mi amigo y a veces compañero Carlos del Hoyo. Irene y Carlos se han tirado más de dos años a vueltas con una serie que es mucho más compleja de lo que puede parecer. Habría sido muy fácil quedarse en la anécdota y en los chistes fáciles a los que puede dar lugar la premisa —ama de casa conservadora acaba regentando videoclub X en el Valladolid del 98—, pero decidieron ir mucho más allá utilizando el porno como caballo de Troya de la sexualidad y sus vicisitudes a la vez que le dan la vuelta como un calcetín para convertirlo en objeto de una crítica más que pertinente. Y todo ello desde la comedia y sin perder el costumbrismo.
En este camino les ha ayudado mucho contar con unos productores valientes (Eneko Gutiérrez y Aritz Cirbián), una de las mejores ejecutivas españolas de plataforma (Adriana Izquierdo) y tres directoras que han captado el espíritu de la serie y lo han hecho crecer (Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago). Por no hablar de un reparto para llevárselo a casa, encabezado por una siempre estupenda Malena Alterio, donde, además de ella, brillan especialmente Celia Morán y Raquel Pérez. Pero que los aciertos y los éxitos en este negociado sean siempre fruto de un esfuerzo colaborativo no le resta valor a cada uno de sus integrantes. Al contrario: les añade el del trabajo en equipo. En fin, qué desgraciados, qué envidia, ¿mediocre yo? ¡No vuelvo a un estreno!