‘El show de Los Muppets’ regresa 50 años después con Sabrina Carpenter, muchos ‘teleñecos’ y nostalgia bien entendida
Disney+ estrena un especial de cuyo éxito dependerá la continuación de este mítico programa de variedades presentado por la rana Gustavo
Los Teleñecos, creados por Jim Henson en los setenta, ya no se llaman así. Ahora, también en España, se les conoce con su nomenclatura en inglés: los Muppets. Eso, por suerte, es de lo poco que ha cambiado en el flamante regreso de El Show de los Muppets a Disney+, un episodio especial con la cantante Sabrina Carpenter como invitada y sin tocar un ápice de lo que hizo especial a este programa de variedades hace 50 años.
Es posible que en 2026 muñecos de felpa como la rana Gustavo, Peggy, Gonzo o Fozzie suenen añejos. Lo son, pero tampoco en los setenta era habitual tener en horario adulto un programa protagonizado por marionetas que mezclara música, humor y algunos de los rostros más famosos del mundo del espectáculo. En estas cinco décadas, y tras varios éxitos de cine, los herederos de Henson solo habían dado bandazos para modernizar el concepto, pero Disney no acababa de encontrar la fórmula para respetar el concepto y volver a atraer a todo tipo de audiencias. Pues bien, los productores Seth Rogen y Evan Goldberg (promotores de The Studio o The Boys) han entendido que no tenían que hacer nada para actualizarlos al siglo XXI, simplemente respetar el concepto que creó Henson. Sin nostalgia forzada ni guiños para los fans, solo replicando lo que ya se había hecho bien, ahora con nuevas canciones y números. Porque, aunque les haya costado tiempo entenderlo, si algo está bien, mejor no cambiarlo.
El nuevo show de los Muppets comienza con la rana Gustavo poniendo en orden su teatro. La cabecera y la música son las mismas, y también los personajes. Sabrina Carpenter tiene un encontronazo con Peggy, que le acusa de robar su actitud, antes de cantar Manchild rodeada de gallinas. Le siguen sketches de Gonzo o los científicos, adorables y totalmente naif como lo eran entonces, y otro con Rizzo y el resto de las ratas cantando Blinding Lights, de The Weeknd. Hay, además, cameos de Seth Rogen y Maya Rudolph. El broche de oro lo ponen Carpenter y Gustavo cantando a dúo Islands in the Stream, de los Bee Gees, en un número que ha sido lo más viral de este espectáculo. Media hora de puro entretenimiento, lleno de momentos televisivos, creatividad y música. Un programa de los de antes, meditado, bien editado y rápido.
El final tiene, además, su propia lógica. Todo acaba con un número grupal del Don’t Stop Me Now de Queen. Ese “no nos paréis ahora” es un grito directo a Disney (que nunca ha sabido utilizar estos personajes demasiado bien), que de momento solo ha aprobado un programa a la espera de que las audiencias funcionen y el experimento siga. Otra vez, un show que apela a la televisión de antaño con sus pilotos de prueba. Las audiencias en la televisión lineal de ABC fueron aceptables, y en su plataforma sigue entre los primeros puestos, pero serán los ejecutivos quienes, una vez más, tengan que decidir si los Teleñecos son aptos para este 2026, cuando los programas de variedades son un formato demasiado caro para una televisión sin originalidad ni brillo que solo quiere ahorrar. En ese aspecto, los Muppets siempre fueron rompedores.
Henson imaginó a sus creaciones cuando viajó a Praga y vio allí que los adultos también podían divertirse con este tipo de arte. Después de crear Barrio Sésamo, no quería que sus Muppets se encasillaran como solo para niños. Su objetivo era crear algo experimental y valiente con capas para todas las audiencias. Así, en 1976, nació El show de los Teleñecos, un programa de variedades con un piloto titulado Sexo y drogas casi como provocación para atraer a los adultos. Eso sí, seguían apareciendo pingüinos cantarines y monstruos acróbatas. En cinco años de éxitos, el estudio se llenó de estrellas como Liza Minnelli, Johnny Cash, Julie Andrews, el reparto de Star Wars o cualquiera que estuviera cerca del estudio londinense. Hoy, los creativos pueden tirar de estrellas como Lady Gaga o Bad Bunny, que se sentirían como peces en el agua en este reconvertido teatro. Al éxito de antaño, le siguió una confianza en Henson que dio obras maestras como Dentro del laberinto y Cristal oscuro, que pese a fracasar en taquilla se hicieron de culto, y la confianza de que esta manera de ver el mundo podía funcionar.
En un tiempo de la desesperanza y el pesimismo, donde las redes se sienten más que nunca como los viejos criticones del palco Statler y Waldorf, no hay mejor fórmula de optimismo que ver a unas marionetas cantando, haciendo chistes y pasándoselo bien. Porque, pese a tener 50 años, el mundo necesita a los Teleñecos, los Muppets, o como el público quiera llamarlos. Ellos, además, al contrario que Malcolm, Dexter o Buffy, no envejecen. No necesitan bótox ni filtros de rejuvenecimiento impuestos por la industria, porque en este tiempo solo les ha cambiado la voz.