Trenzas de cuento

Su hábitat natural parece la tarde de verano. Pero el peinado que hizo famosa a Rapunzel sobrevive al invierno y se hace fuerte en la calle, tanto para el día como para la noche.

Aunque la clásica sigue teniendo sus seguidores incondicionales tanto en la pasarela como fuera de ella –las asiduas a la alfombra roja no se resisten a sus encantos–, la trenza se suma a la premisa del «renovarse o morir». Con el afán de reinvención llegan versiones más espectaculares que emulan arreglos de auténtica leyenda. Eso sí, modernizados con una actitud provocadora que encuentra en los contrastes la clave del éxito: los peinados románticos se visten con cazadoras de cuero y las trenzas deshechas acompañan vestidos de noche espectaculares.

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Aunque la clásica sigue teniendo sus seguidores incondicionales tanto en la pasarela como fuera de ella –las asiduas a la alfombra roja no se resisten a sus encantos–, la trenza se suma a la premisa del «renovarse o morir». Con el afán de reinvención llegan versiones más espectaculares que emulan arreglos de auténtica leyenda. Eso sí, modernizados con una actitud provocadora que encuentra en los contrastes la clave del éxito: los peinados románticos se visten con cazadoras de cuero y las trenzas deshechas acompañan vestidos de noche espectaculares.

La heroína de la historia. Las posibilidades y las inspiraciones son infinitas: desde el look amazona de Collette Dinnigan al exceso barroco de Emilio Pucci o el romanticismo desenfadado de Dsquared2. El denominador común: un imperfección muy medida. Entre todas las reinterpretaciones de este clásico, la trenza de espiga es la que da más juego. Su complejidad tiene un punto de sofisticación. Además, resulta hiperfemenina, tiene carácter atemporal y, como explica el peluquero Alberto Cerdán, «es polivalente. Resulta muy natural durante el día y muy elegante por la noche».

Despeinada en puntos estratégicos, la trenza de espiga requiere cierta técnica y productos que aporten cuerpo y maleabilidad al cabello: el volumen controlado es el quid de la cuestión. Pero sus ventajas son muchas: 100% versátil, no tiene límite de edad, funciona en todas las ocasiones y aguanta las inclemencias del tiempo con estoicismo. Conseguirla es más sencillo de lo que parece y confiere un impacto instantáneo.

EL DESENLACE PERFECTO

01. La preparación es esencial.

Su apariencia inacabada no es sinónimo de pelo alborotado. Todo tiene que estar bajo control. Un poco de crema de peinado sobre el cabello húmedo obra milagros contra el encrespamiento. Eso sí, conviene elegir fórmulas ligeras que no sumen peso: se trata de conseguir cuerpo sin perder ligereza. El champú en seco es un gran aliado: da consistencia incluso al cabello más fino y un extra de fijación.

02. Cuestión de técnica.

Para hacer la trenza, se separa el pelo, una vez seco, en dos mechones gruesos, de los que a su vez se sacan otros dos más pequeños. «Cada uno de los finos se pasa de un extremo a otro: primero por encima de uno de los mechones grandes y luego por debajo del otro. Tienen que alternarse», explica María García, estilista de la maison Dior.

03. Detalles finales.

Si se busca un resultado muy pulido, basta con fijarlo con un poco de laca que, además, aporte brillo. Para un aspecto más bohemio, se pueden soltar mechones en la parte frontal, ahuecar la trenza con los dedos e incluso deshacerla un poco. Los accesorios se encargarán de llevar el look del día a la noche con el mínimo esfuerzo: una diadema o unas horquillas con pedrería pondrán el final feliz de la historia.

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