La moda sostenible entra en el armario

En 15 años la producción mundial de ropa se ha duplicado. Su uso, en cambio, se ha reducido a la mitad. Solo el 20% de los residuos textiles se reciclan. ¿Qué hacer para que la economía circular tenga más peso?

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La producción mundial de ropa ha pasado de 50.000 millones de prendas en 2000 a 100.000 millones en 2015, según un estudio de la Fundación Ellen McArthur. Su uso, en cambio, se ha reducido a la mitad de veces, de acuerdo con el informe Time Out for Fashion de Greenpeace. En España, cada ciudadano gasta 450 euros anuales de media en renovar su vestuario y genera entre 12 y 14 kilos de residuos textiles. De ellos se recicla un 20% en un proceso que se complica cuando en la confección de las prendas se mezclan fibras naturales y sintéticas.

“Si tuviéramos una camiseta fabricada al 100% en algodón o poliéster, la reciclaríamos sin problema”, sostiene Gema Gómez, directora de la plataforma Slow Fashion Next, que forma a profesionales del sector en moda sostenible. Sin embargo, el poliéster representa el 60% de los materiales usados. "Al meterlo en la lavadora, desprende microplásticos que acaban en ríos y mares y de ahí entran en la cadena alimentaria”, añade. De 2000 a 2016 el consumo de esta fibra sintética, que triplica las emisiones de CO2 del algodón, se ha incrementado un 157%.

Para que la moda sea sostenible se deben emplear tintes naturales en vez de químicos, reducir el consumo de agua y recurrir a fibras cultivadas sin pesticidas o herbicidas, como el algodón o el cáñamo. Existen artículos creados a partir de la celulosa de los árboles, “bolsos hechos con los restos de las hojas de piña, faldas que provienen de las cáscaras de naranja y zapatillas realizadas con setas”, explica Gómez. E incluso ropa de baño sostenible confeccionada con econyl, un tejido fabricado a partir de basura plástica recogida del mar.

Qué ocurre con los textiles reciclados

Cáritas, la Fundación Humana o la Asociación Española de Recuperación Económica y Social (AERESS) gestionan desde hace décadas residuos textiles a través de convenios con ayuntamientos y otras entidades. Cuentan con una amplia red de contenedores urbanos y organizan campañas puntuales de recogida de ropa. Algunos de los trabajadores son personas en riesgo de exclusión social: un ejemplo perfecto de economía circular.

En 2017 AERESS gestionó 28.474 toneladas de material textil en España, con una tasa de reutilización del 50%. La Fundación Humana recoge anualmente 18.000 toneladas de ropa y calzado, mientras que Cáritas ha distribuido 4.500 contenedores por todo el país. Las prendas entregadas se trasladan a plantas de clasificación y tratamiento. Algunos tejidos sirven para elaborar ropa de nueva confección y el resto se dona a los servicios sociales, tiendas de segunda mano o países en vías de desarrollo”, explica Raquel Haro, responsable de Comunicación de AERESS.

¿Y si no quiero reciclar?

Otra opción para darle una segunda vida a las prendas es el intercambio, el préstamo o la donación. También se pueden transformar en prendas nuevas. En Bilbao existen talleres de reciclaje creativo gestionados por la asociación Truca Rec; en Vigo los llevan La Canalla y en Madrid, Altrapo Lab. En los mercados barceloneses de Sarrià, Poble-Sec o Sant Antoni se intercambia ropa entre particulares. Y, por supuesto, las marcas de ropa sostenible comienzan a estar cada vez más presentes en tiendas y grandes almacenes.

Celia Ojeda, coordinadora del Área de Consumo de Greenpace en España, apunta otra solución, que muchas veces pasa desapercibida: preguntarse si realmente se necesita adquirir una prenda nueva. “El pantalón más sostenible es el que ya tienes en el armario. Úsalo mucho, arréglalo, transfórmalo”, sostiene. “No basta solo con hablar de reducir los tóxicos, de reciclar o de economía circular; hay que bajar el ritmo de producción y consumo”, concluye.

Esta noticia, patrocinada por El Corte Inglés, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.

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