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El teatro amateur está vivo

Cataluña cuenta con unos 340 grupos federados

Jordi Anton, Carlos Bueno y Núria Peidró, miembros del grupo de teatro amateur Cloteatre.Carles Ribas

En el teatro amateur de Cataluña hay vida, mucha vida. Las cifras que manejan en la Federació de Grups Amateurs de Teatre de Catalunya lo demuestran. Son 340 grupos federados en los que no se cuentan aquellas iniciativas efímeras, “que hacen una función al año, el año en que la hacen”. Cada fin de semana hay unas 150 funciones. Lo explican Toni Font, Josep Maria Porta y Josep Mayolas, presidente, vicepresidente y secretario, respectivamente, de la entidad. Son la cabecera de un colectivo de unas 10.000 personas. “Es una actividad que mueve al año dos millones de espectadores y está silenciada”. “No es algo que únicamente suceda con el teatro amateur. En general, salvo los castellers, la cultura popular, amateur, asociativa, es ignorada”. Por eso mismo, la gente del teatro amateur inunda de parabienes el último montaje de La Cubana, L’amor venia amb taxi, un homenaje a este teatro, hecho “con amor y ternura” desde dentro porque mucha Cubana tiene esta procedencia.

Los dirigentes de la entidad rechazan que el teatro amateur no se haya movido de los vodeviles y las comedias de tresillo. “En la Mostra Internacional que este fin de semana celebramos en Pineda de Mar, con 60 actuaciones programadas encuentras piezas de Jordi Galceran, Guimerà, Ramon Madaula, creaciones propias, Tennessee Williams, Shakespeare…”. Hay compañías que arriesgan, transgresoras

La federación acoge principalmente grupos del territorio catalán, pero también los hay de expresión catalana de Baleares, Valencia, Andorra, L’Alguer. Los estatutos de la organización no tratan el asunto lingüístico. “No figura la promoción de la lengua, se da en la actividad. Un 90% de la misma se hace en catalán de forma natural porque los que se incorporan a un grupo adoptan la lengua que encuentran, la que emplean en sus montajes”. La organización mantiene relaciones con agrupaciones de otros territorios, tiene convenios de intercambio, participa e invita a festivales, etc. Y tiene una biblioteca digitalizada de tres mil títulos. “Muchos proceden de donaciones de teatros o de los propios dramaturgos…”.

La federación se fundó en 1985 en el contexto del Primer Congrés de Cultura Popular para ayudar a las compañías, crear redes, intercambios, etc. Y allí mismo hubo un debate sobre nomenclatura. ¿Debe decirse teatro no profesional, aficionado o amateur? Ganó amateur. “Es una palabra que deriva del latín y significa “el que ama” su actividad”. “Los grupos tienen una economía modestísima”. Obviamente, en la federación, que vive de las cuotas y subvenciones recortadas, ningún cargo es retribuido. Únicamente se paga un salario.

Cloteatre es una sección del Orfeó Martinenc que desde 1923 ha tenido actividad teatral. La entidad ofrece una buen equipamiento de aulas, camerinos, taller -donde los propios miembros del grupo teatral arreglan las escenografías- y almacén. El escenario a la italiana carece de telares y es poco transitable, pero tiene una espléndida mesa de luces y… una sala polivalente con gradería practicable. El grupo teatral lo integran unos ochenta miembros y la familia Anton-Peidró es un ejemplo de las almas que lo sostienen. Núria Peidró acostumbra a dirigir una pieza cada año, además de intervenir en pequeños papeles en algunas piezas líricas.

Su marido, Javier Anton, fue técnico de luces durante 10 años y sus hijos Adrià y Jordi actúan. Tres de ellos llevan una panadería artesana. Peidró explica que es el director quien escoge la obra a representar. “Presenta sus propuestas a una comisión. Acostumbra a sugerir dos títulos para escoger y la comisión evalúa que no haya demasiadas comedias o muchos dramas, la mezcla de obras más contemporáneas con clásicas… Cuidan diversificar la programación”. Cloteatre no acostumbra a hacer bolos ni, ahora, a participar en concursos. “No gusta competir”. Con todo, internamente sí que hay una evaluación. “En las entradas figura un cuestionario para que el espectador pueda puntuar distintos aspectos como la actuación, la escenografía… Y en la cena de final de temporada damos unas menciones a lo más votado. No las llamamos premios. Y la obra ganadora podrá representarse nuevamente como prólogo a la temporada del año siguiente”. Aunque son inevitables los disgustos, a la hora de decidir un reparto se procura dar el máximo de oportunidades. Trabajan con presupuestos exiguos. Las piezas líricas son las más caras por el fichaje de solistas y músicos, pero el resto... “entre todos lo hacemos casi todo”.

A propósito del repertorio, Jordi Anton comenta que muchas veces está condicionado “por la gestión de los derechos, un infierno. Hay burocracia, hay quien te los niega, etc”. Lleva 10 años en el Cloteatre y no ha menguado su pasión. Ni sueña con ser profesional y repetir una función cinco veces a la semana. “Más allá del aspecto cultural, lo más agradable es la complicidad y empatía que hay en el grupo. Cuando estás haciendo una escena, los compañeros te dan seguridad”.

Carlos Bueno, maestro y recién graduado en Periodismo, ha dirigido hace dos semanas una obra de La Calòrica y Joan Yago. “Se mostraron siempre muy abiertos y flexibles a que realizáramos una obra suya e, incluso, nos cedieron los derechos sin buscar ningún beneficio económico”. Un gesto de simpatía muy distinto al que tuvo La Cubana, que negó unos derechos a Cloteatre cuando solicitó pagarlos. Detalle que debió doler en la casa teniendo en cuenta la temática de su última obra, porque Bueno no ha sido el único en comentarlo. Con la propuesta de Bueno “preocupaba ver qué pasaría. Es un teatro poco frecuente en la programación. No es humor blanco. Es político, arriesgado, satírico”. Y la experiencia, con un reparto joven, fue muy bien. El público salió satisfecho.

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