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Prioridad nacional

Lo urgente es recuperar una derecha moderada que se desmarque sin complejos del populismo racista y sus semillas de odio

El presidente de Aragón en funciones, Jorge Azcón (izquierda, saluda al líder de Vox en la comunidad, Alejandro Nolasco, tras una reunión, el pasado día 22 en Zaragoza. Ramón Comet (Europa Press)

Los pactos de PP y Vox en Extremadura y Aragón han convertido la prioridad nacional en el concepto de la primavera. Pero el aterrizaje en la práctica de este sintagma, que suena a nombre de grupo punk de la movida, con ...

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Los pactos de PP y Vox en Extremadura y Aragón han convertido la prioridad nacional en el concepto de la primavera. Pero el aterrizaje en la práctica de este sintagma, que suena a nombre de grupo punk de la movida, con ecos del Frente Nacional francés y regusto racista, varía según cuál de sus promotores firmantes lo explique. El mensaje de fondo, en cambio, está claro. Los españoles (y españolas, imagino) deben ir por delante de los inmigrantes (y las inmigrantes, sin duda) en el acceso al Estado del bienestar. Pero esto, ¿cómo se hace?

Para el Partido Popular, la clave es el arraigo. Es decir, “la vecindad, el tiempo que se lleva viviendo en una comunidad con independencia de la nacionalidad”, según explicó Alberto Núñez Feijóo. En Vox, en cambio, afirman que prioridad nacional significa aquello a lo que suena. Como defendió el ya vicepresidente extremeño, Óscar Fernández Calle, “ninguno de fuera estará por delante de un español”. Y si la ley no lo permite, ya se cambiará la ley. A los problemas, soluciones.

O no. Mientras los defensores del concepto se pelean en el Congreso, porque unos piden más rotundidad y otros, más disimulo, la prioridad nacional agota sus propuestas. ¿Qué sucede, mientras, con problemas reales como el encarecimiento de la vivienda, la saturación de la sanidad o el debilitamiento progresivo de la educación pública? Ni un voto a favor de medidas concretas dirigidas a abordar estas cuestiones. Ni una propuesta alternativa que encare el problema de fondo.

Porque excluir de lo público a hombres y mujeres por su origen no es una propuesta. Es una medida mediocre que no refuerza los servicios ni abarata la vivienda y crea un precedente peligroso. El del culpar al otro de todos los males mientras se defiende como solución despojarlo de todo. Bueno, de todo, menos de la urgencia vital. Porque, como dice Carlos Hernández Quero, “aquí nadie es un desalmado”. Si a un inmigrante lo atropella un camión, eso es coyuntural y se le puede atender. Otra cosa es la atención periódica que pudiera necesitar si sobrevive a ese atropello, que ya entraría en lo estructural. Se ve que el alma no alcanza para los cuidados posteriores.

Prioridad nacional es recuperar una derecha moderada, resolutiva y con propuestas, que se desmarque sin complejos del populismo racista y nos permita dejar atrás su banalidad y sus semillas de odio. Que dejemos de perder el tiempo y recuperemos las discusiones políticas que atienden a los problemas reales y plantean soluciones.

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