Cómo convertir el imaginario andaluz en lujo internacional sin caer en el cliché
La diseñadora cordobesa Juana Martín es la primera mujer española en desfilar en la alta costura de París con colecciones cargadas de simbolismo
Los sudarios, las sogas y medallas se entreveran con volantes, a veces sutiles, otras excesivos, finos bordados y negros enlutados. El universo creativo de Juana Martín es pura Andalucía. Pero lo suyo no responde a posicionamientos estratégicos, ni modas, sino a que lo suyo es contar “una historia verídica”, como ella reivindica con orgullo. Con ese marchamo, la diseñadora se convirtió en la primera mujer española en desfilar en la alta costura de París en 2022. Desde entonces, toda esa rica cosmovisión identitaria se desgrana año tras año, como si se tratase de un ensayo sobre la simbología andaluza que se desvela por capítulos.
La última entrega de ese libro, presentada el pasado mes de enero en la Semana de la Alta Costura de París, incluía sutiles referencias a los borlajes, madroños y hombreras de toreros. Se llamaba Presagio y estaba dedicada, claro está, al caballo. La pieza encajaba a la perfección después de haber presentado, en ediciones anteriores, referencias a la religiosidad popular —Fervor—, a la primavera andaluza —Roseé— o al cubismo picassiano —Fauves—. “Contamos nuestra Andalucía, contamos quiénes somos, qué forma de sentir nos inculcan nuestros mayores, cómo la sentimos, cómo la hacemos parte de nuestra vida, nuestra cultura”, explica Martín, en un descanso del trajín diario de su atelier en Córdoba.
La diseñadora, de 52 años, alcanzó la gloria de desembarcar en la prestigiosa moda parisina sin abandonar sus raíces cordobesas: “Nunca he tenido que cambiar de ciudad para trabajar en la alta costura”. Pero también fue como un claro posicionamiento de no perder el rumbo del lugar en el que realmente está conectada a esa historia personal que invoca: “Mi familia está aquí y eso es lo primero, si tengo que sacrificarla…”. Y desde ese pequeño taller hasta siete personas crean el universo simbólico de Martín a un ritmo frenético. A lo largo del año, la diseñadora alumbra dos desfiles de alta costura, otro de novias o de flamenco. “Una locura”, como confiesa con media sonrisa.
Martín sabe que, desde 2022, el nivel de exigencia es directamente proporcional a la liga en la que juega: “Supuso un momento importante. Ser la primera mujer [española] en la historia fue muy importante a nivel profesional y a nivel personal. Estar en París hace que tengas que crecer más rápido y con más fuerza”. Aunque la trayectoria para llegar hasta ese punto tampoco fue sencilla. La diseñadora, de etnia gitana e hija de un vendedor ambulante de ropa, ha tenido que derribar constantes techos de cristal para alcanzar la cima del diseño español, en un sector donde las estructuras de poder siguen estando masculinizadas. Comenzó su trayectoria presentando colecciones flamencas en SIMOF, el salón de la moda flamenca de Sevilla. En 2005, dio el salto a la pasarela Cibeles —hoy Mercedes-Benz Fashion Week Madrid—, en 2018 probó suerte en París... Hasta que logró entrar en su Semana de la Alta Costura.
“He tenido que demostrar más en España que fuera, aquí colocan más clichés. Cuentas historias y en España te tildan de folclórica”, se queja Martín. La creadora tiene claro que tanto la moda española como la andaluza tienen visión y proyección. “El problema es el apoyo, por eso no crece más, a no ser que tengas inversores y en Andalucía, menos aún”, apunta la cordobesa. De ahí que Martín saque adelante sus colecciones “a pulmón” y con el apoyo de muchos colaboradores pequeños, entre ellos Málaga de moda, una marca promocional creada por la Diputación de Málaga. “Siempre han estado ahí. Aparte del apoyo económico, también está el apoyo moral”, explica la diseñadora.
Cuando Martín desembarcó en París tuvo ante sí el reto de cómo mostrar ese universo lleno de referencias andaluzas a un público que le era mucho más desconocido. Volcó guiños a las salinas gaditanas —provincia en la que suele pasar los veranos—, a la primavera cordobesa, al fervor cofrade de la Semana Santa y lo entreveró con un diseño contemporáneo, elegante y conceptual. Los símbolos en forma de joyas que recuerdan a la orfebrería andaluza, tejidos tradicionales, bordados con patrones clásicos se desparraman en patrones de cortes modernos donde esos guiños encajan casi orgánicamente.
“Es exportar lo que somos y quiénes somos a nivel de moda”, explica. Y descubrió que la gente lo entendía “perfectamente” y alejada del cliché de folclórica que sentía que le habían puesto en España. “Detrás de nosotros hay una historia verídica, que sentimos y que intentamos que el pueblo la pueda percibir. El arte se palma, se siente, a lo mejor no han venido a una feria o una Semana Santa, no conocen nuestra forma de hablar de ello, de nuestras creencias, pero entienden el sentimiento (…). Algunos no lo entienden, pero me dicen que se les ha puesto un escalofrío”, relata la creadora.
Más allá de todo ese universo de símbolos entre la contemporaneidad y la tradición andaluza, Martín crea diseños de flamenca, de novias, complementos y colecciones de otoño/invierno y primavera/verano. Y es en esa faceta donde a la cordobesa le gusta hacer gala de vestir a todo tipo de cuerpos, más allá de los normativos, y para diversas necesidades. “Podemos hacer conceptos de alta costura artísticos, pero luego es difícil de llevar a la calle. Intento usar todo ese argumento para llevarlo luego a la calle. Que no sea que algo expones y luego no te puedas poner. Nos gusta que la gente vista de Juana Martín”, zanja la creadora con orgullo.