Ábalos contra Ábalos: las contradicciones lo abocan a un callejón judicial sin salida
El exministro de Transportes, ahora en prisión, dispara contra el Ejecutivo con la credibilidad dañada y el juez advirtiendo de que ya es tarde para colaborar
José Luis Ábalos, el hombre que lo fue todo en el PSOE como pilar del regreso de Pedro Sánchez al poder orgánico en 2017 y de su llegada a La Moncloa en 2018, duerme desde el jueves en una celda del módulo 13 de Soto del Real. El ex secretario de Organización y exministro de Fomento, arrojado por su partido a las tinieblas del Grupo Mixto en febrero de 2024, cuando Koldo García —su asesor en el ministerio más inversor del Gobierno— fue detenido por corrupción, se revuelve ahora contra sus antiguos compañeros de filas y del Ejecutivo. Hace un año, después de varios meses rodeándole, la investig...
José Luis Ábalos, el hombre que lo fue todo en el PSOE como pilar del regreso de Pedro Sánchez al poder orgánico en 2017 y de su llegada a La Moncloa en 2018, duerme desde el jueves en una celda del módulo 13 de Soto del Real. El ex secretario de Organización y exministro de Fomento, arrojado por su partido a las tinieblas del Grupo Mixto en febrero de 2024, cuando Koldo García —su asesor en el ministerio más inversor del Gobierno— fue detenido por corrupción, se revuelve ahora contra sus antiguos compañeros de filas y del Ejecutivo. Hace un año, después de varios meses rodeándole, la investigación se dirigió contra él. Desde entonces, mientras salían a la luz detalles de sus negocios sucios al amparo del poder, y de una vida privada que era uno de los secretos peor guardados y más incómodos del Gobierno, Ábalos mantuvo con ellos una suerte de pacto de no agresión. Su ingreso en prisión esta semana lo cambia todo.
El juez instructor del Tribunal Supremo, Leopoldo Puente, lo ha enviado a la cárcel a la espera de un juicio que se celebrará “en pocos meses” por las irregularidades en la compra de mascarillas en el Ministerio de Fomento durante los peores meses de la pandemia, por las que la Fiscalía Anticorrupción le pide 24 años de privación de libertad y una multa de 3,9 millones de euros. El magistrado cree que la cercanía de un juicio del que saldrá con sentencia firme, las elevadas penas que piden las acusaciones y la posibilidad de que tenga dinero oculto en el extranjero hacen que su riesgo de fuga sea “extremo”. Ábalos ha decidido conservar su acta de diputado.
El último tuit del otrora hombre fuerte del PSOE antes de cruzar el umbral de la cárcel apuntó por primera vez contra la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, a la que achacó irregularidades en el uso de la vivienda a la que tiene derecho en el Ministerio de Trabajo. Previamente, había dado por buena una información de El Español que situaba a Sánchez en una reunión con el líder de Bildu, Arnaldo Otegi, en un caserío del País Vasco en 2018, en las jornadas previas a la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa. Ambas acusaciones han sido negadas categóricamente por todos los mencionados. No fueron, sin embargo, las últimas palabras públicas de José Luis Ábalos. El exministro había dejado grabadas, al menos, dos entrevistas para elevar más claramente la diana de sus acusaciones hasta el presidente del Gobierno, y su esposa, Begoña Gómez. Por si todo salía mal y terminaba en prisión, como efectivamente ocurrió.
Las andanadas que ha ido lanzando Ábalos en las últimas semanas contra miembros del Gobierno a modo de aviso a navegantes llegan en un momento en el que la credibilidad del exministro está fuertemente erosionada por el reguero de versiones divergentes que ha ido dejando tanto en los medios como en sede judicial desde que fue apartado del PSOE hace un año y medio. Cuando Pedro Sánchez publicó el 24 de abril de 2024 la “carta la ciudadanía” en la que se tomaba unos días de reflexión tras la imputación de su esposa, Ábalos, pese a estar ya en el Grupo Mixto, le mostró todo su apoyo en X, su red social de cabecera. Pero a medida que su horizonte se acercaba a la cárcel, ha pasado a la acusación directa.
Air Europa y la filtración
Con él de camino ya a Soto del Real, El Mundo publicó la primera entrega de una conversación con el diputado. “Investigar a Air Europa sería abrir el melón, ahí podemos llegar a Begoña. Podemos llegar bien llegados”, decía Ábalos en la entrevista, que había dejado grabada en el despacho del Congreso en el que los últimos meses se ha dedicado a recibir a periodistas y llenar las estanterías de noticias impresas. Su asistente las iba acumulando encima de su mesa del despacho. Cuando Ábalos viajaba de Valencia a Madrid, las ojeaba para decidir cuántas rectificaciones enviaba a los medios.
Anteriormente, había asegurado que en el rescate del Gobierno a la compañía aérea por 475 millones de euros durante la pandemia no hubo nada irregular y que la relación de la esposa de Sánchez con el exCEO de la compañía Javier Hidalgo no tuvo nada que ver. “No tenían capacidad para influir”, dijo en mayo de 2024. Pero el exministro siembra ahora la duda con una nueva versión, en la que asegura que Hidalgo se presentó sin avisar y con un ataque de nervios en su residencia oficial en el madrileño barrio de El Viso y que estaba tan “desesperado” con lograr el rescate que “claro que habló” con Begoña Gómez. El juez Juan Carlos Peinado, que investiga a la cónyuge de Sánchez, ha tratado de esclarecer si ella tuvo algo que ver con la aportación del Ejecutivo a la mercantil de la familia Hidalgo, pero la Audiencia de Madrid ha frenado todas sus pretensiones por tratarse de “meras conjeturas”.
El señalamiento de Ábalos al líder del PSOE ha continuado en otra entrevista grabada antes de ingresar en Soto del Real. En la web Okdiario, el exministro apunta que Sánchez le filtró en septiembre de 2023 en La Moncloa que la Fiscalía estaba investigando a Koldo García. Un relato distinto al que mantuvo el pasado año cuando detuvieron a su colaborador y aseguró en televisión que le advirtieron sobre la actitud de Koldo García “pero nada trascendente”.
La historia de Ábalos con la colaboración judicial es turbulenta. En la vista que se celebró esta semana para decidir sobre su libertad, aseguró que, si le encarcelaban, lo que pretendían de él era una “declaración colaborativa”. Algo así como que se quebrara al estar entre rejas y ocurriera lo que ocurrió con el empresario Víctor de Aldama, que tras unas semanas en la misma cárcel en la que él está ahora pidió realizar una declaración voluntaria e inició una confesión que ha provocado que la Fiscalía solo pida para él siete años de prisión.
El mismo magistrado Puente se toma con escepticismo cualquier cosa que pueda contar en su estrategia para mejorar su horizonte penal. En el auto en el que lo envía a prisión ha incluido una frase que parece meter al exministro en un callejón sin salida: “Poco relevante parece lo que pudiera el acusado aportar en este momento”.
Colaborar o no
Ábalos estuvo a punto de comenzar a cooperar con Anticorrupción. Estuvo tan cerca que a mediados de junio, el que fuera su abogado José Aníbal Álvarez se reunió en el despacho del fiscal jefe, Alejandro Luzón, durante más de una hora. Según fuentes jurídicas, allí se sentaron las bases del inicio de una colaboración en la que el exministro, en una cita que tenía unos días después en el Supremo, “tiraría de la manta” en varios puntos: el supuesto amaño de las primarias del PSOE que auparon a Pedro Sánchez, el rescate de Air Europa y la visita frustrada de la vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez en enero de 2020.
Nada de esto ocurrió. El fiscal Luzón recibió un mensaje en su móvil la noche anterior a esa declaración que indicaba que la colaboración se había frustrado. Una cita entre Ábalos y Koldo la tarde del domingo 22 de junio en el despacho del abogado dio al traste con el plan que el letrado Aníbal Álvarez creía mejor para que su cliente pudiera zafarse del oscuro horizonte judicial que comenzaba a vislumbrarse tras la imputación de Santos Cerdán. El exministro ha ligado su destino al de su estrecho colaborador hasta tal punto que el juez Puente ha argumentado el escrito de entrada en prisión de ambos con párrafos prácticamente idénticos.
Algunas fuentes jurídicas creen que todo este tiempo, Koldo García ha llevado la batuta de la estrategia de defensa del exministro y eso fue el detonante de la ruptura de Ábalos con su anterior letrado y el fichaje de un nuevo abogado, el exfiscal de la Audiencia Nacional Carlos Bautista. “No hay que subestimar a Koldo”, indica una fuente cercana a este. Un letrado próximo a la causa explica que el exasesor ha ido deslizando la idea “por todo Madrid” de que tiene guardadas grabaciones que pueden afectar a más miembros del Gobierno. Esta ha sido la baza, según indican, que Koldo García ha tratado de jugar para, presuntamente, evitar la prisión. Sin éxito.
El “ángel caído”
Cuando el PSOE expulsó a Ábalos del grupo parlamentario sin que todavía mediara imputación contra él, este estuvo envuelto en una momentánea popularidad. “Cada vez que salgo del Congreso y cruzo la plaza me rodean para darme ánimos, tengo muchísimos voluntarios para trabajar conmigo… La gente me manifiesta un aprecio por la calle que me emociona”, dijo en una entrevista en julio de 2024 que se titulaba: “De todos los vicios que me achacan, los únicos que tengo son fumar y bailar”.
Ábalos se esforzaba así por parecer un político rehecho, pero quedaba ya muy lejos ese tiempo en que se convirtió en una de las estrellas de la revuelta contra las élites del PSOE, en 2016. Entonces, el político llevaba desde 2009 como diputado por Valencia. En esta provincia, la segunda de España con más militantes, fue elegido líder del partido tres años después. Pese a todo, seguía siendo un parlamentario relativamente desconocido. Hasta que el “no es no” de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy, y su defenestración de aquel como secretario general del PSOE en el comité federal del 1 de octubre de 2016 se cruzaron en su camino.
Porque, sin su implicación, no se entendería el éxito de Sánchez. Más de un millar de militantes y simpatizantes asistieron en Xirivella, en Valencia, a la reaparición del hoy líder socialista en noviembre de 2016 en un acto orquestado por “el ángel caído”, según le llama ahora con tristeza uno de los integrantes del puñado de diputados que se mantuvieron fieles a Sánchez.
Ábalos fue el maestro de ceremonias y se implicó tan al detalle que hasta eligió la canción que amenizó los actos de la candidatura de Sánchez. Color Esperanza, de Diego Torres, resumía el estado de agitación del grupo cada vez más numeroso de rebeldes ante Ferraz que defendía un nuevo modelo de partido más a la izquierda y donde quienes mandaban eran las bases.
“Ábalos, que siempre ha tenido carisma, se apropió de ese acto. Fue listo y fue apartando poco a poco a la gente de Izquierda Socialista de Valencia”, cuenta un dirigente del PSPV, convencido de que “Pedro habría obtenido más apoyos” de la federación socialista de la Comunidad Valenciana “si no hubiera estado Ábalos de por medio”. “En esas primarias había una confrontación contra José Luis, tenía fama de que le gustaba la noche y era mujeriego, aunque nada de lo que luego ha salido. Pero tenía como punto fuerte que se había dedicado a la fontanería del partido y tenía una tropa muy fiel”, añade este cargo.
Además, el político valenciano destacó como orador. Una de las primeras decisiones de Sánchez tras su reelección como secretario general fue nombrarle portavoz en el Congreso, en lugar de Antonio Hernando, que había estado en la trinchera contraria. Ábalos duró un mes en el cargo, hasta que Sánchez le escogió para llevar la secretaría de Organización. “Los cuatro años que lo fue, digamos que era el poli bueno y Santos [Cerdán] el poli malo, porque era el encargado de la casquería: de las listas electorales, de quitar y poner nombres… Ábalos no se metía mucho en eso”, recuerda un miembro de la ejecutiva federal.
El bumerán de la moción
El siguiente momento relevante en al ascenso de Ábalos a los cielos del socialismo llega con la moción de censura contra Mariano Rajoy en junio de 2018. Sánchez le elige para defenderla. Aquella intervención se ha vuelto un bumerán para el presidente del Gobierno. Ábalos instó al resto de la Cámara a no “regalar la impunidad” al PP y no tolerar su “círculo perfecto de corrupción” tras la sentencia del caso Gürtel. “Los españoles no podemos tolerar la corrupción y la indecencia como si fuera algo normal, no podemos normalizar la corrupción”, fue una de las perlas que dejó. “Usted no pasará como un buen presidente de este país. No ha tenido la decencia política de, al menos, dimitir”, le reprochó a Rajoy, pese a que él mismo ha ingresado ahora en prisión sin renunciar al escaño.
Sánchez se planteó dejarle como portavoz en el Congreso tras el éxito de la moción, pero finalmente nombró a Ábalos ministro. Justo lo que el dirigente valenciano quería, casi con independencia de la cartera, según coinciden varios testigos de aquella época. Sánchez decidió repetir la fórmula que José Luis Rodríguez Zapatero había experimentado con José Blanco y antes José María Aznar en el PP con Francisco Álvarez-Cascos. Ábalos reforzó su posición a los pocos meses de aquel primer Gobierno bonito de Sánchez tras la dimisión de Carmen Montón como ministra de Sanidad por irregularidades en un máster. La valenciana había sido la referencia de Sánchez en su provincia hasta que Ábalos acudió a su rescate en 2016.
Las victorias electorales de 2019, la complejidad de la relación con Unidas Podemos en el primer Gobierno de coalición desde la Segunda República y la sucesión de crisis (pandemia, subida de precios por la guerra de Ucrania, erupción del volcán de La Palma…) disimularon las alertas que llegaban. Los periodistas también comentaban cómo parecía quedarse dormido en actos o las entrevistas soñolientas que daba por las mañanas. “Tenía un punto canalla, y hasta pintoresco por elegir como hombre de confianza a Koldo [García], con la estética de un matón de una serie gansteril de Nueva York, pero se le perdonaba. Hay quien se sentía culpable de pensar así porque entendíamos que era un pensamiento clasista, qué cosas tiene la vida. Pero a José Luis se lo perdonábamos porque tenía una gran capacidad de análisis político”, explica un integrante de la guardia original que siempre estuvo con Sánchez.
Cese, recuperación y bomba
Hasta que la vida de Ábalos dio un vuelco el 10 de julio de 2021. Sin previo aviso. Mientras se dirigía a un acto en Ferraz, recibió una llamada para acudir urgentemente a La Moncloa. El entonces poderoso titular de Fomento y secretario de Organización del PSOE fantaseaba con la idea de ser ministro de Defensa —un puesto, en teoría, más tranquilo y manejable—. Pero ni se le pasaba por la cabeza que una remodelación del Gobierno se lo llevara por delante.
Su caída, sin dar explicaciones, fue un shock en el PSOE, donde concitaba una enorme simpatía. Su nombramiento como presidente de la Comisión de Interior del Congreso los meses posteriores acabó con su condición de diputado raso y alivió en parte los rumores. También que repitiera en las listas de las elecciones generales de 2023.
Pero llegó la bomba de febrero de 2024. El caso Koldo explota y el PSOE decide aplicar un cordón de seguridad de inmediato. Sánchez envía a Cerdán a convencer a Ábalos para que entregue el acta de diputado, pero no tiene éxito. El otrora hombre fuerte del Gobierno se revuelve contra su presidente. “Siento que me enfrento a todo. Vengo solo en mi coche, no tengo secretaria, no tengo a nadie detrás”, declara Ábalos para la posteridad en una comparecencia en la que justifica su ingreso en el Grupo Mixto.
Excusas desmontadas
La instrucción judicial ha ido desmontando poco a poco sus palabras y echando por tierra sus excusas. A pesar de que el diputado se esforzó por desvincularse de la prostitución, los audios en el sumario revelaron cómo Koldo García se encargaba, incluso, de buscar a las mujeres con las que el político quería pasar las noches. También se evidenció que ambos habían maniobrado para introducir a distintas mujeres, entre ellas a la que fuera su expareja Jésica Rodríguez, en empresas públicas.
El exministro ha errado los últimos meses como un alma en pena por el Congreso, donde solo acudía brevemente al hemiciclo los días de votaciones. Este jueves no votó. Estaba en el Supremo, otra vez más, jugándose lo que tanto temía: su ingreso en prisión.