Análisis

Lo malo y lo peor

Hoy se cumplen cuatro meses de las elecciones generales y seguimos sin Gobierno y estamos en la recta final

Sánchez y Luena este martes en el Congreso.EFE

Hoy se cumplen cuatro meses de las elecciones generales. Seguimos sin Gobierno y estamos en la recta final. Sabíamos de antemano que nada se resolvería antes de este tramo. También sabíamos que algunas salidas que se daban como posibles no lo eran. Aunque quizás nunca llegamos a pensar que se escenificarían con tanta pompa y circunstancia, aunque debimos suponerlo: ciertas formaciones son poco más que eso. Pero en todo caso estamos en la fecha que estamos y no se puede perder más tiempo.

Se han ensayado dos p...

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Hoy se cumplen cuatro meses de las elecciones generales. Seguimos sin Gobierno y estamos en la recta final. Sabíamos de antemano que nada se resolvería antes de este tramo. También sabíamos que algunas salidas que se daban como posibles no lo eran. Aunque quizás nunca llegamos a pensar que se escenificarían con tanta pompa y circunstancia, aunque debimos suponerlo: ciertas formaciones son poco más que eso. Pero en todo caso estamos en la fecha que estamos y no se puede perder más tiempo.

Se han ensayado dos pactos: uno insuficiente (PSOE y Ciudadanos) y el otro imposible (PSOE, Ciudadanos y Podemos). Como es sabido, para pactar la investidura de un presidente de gobierno se necesitan tres requisitos: mayoría parlamentaria, acuerdo programático y confianza mutua. El pacto PSOE-C's cumplía con los dos últimos pero no con el primero: era insuficiente y necesitaba un socio más. A sabiendas, se buscó el socio equivocado: al contrario del anterior, excedían con mucho de la mayoría pero no había posible acuerdo programático y, menos aún, confianza mutua. Todo quedó muy claro en el debate de investidura de Pedro Sánchez.

Ahí empezó una comedia, quizás necesaria para convencer a los respectivos electorados de PSOE y Podemos. Confusamente entreverada con la comedia, y para aumentar la confusión, Pablo Iglesias dejaba caer de vez en cuando la todavía más fantasmal apuesta de un "gobierno a la valenciana" que ni él mismo podía creerse porque ni siquiera cumplía el requisito aritmético. Pues bien, esta comedia ha durado un mes y medio, no ha habido suspense, la escena final era conocida.

Volvemos atrás: PSOE y Ciudadanos con un pacto programático muy detallado —lo único serio de todo este período— para negociarlo con un socio que sume para investir presidente. Si el socio Podemos, como era de esperar, ha fallado, ¿no deberían ahora dirigirse hacia el PP para encontrarlo? Aritméticamente serían imbatibles, programáticamente no serían distantes, sólo falla la confianza personal entre Rajoy y Sánchez, y la desconfianza de Rivera en que Rajoy sea adecuado para realizar las reformas necesarias.

Pero, ¿son insalvables cuestiones personales? Si impidieran formar gobierno, seguro que muchos ciudadanos no lo entenderían, serían personalismo contra intereses generales. Si se llegara a este punto, quizás podría recurrirse como última baza a una personalidad "independiente", es decir, por encima de toda sospecha partidista y aceptada por quienes le den soporte. ¿Un Monti? Sí, un Monti. No es lo ideal, cierto. Pero ir a nuevas elecciones es peor.

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