Ir al contenido

Detenido un ladrón que se dejó documentación a su nombre en el coche que asaltó nada más salir del juzgado por otro robo

El despistado delincuente olvidó una chaqueta con su auto de libertad y una bolsa policial en el interior de un vehículo del que sustrajo la batería y un tapón de motor

Los juzgados de Alicante en una imagen de archivo. JOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ

Un hombre de 41 años, viejo conocido de la Policía Nacional de Alicante por sus numerosos antecedentes, pasó, al menos, una noche en los calabozos de la Comisaría antes de pasar a disposición judicial por un presunto delito de robo. Tras comparecer ante el juez, recogió sus pertenencias y la documentación, salió de los juzgados y lo primero que hizo fue escoger un vehículo, su especialidad, para sustraerle la batería y un tapón de depósito del motor. Con las prisas para que no lo volvieran a cazar, en el interior del coche asaltado se dejó olvidada la chaqueta en la que había guardado una bolsa con membrete de la Policía en la que estaban los cordones de su calzado y el auto a su nombre con el que el juez había decretado su libertad. Horas después, volvió a ser detenido, al ser pillado in fraganti tras dejar una estela de otros tres vehículos reventados en plena calle.

La historia, adelantada por la agencia Efe, ocurrió a principios de esta semana. El despistado ladrón había sido arrestado por un delito similar y acabó entre rejas en los calabozos de la policía. Entre sus pertenencias, los agentes le habían obligado a incluir los cordones de las zapatillas, una medida habitual recomendada para evitar autolesiones entre los presos. Al menos, durmió una noche en la celda, antes de pasar a disposición judicial, medida que suele tardar un día como mínimo. La comparecencia ante el juez siguió el curso habitual. Se le decretó la libertad con cargos, se le entregó la bolsa de plástico con sus cosas y se le abrieron las puertas del juzgado.

No pasó demasiado tiempo antes de que volviera a despertar el recelo de unos agentes que patrullaban por las calles de la zona norte, una barriada marginal de la periferia de Alicante. Lo habían visto en actitud sospechosa junto a un vehículo, por lo que le dieron el alto y le requirieron la documentación. No la llevaba encima. Mientras los policías interrogaban al presunto delincuente, un hombre se acercó y les contó que le acababan de reventar las ventanillas de su vehículo, aparcado en las inmediaciones. No fue el único. Poco después, otro vecino de la zona contó que acababa de ver al sospechoso hurgando en la ventanilla de un tercer automóvil, aunque en ese caso escapó en cuanto le llamaron la atención. Los agentes no necesitaron mucho más para detenerle por engrosar lo que comprobaron que era una larga lista de antecedentes. Principalmente, de asaltos a vehículos, pero también, en las últimas semanas, por la sustracción de maquinaria y herramientas en diversas obras de los alrededores.

Al volver a comisaría para efectuar los protocolos habituales de toda detención, los agentes comprobaron que esa misma mañana, una mujer había interpuesto una denuncia por el asalto a su vehículo. El botín había consistido en la batería del coche y el tapón de unos depósitos del motor. Pero el relato venía con un sorprendente giro de guion. El presunto ladrón se había dejado en el interior del automóvil una chaqueta llena de pertenencias personales y documentación a su nombre. Coincidía con la persona que acababan de arrestar. Un despiste que allanó su camino de vuelta a los calabozos.

Archivado En