‘The Death of Bunny Munro’ o el talento de Nick Cave
Es una estupenda serie con unos estupendos actores en la que se entremezclan la ternura y la inmadurez
La ventaja de ser un ignorante es que aumenta la posibilidad de ser sorprendido favorablemente cada dos por tres. Las desventajas son, naturalmente, también muchas, pero esa es otra historia.
Esto viene a cuento tras contemplar los seis capítulos de The Death of Bunny Munro (SkyShowtime), la serie que adapta la novela del polifacético australiano ...
La ventaja de ser un ignorante es que aumenta la posibilidad de ser sorprendido favorablemente cada dos por tres. Las desventajas son, naturalmente, también muchas, pero esa es otra historia.
Esto viene a cuento tras contemplar los seis capítulos de The Death of Bunny Munro (SkyShowtime), la serie que adapta la novela del polifacético australiano Nick Cave que compone canciones, las canta y escribe novelas con una calidad que bordea lo insultante, como bien señaló en su día Irvine Welsh, Mr. Trainspotting: “Mezcle a Corman McCarthy, Franz Kafka y Benny Hill en una pensión en Brighton y obtendrá Bunny Munro”, lo que demuestra el aprecio que siente por la novela de Cave y su personal gusto por los excesos.
En realidad, la serie es un irresistible descenso a los infiernos de Bunny Munro, un excelente Matt Smith, tras el suicidio de su esposa después de sufrir una larga y dolorosa depresión en la que las continuas infidelidades de su marido han sido las reinas de la casa.
Pero Bunny Munro no recorrerá su camino autodestructivo solo. Se llevará de compañero de viaje a su hijo de nueve años, Bunny Jr., el también excelente, incluso inquietante, Rafael Mathé, con una mirada que por momentos recuerda, salvando las distancias, a la de Ana Torrent de El espíritu de la colmena, con lo que a la evidente inmadurez del protagonista se une su lamentable concepto de la paternidad.
Y si algo está claro al contemplar y comentar The Death of Bunny Munro es que estimula lo excesivo, a favor o en contra: o se ve de un tirón o no se pasa del primer capítulo de las correrías de un adicto al sexo, vendedor de cosméticos a domicilio, con un tupé espectacular y padre desastroso que recorre el sur de Inglaterra en una especie de fuga hacia adelante acompañado de un hijo que acepta el destino de perdedor con ejemplar entereza. Todo ello narrado con un estilo visual próximo al mejor David Lynch, sobre todo en el último capítulo, en el que tiene un pequeño y gracioso papel el propio Nick Cave y que formalmente recuerda a alguna secuencia de la inolvidable Twin Peaks.
En resumen: una estupenda serie con unos estupendos actores en la que se entremezclan la ternura y la inmadurez sin grandes sobresaltos y basada en el talento de un rockero australiano que cuida su bigote.