Ir al contenido
suscríbete

Ábalos, Koldo y Aldama, ante la hora de la verdad

Los acusados por la trama de las mascarillas encaran la recta final del juicio

Víctor de Aldama, José Luis Ábalos y Koldo García durante el juicio por el 'caso Mascarillas' en el Tribunal Supremo.

José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama han asistido durante tres semanas como espectadores al serial sobre sus años de auge, poder y caída en el que se ha convertido el juicio que se celebra en el Tribunal Supremo. Sentados en la última fila del estrado, los tres acusados han escuchado en silen...

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama han asistido durante tres semanas como espectadores al serial sobre sus años de auge, poder y caída en el que se ha convertido el juicio que se celebra en el Tribunal Supremo. Sentados en la última fila del estrado, los tres acusados han escuchado en silencio un relato que ha pasado del vodevil bochornoso de las primeras sesiones, centradas en los enchufes a amigas del exministro y casas compradas para él por empresarios, al desfile de funcionarios y antiguos altos cargos que han detallado cómo el antiguo asesor de Ábalos promovió en los peores días de la pandemia la compra de mascarillas a la empresa vinculada a Aldama, un comisionista con influencia y presencia constante en el núcleo de poder del Ministerio de Transportes. Los tres romperán su silencio esta semana, cuando la vista entra en la fase final, que incluye, a partir del miércoles, los interrogatorios a los acusados. El resultado es imprevisible por el enfrentamiento abierto entre el ministro y su antiguo asistente con el empresario con el que supuestamente se asociaron para hacer negocio.

Ábalos, García y Aldama viven el juicio sentados en la misma fila de sillones, separados por menos de un metro, pero distanciados por un abismo. El policía que cada día se sitúa entre el exdirigente socialista y el empresario es el recuerdo constante de que uno y otro asisten a la vista en situaciones opuestas. El exministro y su antiguo asesor, en prisión preventiva desde noviembre pasado, llegan cada jornada al Supremo en furgón policial, comen un bocadillo en los recesos y son trasladados de nuevo a la cárcel al final de la jornada; Aldama, en libertad, accede a pie acompañado por un asesor y mantiene largas charlas con sus abogados, los testigos o la prensa en las esperas. Una vez dentro de la sala, Ábalos y García siguen la vista juntos, compartiendo impresiones, pero sin cruzar palabra con el comisionista, que pasa las horas mirando el móvil.

La amistad que, según la Fiscalía Anticorrupción, empezó poco después de la llegada de Ábalos a Transportes, saltó por los aires definitivamente en noviembre de 2024, cuando el empresario, tras verse acorralado por varias investigaciones judiciales, decidió autoinculparse y colaborar con la justicia. Como resultado de esa decisión, Aldama afronta ahora una petición de cárcel de siete años, frente a los 24 que reclama la Fiscalía Anticorrupción para Ábalos y los 19 y medio que pide para García (las acusaciones populares, dirigidas por el PP, solicitan 30 años para ambos). Los interrogatorios de esta semana son cruciales para determinar si esa diferencia se traslada a la sentencia.

El fuego cruzado que han intercambiado los abogados del exministro y su antiguo asesor con el de Aldama es solo un avance de lo que puede estar por venir en las declaraciones de los acusados. Para los letrados de Ábalos y García, Aldama es un “acusador sobrevenido” del que tienen que defenderse con la misma resistencia que han exhibido ante la Fiscalía y la acusación popular. La defensa del empresario, por su parte, ha usado sus intervenciones para blindar la “credibilidad” de su cliente, consciente de que eso y la munición que él y su entorno insinúan que guarda en la recámara son clave para definir su “grado de colaboración con la justicia”, que puede llevarle a eludir la cárcel.

La duda es si las defensas de Ábalos y Koldo, que hasta ahora se han limitado a intentar sacudirse las acusaciones del empresario, han preparado un ataque contra él. Algunas intervenciones de los abogados en el juicio, como cuando el de Ábalos preguntó a su expareja, Jesica Rodríguez, si era una prostituta “captada” por Aldama, han dejado alguna pista de que pueden explorar ese camino. La vista ha sembrado también incertidumbre sobre si estas defensas, aparentemente alineadas, pueden separar sus caminos al final, con Ábalos descargando la responsabilidad de las irregularidades en su asesor y este escudándose en su papel de simple emisario.

Los testimonios escuchados hasta ahora han permitido clarificar el papel del que fuera número tres del PSOE en la presunta trama. “En el nombre de Ábalos”, así se llama la cuenta de X desde la que se comunica, a través de familia y amigos, desde que entró provisionalmente en la cárcel de Soto del Real (Madrid). Esa frase resume a la perfección cómo funcionaba la supuesta organización criminal. Él, como ministro de Transportes, era quien podía desplegar su influencia, pero, más que hacerlo en primera persona, dejaba que otros lo hicieran.

Koldo era el brazo ejecutor, quien hacía y deshacía a su antojo valiéndose de la suposición de que su conducta estaba avalada por el ministro. “Era el asesor de máxima confianza de Ábalos”, dijo el jefe de Gabinete de Transportes en esa época, Ricardo Mar. Tanto es así que, aunque formalmente dependiera de él, en realidad respondía “exclusivamente” ante el ministro, reveló. Empleados del ministerio han relatado que fue García quien llegó con la oferta de Soluciones de Gestión ―la empresa representada por Aldama― antes de que las órdenes para comprar mascarillas fueran públicas. La “decisión técnica”, según inspectoras de Transportes, fue adquirir cuatro millones, pero el pedido se duplicó en apenas 40 minutos. “La empresa dice que ocho millones o nada”, avisó Koldo al entonces subsecretario, Jesús Manuel Gómez. Y se acató. Al final, a través de Puertos del Estado y Adif, se compraron 13 millones de unidades por 36 millones de euros.

“El negocio de las mascarillas”, como lo ha calificado la Agencia Tributaria, no habría sido el único. Aldama también se valió del dúo ministerial para ayudar a Claudio Rivas, uno de sus socios, a que la empresa Villafuel consiguiera la licencia de operadora en el sector de los hidrocarburos. El propio Koldo le recibió en el Ministerio de Industria y le abrió las puertas del despacho del jefe de gabinete, Juan Ignacio Díaz Bidart. También logró que otro jefe de gabinete, Carlos Moreno en Hacienda, atendiera a Aldama por un problema con una deuda tributaria. Y, junto a Koldo y el entonces CEO de Air Europa, Javier Hidalgo, se plantó frente a la oficina del secretario de Estado Pedro Saura, que les recibió.

Funcionarios de Transportes han atestiguado que Aldama se movía por las instalaciones como por su casa. Dejaba el coche en el aparcamiento de autoridades, usaba el ascensor privado y accedía directamente a la “zona noble”, la del ministro. Nadie sabía muy bien quién era ―“cónsul honorario” del estado mexicano de Oaxaca, presidente del Zamora Club de Fútbol, lobbista o del “equipo del ministro”― y tampoco preguntaban. Ese nivel de acceso tenía un precio, según los investigadores. Se ocupó de engrasar la maquinaria con 10.000 euros mensuales, que ―según una testigo― Joseba García, hermano de Koldo, fue a recoger hasta dos veces a República Dominicana, y con pagos en especie: el piso de lujo donde Jésica Rodríguez vivió varios años por unos 3.000 euros mensuales; Villa Parra (Marbella), donde Ábalos vacacionó en 2020; el chalé de La Alcaidesa (Cádiz), donde veraneó al año siguiente; o el inmueble del Paseo de La Castellana (Madrid), que se le habría ofrecido a cambio de obra pública. Y es que, al parecer, el ministro solo se activaba a la hora de cosechar.

El calendario del Supremo prevé que los acusados empiecen a declarar el miércoles. El tribunal ha aceptado la petición de los abogados de Ábalos y Koldo de escuchar primero a Aldama, para que el exdirigente socialista y su antiguo asistente puedan responder al empresario. Aunque las tres declaraciones están fijadas para ese día, lo más probable es que se extiendan al jueves, cuando el tribunal pensaba acabar el juicio. Por eso, los magistrados han habilitado ya el lunes siguiente, 4 de mayo, cuando podría quedar visto para sentencia.

Archivado En