Perspectivas económicas para México en 2026
El panorama en materia de actividad económica es bastante incierto. Las cifras de producción parecen sugerir una incipiente aceleración, pero las cifras de empleo formal demuestran que este sigue sin recuperarse
La economía mexicana arranca el año con señales mixtas en actividad económica y con retos importantes en las materias fiscal y monetaria. Veamos por separado cada uno de estos temas.
De acuerdo con las cifras oportunas reportadas por el INEGI, la economía...
La economía mexicana arranca el año con señales mixtas en actividad económica y con retos importantes en las materias fiscal y monetaria. Veamos por separado cada uno de estos temas.
De acuerdo con las cifras oportunas reportadas por el INEGI, la economía mexicana cerró el año mejor de lo esperado. El último trimestre sorprendió con un crecimiento de 1,6% con respecto al mismo trimestre del año anterior y de 0,8% con respecto al trimestre inmediato anterior. Esto último significa un crecimiento anualizado superior al 3%, es decir, lo que se observaría si la economía mantuviese el mismo ritmo de crecimiento durante cuatro trimestres consecutivos.
El buen desempeño del último trimestre del año permitió que las cifras de todo 2025 también fueron mejor a lo que esperaban los analistas, quienes anticipaban un crecimiento de 0,3-0,4% para el año en su conjunto. Con el dato mencionado, el crecimiento total del PIB en 2025 ascendió a 0,5% con cifras originales, y a 0,7% cuando se corrige por el hecho de que el año previo fue bisiesto. Así, aunque el crecimiento sigue estando por debajo del crecimiento poblacional, la dinámica observada en el último trimestre del año permite alimentar la esperanza de que en 2026 el crecimiento pudiera ser más alto de lo que se preveía hasta hace poco. De hecho, el secretario de Hacienda, Edgar Amador, anunció recientemente que el PIB de México en 2026 podría crecer cerca de 3%, lo que contrasta notablemente con las expectativas de analistas privados y organismos multilaterales, cuyos pronósticos rondan apenas el 1,5% de crecimiento.
En contraste con este panorama relativamente positivo, las cifras de empleo formal de enero arrojaron una cubetada de agua helada sobre el optimismo que se comenzaba a percibir. La razón es que en dicho mes se perdieron más de 8.000 empleos formales. Esto no parece mucho en un universo de 22,5 millones de trabajadores formales, sin embargo, sí es preocupante cuando se considera que es la primera vez desde 2009 (es decir, desde la época de la crisis hipotecaria en Estados Unidos) en que se pierden empleos formales en México durante el primer mes del año. Para tener una perspectiva comparada, baste señalar que en los dos años más recientes (considerados además de bajo crecimiento) la generación de puestos de trabajo formales habría sido de 109.000 y 73.000 en 2024 y 2025, respectivamente.
Como se puede ver, el panorama en materia de actividad económica en México es actualmente bastante incierto. Las cifras de producción parecen sugerir una incipiente aceleración, pero las cifras de empleo formal demuestran que este sigue sin recuperarse. De hecho, tanto en la frontera norte como en el sur-sureste del país, el empleo formal sigue contrayéndose a tasa anual. Las señales mixtas que ahora vemos se irán aclarando paulatinamente conforme fluya la información de los próximos meses. Mientras tanto, el rango de las estimaciones del crecimiento económico para 2026 posiblemente se ha ampliado en las últimas semanas.
Por otro lado, el país enfrentará varios retos importantes relacionados con las políticas fiscal y monetaria. En materia fiscal, por ejemplo, las cifras al cierre de año revelaron que no se cumplió con el ajuste fiscal prometido. Los requerimientos financieros del sector público terminaron 2026 en 4.8% del PIB. Recordemos que en 2024 el déficit que dejó la Administración de López Obrador había sido de 5,7% del PIB, mientras que el déficit aprobado por el Congreso para 2025 había sido de 3,9% del PIB. Esto implicaba un ajuste de 1,8 puntos porcentuales del PIB en el tamaño del déficit. Dado que el déficit observado fue de 4,8% del PIB, el ajuste logrado realmente fue de solo 0,9 puntos porcentuales del PIB, la mitad de lo ofrecido. Cabe señalar que esto no es necesariamente malo ni equivocado. De hecho, el año pasado nosotros mismos abogamos porque el ajuste no fuera tan drástico. De haber cumplido lo originalmente propuesto, es posible que la economía hubiera entrado en recesión. Afortunadamente, la magnitud del ajuste no fue tan grande, lo que contribuyó a que la economía no se contrajera en 2025. El problema, sin embargo, es que ahora en 2026 habrá que continuar con la parte restante del ajuste fiscal ofrecido el año pasado. Esto, por supuesto, ejercerá alguna presión adicional sobre las finanzas públicas en 2026.
Para terminar, hablemos un poco de la política monetaria. Aquí el reto al que se enfrenta el Banco de México es al de tratar de contener las presiones inflacionarias provenientes tanto de los aumentos de impuestos a ciertos productos (bebidas azucaradas y cigarros, entre otros) como de la imposición de aranceles a algunos productos provenientes de Asia. Al inicio del año, la Junta de Gobierno de Banxico ya optó por una primera pausa en el ciclo bajista de las tasas de interés. La gran pregunta es si en algún momento tendrá espacio para reanudar el ciclo. Por lo manifestado en su última decisión de política monetaria, la Junta de Gobierno parecería estar dispuesta a reanudarlo tarde o temprano. La gran incógnita es si verdaderamente habrá algún espacio para poder avanzar en esta dirección. Ya veremos.