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Viaje a las recetas de Vox para ganar votos: “Por aquí no ha venido nadie más que Abascal”

El partido ultra exprime al máximo las elecciones adelantadas por el PP. La estrategia es clara: redes sociales, peregrinaje del líder a decenas de pueblos y ataques constantes al bipartidismo

Carteles electorales en la calle Mayor de La Puebla de Alfindén (Zaragoza), este jueves.Massimiliano Minocri

Julio Iglesias exigió una plaza de toros para cantar en este pueblo de 1.000 vecinos de Zaragoza. Su deseo se hizo realidad en solo 30 días. 24 años después de aquel concierto, La Muela ya cuenta con casi 7.000 habitantes, la mayoría llegados de la capital aragonesa, como Roberto Couto, de 62 años, un empresario hostelero que votó a Vox el pasado domingo. Vox ha arrasado aquí con un 31% de los votos. Couto, un tipo sonriente, saca el iPhone de su...

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Julio Iglesias exigió una plaza de toros para cantar en este pueblo de 1.000 vecinos de Zaragoza. Su deseo se hizo realidad en solo 30 días. 24 años después de aquel concierto, La Muela ya cuenta con casi 7.000 habitantes, la mayoría llegados de la capital aragonesa, como Roberto Couto, de 62 años, un empresario hostelero que votó a Vox el pasado domingo. Vox ha arrasado aquí con un 31% de los votos. Couto, un tipo sonriente, saca el iPhone de su vaquero negro, abre el perfil de Instagram de Santiago Abascal (1,4 millones de seguidores, 700.000 más que Pedro Sánchez y 1,2 millones más que Alberto Núñez Feijóo) y enseña una foto subida por el líder de Vox:

—Aquí estoy con él.

Couto vive en un adosado, como muchos de sus vecinos; a fin de cuentas, la capital está a solo 20 minutos en coche. Se instaló aquí tras el boom inmobiliario del 2000, donde el pueblo salió en los informativos nacionales por la corrupción. La alcaldesa de entonces acabó en la cárcel tras unos años de una vanidad impresionante. Por tener, La Muela tiene hasta tres museos, uno incluso “de la Vida”, dedicado a la evolución del planeta Tierra y hoy cerrado a cal y canto porque se dejó de pagar la luz y el agua.

A cinco minutos a pie del Museo de la Vida llegó Abascal el 4 de febrero. Estuvo poco más de una hora por estas calles. No hizo un mitin, sino una rueda de prensa con preguntas en una plaza empedrada. “PP y PSOE coinciden en todo”, dijo rodeado de cientos de vecinos que sacaban sus móviles como periscopios para grabarle, la mayoría jóvenes. “PP y PSOE comparten políticas y pactos en España”, insistió. Al terminar, recibió vítores, aplausos y selfies, muchos selfies, como si hubiera regresado Julio Iglesias al pueblo. El vecino Couto se acercó un segundo a saludarle:

—Santiago, este país hay que cambiarlo o se viene abajo.

—Tienes toda la razón.

Couto vota a Vox porque dice que merece una oportunidad, aunque Abascal ya lleve más de 20 años en política: “¿Cómo puede ser que un presidente de Gobierno tenga familiares imputados por corrupción y siga? Y luego los inmigrantes, que no tengo nada en contra, pero que vengan y cumplan las reglas”.

Abascal se fue de La Muela con el zurrón de los votos a reventar en un territorio donde gobierna la izquierda (Chunta Aragonesista) desde hace 11 años.

Sentado en su despacho ante un portátil, un ingeniero agrícola con una sudadera negra con capucha y unos vaqueros claros, sin fotos ni banderas sobre las estanterías, dice que la corrupción de entonces todavía indigna a los vecinos. “Vox aquí no hizo ni una propuesta”, cuenta. Es Adrián Tello, de 41 años, el alcalde. “Estas elecciones han sido en clave nacional; por eso han ganado aquí”.

Si en 2023 Vox venció en tres municipios de Aragón, el domingo pasado lo hizo en 39. Y fue segunda fuerza en 152 de los 731 de la región. En Extremadura ya se había disparado el pasado diciembre hasta el 16,9% del voto con 90.000 papeletas, 40.000 más que en 2023, y logró ser segunda fuerza en Badajoz ciudad, por delante del PSOE.

“Vox diseña campañas para que Abascal esté omnipresente. Nadie conoce a sus candidatos”, dice Guillermo Fernández Vázquez, autor del libro Qué hacer con la extrema derecha en Europa (Lengua de Trapo), y doctor en Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. “Si va a un pueblo de 500 habitantes, da igual lo que diga, es el gesto”. Vázquez dice que el PP les ofrece la oportunidad de que esto suceda con esta sucesión de elecciones autonómicas adelantadas. “Abascal se mueve muy bien en estos sitios porque conecta perfectamente con esa España pequeña y rural. No es de ahora, lleva años en esto”.

Un simple ejemplo. Vox inició en 2022 una especie de serie documental en YouTube titulada La España silenciada, con un estilo idéntico al programa de Salvados de Jordi Évole. En el primer capítulo sale Abascal en el municipio palentino de La Lastra, donde solo viven ocho vecinos. Un equipo del partido —casi más que la gente del pueblo— se desplazó a la aldea con cámaras y drones de cine para entrevistar a Laureano, un ganadero de 68 años al que tildaron como “el último centinela de la montaña”.

El vídeo acumula más de 350.000 visitas. Abascal no propone ninguna medida. Escucha. Habla en off. Acompaña. “¿No recibes compensaciones por los ataques del lobo?”, pregunta. “La gente no sabe estas cosas. Corren tiempos oscuros para el campo. Conceptos como familia, herencia o raíces han sido purgados de nuestro vocabulario”.

Así, varios capítulos con Abascal como presentador por otras zonas despobladas de España. Acumulan millones de visualizaciones. Vox, de hecho, venció el pasado domingo en el pueblo con menos habitantes de Aragón, Almohaja, con 10 vecinos, y donde varios de ellos reconocían esta semana su apoyo a Abascal por su renuncia al acuerdo agrícola de Mercosur.

“La extrema derecha sustituye identidades individuales por colectivas, como el movimiento MAGA de Trump”, observa Borja Barragué, director adjunto del laboratorio de ideas Future Policy Lab y autor del libro Cómo evitar que el crecimiento de la desigualdad acabe con la democracia (Ariel). “No se puede decir que son fachas, y ya. Buscan que formes parte de algo más allá de un partido. Apelan a Dios, a las emociones y lanzan un chivo expiatorio, que son los inmigrantes. Si mi hijo no tiene una guardería pública, es por los inmigrantes. Si mi padre no puede ser operado hasta dentro de 11 meses, es por los inmigrantes”.

Vox propone expulsar a ocho millones de inmigrantes de España, incluidos los de segunda generación. Es decir, a muchachos como Lamine Yamal.

Abascal se presentó en Mérida el 17 de noviembre para anunciar a su candidato en Extremadura. A Teruel llegó el 12 de enero para proponer al de Aragón. Y el pasado lunes ya estaba en Ávila con el de Castilla y León para unas elecciones que serán el 15 de marzo. El líder de Vox llega a los sitios antes que ningún líder nacional y con más de un mes de antelación.

En Extremadura visitó 34 municipios. Sánchez, 4, y Feijóo, 15. En Aragón, pisó 53 localidades; Sánchez, 3, y Feijóo, 5. “La plaza del Pilar de Zaragoza es muy bonita, pero Abascal ha venido aquí”, dice Noelia Giménez, de 21 años y camarera en La Puebla de Alfindén, otro municipio aragonés de casi 7.000 vecinos donde Vox ha arrasado con el 28% de los votos.

La Puebla de Alfinden está a 18 minutos en coche de la capital aragonesa. Ha crecido muchísimo en los últimos años con urbanizaciones privadas para familias jóvenes con hijos pequeños procedentes de la capital, la mayoría antiguos votantes de Ciudadanos y que se definen muy bien en el ensayo La España de las piscinas (Arpa Editores) de Jorge Dioni: “El lugar donde vivimos acaba definiendo cómo somos”.

“Aquí no ha venido nadie nunca”, cuenta la camarera Giménez. “Abascal se para. Le voto porque en este pueblo pago 700 euros de alquiler por una casa. Es indignante”.

Giménez cobra un poco más que el salario mínimo, 1.200 euros. El problema de la vivienda le afecta de lleno en su día a día. En Zaragoza capital ya no hay casas por debajo de 500 euros y, de las 427 que ofertaba Idealista este viernes, la mayoría estaban entre 900 y 1.400 euros.

Giménez dice que el mes pasado le llegó una factura de 300 euros de calefacción. Que no se puede ir de vacaciones con su novio. Que no se puede comprar un coche. Que sus amigos viven con sus padres. Que si con 21 años tiene esto, ¿qué le espera? “Abascal quiere a los jóvenes. A mí los inmigrantes no me molestan, pero si vienes en patera, al menos trabaja y aporta”. Dice que no se hizo fotos con el líder de Vox, pero que se acercó a hablar con él unos segundos:

—Gracias por lo que haces por el campo.

—Agradezco tus palabras siendo tan joven.

En el caso de Aragón y Extremadura, Abascal ha exprimido ahora la idea de “prioridad nacional” para el acceso a la vivienda —el principal problema para los españoles según el último barómetro del CIS—, sin precisar de qué manera.

Es el único líder nacional que aparece en los carteles electorales junto al candidato, tanto en Aragón como en Extremadura. Está visible en farolas, calles, marquesinas, paredes. Fuentes del partido ultra explican que las campañas están muy medidas. Si duran 14 días, Vox las estira 27, con hasta dos y tres actos por jornada, y siempre con una atención a medios sobre las 13.30 en la que disparan un titular de Abascal para los informativos del mediodía, casi siempre contra Sánchez y el PP. Por la tarde, eso sí, un gran mitin a las 18.30 en otra localidad, a ser posible en plazas públicas, para que dé sensación de multitud y facilite aglomeraciones.

Con las preguntas de la prensa en el mediodía ha sucedido algo muy llamativo en estas dos últimas campañas. Un micrófono amarillo de un canal que se llama Bipartidismo Stream aparece siempre entre el resto de medios. Sus reporteros se colocan sigilosos a la derecha de Abascal. Suelen ser los primeros en preguntar. “¿Cree que Sánchez es capaz de un pucherazo, señor Abascal?”. “¿Qué le parecen los insultos de Elon Musk a Sánchez?”. “Señor Abascal, una valoración de los ataques del presidente Sánchez a Vox”.

Bipartidismo Stream pertenece a la Fundación Disenso, el think tank que preside el propio Abascal y al que Vox entrega cada año 2,5 millones de euros. Es un canal donde se presenta a PP y PSOE como los principales males de España y donde acuden las figuras de Vox cada dos por tres para ser entrevistadas; luego, horas después, sus mensajes se difunden en vídeos cortos por las redes como si fueran entrevistas con medios serios. Se viralizan de inmediato. Su eslogan es “la alternativa ante los bulos de los grandes medios del bipartidismo”.

La estrategia de Vox contra el bipartidismo de PP y PSOE se observa hasta en la furgoneta oficial de campaña, donde también viaja Abascal. En Aragón, por ejemplo, han serigrafiado en las puertas traseras un cartel con el rostro de la socialista Pilar Alegría y del presidente popular Jorge Azcón junto a una frase en mayúsculas: “¡Que no te estafen!”. Ya lo hicieron en Extremadura, pero con imágenes de María Guardiola y del socialista Miguel Ángel Gallardo.

Junto a Abascal y el candidato de la comunidad viaja un equipo de doce personas: fotógrafos, cámaras de vídeo, jefes de prensa, asesores de discurso. El equipo de vídeo y de redes sociales funciona como un engranaje perfecto. Las ruedas de prensa de las 13.30 se emiten siempre en los canales oficiales. Los mensajes del líder se editan y se cortan lo más rápido posible. Casi siempre en la furgoneta o en los coches mientras se dirigen hacia otros pueblos, para que se compartan cuanto antes.

“Nosotros vivimos en una campaña permanente”, escribió Manuel Mariscal —hoy diputado en el Congreso y responsable de las redes del partido en 2018— en el libro La España viva (Kalma Libros). Vox lleva desde ese año siendo el partido más seguido en Instagram. Hoy lidera todas las redes sociales en España (TikTok, X, Facebook y YouTube) con más de cuatro millones de seguidores: tres veces más que PP y PSOE (1.572.000 y 1.575.000).

Abascal ya es el político más seguido en todas las plataformas con otros cuatro millones (500.000 más que Sánchez y siete veces más que Feijóo, que apenas supera el medio millón). El 55% de quienes usan las redes sociales en España lo hacen para informarse, según el último informe de la Asociación de la Comunicación Digital en España.

“En redes reflejan muy bien sus ataques el bipartidismo de PP y PSOE”, dice Carmen Lumbierres, aragonesa y doctora en Ciencia Política y de la Administración en la UNED. “Pero si las elecciones hubiesen sido municipales, el resultado hubiera sido distinto”, apunta Mikel Otero, director del Heraldo de Aragón. “No tienen ningún poder territorial ni responsabilidad en Gobiernos y acaparan el descontento nacional porque, aunque las cifras económicas son buenas, la gente no lo percibe. Aquí hemos sido la antesala de lo que está por venir”.

Una idea que comparte Ricardo Barceló, el director de El Periódico de Aragón: “Empezaron a despuntar en 2023, pero esto ya es una ola y más alta de lo esperado. Hay síntomas claros de cansancio frente al bipartidismo y, si a eso se suma que en estas elecciones se vota en clave nacional con el creciente desencanto de los jóvenes, todo es suyo”.

En el único instituto público de Andorra, en Teruel, los estudiantes de tercero y cuarto de la ESO salían este jueves al bar de los jubilados de enfrente para comprar un bocadillo y tomar un café junto a muchos pensionistas que fueron mineros en este pueblo de 7.000 vecinos. Varios de estos chavales reconocían, con tan solo 15 y 16 años, que hicieron cola para ver a Abascal. Aquí la izquierda gobierna, pero el pasado domingo Vox fue segunda fuerza detrás del PSOE. “Lo sigo en todas las redes”, dice Yeray L., de 15 años. “Me parece muy bien lo que dice de la okupación. Le votaré seguro”.

—¿Conoces casos cercanos de okupas?

—No, pero salen en la tele.

Aquí, de nuevo, el miedo gana a la estadística. Las condenas firmes por allanamiento de morada ―el delito que implica la entrada ilegal en una vivienda habitada― ascendieron a 218 en todo el país en 2024, según los últimos datos del INE.

“Me encantan sus ideas, sobre todo la de los inmigrantes, que no venga ningún ilegal”, dice también Carlos L., de 16 años, de padre mecánico y madre camarera. Una idea que comparten otros chavales que van al módulo de electricidad del mismo centro educativo. “Nos joden con el tema agrícola y en nuestro pueblo se cierra todo”, dice Adrián Ginés, de 20 años. “Me encanta cómo es. Es el único que dice lo que piensa”, opina Eloy Catalán, también de 20 años. No solo estuvieron en el mitin de Abascal en su pueblo, sino que otro día cogieron el coche y se fueron a Alcañiz, en Teruel, para verle de nuevo.

Los sindicatos reconocen que el cierre de la central térmica ha sido un problema para los vecinos de Andorra, de tradición minera y obrera, ya que no se frena la pérdida de población. La teoría que maneja el secretario general de Comisiones Obreras en Aragón, Manuel Pina, es que las grandes cifras económicas del país y de la región (2,5% y 2,6% de PIB en 2025) tampoco se reflejan en el día a día de sus afiliados.

“Eso lo vemos en las asambleas”, cuenta. “La gente está cabreada. Si te dan cita para dentro de 20 días en el médico, te cabreas. Si miras un piso de alquiler y está caro, te cabreas. Se cruzan cabreos y no se acierta. A la gente le da igual que el PIB crezca; lo que no puede ser es que consigamos una mejora en convenios de un 4% y no se refleje en casa”.

Un sentimiento que comulga, en parte, con UGT. “El auge de estos partidos es difícil de explicar”, cuenta José Juan Arceiz, el secretario general del sindicato en Aragón. “Ni siquiera los expertos lo achacan a una única causa. ¿Con esta decisión creen que van a mejorar sus vidas?”. El presidente de la patronal aragonesa no ha querido participar en este reportaje.

A Vox, incluso, tampoco le pasan factura sus cuentas opacas: acumula multas del Tribunal de Cuentas por financiación ilegal y su marca juvenil recaudó cientos de miles de euros que no llegaron a los damnificados por la dana.

Sin embargo, ¿hacia dónde van?, ¿han tocado techo? “Si hubiera generales, están rozando el 20%”, apunta Narciso Michavila, presidente de la consultora demoscópica GAD3. Juan Francisco Caro, director del instituto Opina 360, también cree que van lanzados. “Vox ya es un movimiento para los hombres menores de 44 años”, observa Belén Barreiro, directora de 40dB, “no importa mucho lo que diga el partido porque ya encarna un sentir, va solo”.

En la última encuesta de la consultora Metroscopia, de hace solo unos días, se ve un trasvase de 400.000 votos del PSOE a Vox. Y en el último sondeo de 40db para EL PAÍS y la cadena SER de este lunes, se sitúa por primera vez en el 18% del voto ―con cuatro meses de subida―, casi seis puntos más que en las generales de 2023.

Roberto Couto, el empresario hostelero que votó a Vox el pasado domingo en La Muela, donde tocó Julio Iglesias en 2002, confía en que Abascal gobierne España en las próximas elecciones. “Aquí en el pueblo tuvimos una alcaldesa que robó, sí, y todos los políticos roban, pero vamos a ver, se hicieron cosas. Aquí vino Julio Iglesias y ahora vienen Los titiriteros de Binéfar (Huesca)”.

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