Filipinas con EL PAÍS Viajes, un viaje para sentir las perlas del sur
A través de este itinerario, te invitamos a comprender la esencia de un archipiélago que ha sabido reinventarse sin perder su alma
En otoño ponemos rumbo a uno de los destinos más paradisíacos del mundo, Filipinas. Un archipiélago que invita a dejarse llevar, a sentir plenamente la naturaleza y a vivir cada experiencia y cada paisaje como si fuera el último. Esto se hará realidad gracias a EL PAÍS Viajes, que el próximo mes de noviembre de 2026 —concretamente, el día 10 y durante 15 días— ofrecerá a un grupo de viajeros la oportunidad de conocer el archipiélago desde una perspectiva distinta en Filipinas, las perlas del sur. Manila, Laoag, Sagada, Cauayan, Puerto Princesa, Isla Panglao, Bohol, Cebú o Moalboal son algunas de las paradas del itinerario que ha sido diseñado en colaboración con Álvaro Planchuelo, uno de los expertos de EL PAÍS Viajes.
“Desde la Manila amurallada, que guarda historias de navegantes y comerciantes, hasta las cuevas funerarias de Sagada, que susurran rituales ancestrales; desde el silencio verde de Banaue hasta el vértigo azul de Moalboal, donde las sardinas dibujan constelaciones bajo el agua. Cada jornada será un diálogo con la naturaleza y la historia, con la hospitalidad de quienes habitan estas islas y con la belleza que se revela en los detalles”, expresan desde la organización.
Este viaje está diseñado para quienes buscan algo más que un destino y quieren conocer Filipinas más allá de los lugares turísticos y en su mejor temporada, la estación seca, que va de noviembre a mayo. Se trata de una experiencia que te dejará huella, que despertará preguntas y que, al regresar, te hará sentir que has descubierto no solo un país, sino una manera distinta de mirar el mundo. Toma nota, esto es tan solo una pequeña parte de lo que verás en este increíble viaje.
Filipinas, un destino histórico y paradisíaco en el Pacífico Occidental
Con 7.107 islas, Filipinas —la perla del sur— es un destino ideal para aquellos que buscan paisajes insólitos y mucha aventura. No hay que decir, que la biodiversidad del país es una de las más variadas del mundo, con una vegetación fundamentalmente tropical, aunque en zonas montañosas también se encuentren variedades alpinas. Se calcula que existen unas 500 especies de aves y 8.500 de plantas.
¿Sabías que, además, es el 12º país más poblado del mundo? Sus más de 109.000 habitantes, según la Oficina Nacional Diplomática en 2020, se distribuyen en sus tres regiones o grupos de islas principales: Luzón, Visayas y Mindanao, representadas por las tres estrellas en la bandera filipina. Luzón, al norte, comprende las islas de Mindoro, Marinduque, Masbate y Batanes; mientras que Visayas, el grupo central, incluye las islas de Panay, Negros, Cebú, Bohol, Leyte y Samar. Y, Mindanao, incluye el archipiélago de Sulú, que está compuesto por las islas de Sulú, Tawi Tawi y Basilan.
Aunque su capital es Manila, la ciudad más poblada del archipiélago es Ciudad Quezón, con casi tres millones de habitantes. Como podrás comprobar, es imposible conocer Filipinas en un mismo viaje, porque es inabarcable, sin embargo, hay imprescindibles. Cualquier viajero que venga a visitar sus islas, deberá tener en cuenta que tendrá que desplazarse entre ellas, y que eso formará parte de la aventura. Por lo que es indispensable tener un plan trazado previamente y guías que asesoren y conozcan bien el destino.
Qué ver: los imprescindibles
En cualquier viaje a Filipinas no puede faltar una parada en su capital, Manila, la puerta de entrada a un archipiélago que late entre océanos y volcanes. En su caos vibrante y su historia profunda, cruzaremos las murallas de Intramuros, la histórica ciudad amurallada española, donde las piedras guardan el eco de galeones y rezos. Entre patios empedrados y balcones de madera tallada, descubriremos el Fuerte Santiago, la Catedral, la solemnidad barroca de la iglesia de la Inmaculada Concepción de San Agustín —Patrimonio de la Humanidad por la Unesco— y la elegancia colonial de Casa Manila, un museo viviente que muestra el estilo de vida de una familia filipina adinerada a finales del período colonial español.
También merece una visita el Museo Nacional, que nos hablará de los orígenes de la ciudad, mientras el Ayala, deslumbrará con su colección de oro ancestral, testimonio de culturas que florecieron mucho antes de la llegada europea.
Tras la despedida de la ciudad de Manila, el viaje se trasladará a Paoay, al norte de Filipinas, donde visitaremos la iglesia de San Agustín —del siglo XVIII— que es uno de los monumentos Patrimonio de la Humanidad por la Unesco más visitados del archipiélago, y de los mejores ejemplos de iglesias barrocas del país. Aquí también se encuentra la laguna de Paoay, en el Paoay Lake National Park, la mayor en extensión de la provincia.
Vigan con sus calles adoquinadas y casas ancestrales, que parecen detenidas en el tiempo, es una excelente siguiente parada. Esta ciudad, fundada en el siglo XIV y Patrimonio de la Humanidad, representa a la perfección la historia colonial en Asia. Su arquitectura refleja influencias culturales de Filipinas, China y Europa, siendo la ciudad colonial mejor conservada de Asia.
¿Más Patrimonio de la Humanidad? ¡Por supuesto! Banaue, en la provincia de Ifugao, es una joya, es todo con lo que uno sueña cuando viaja a Filipinas. Ubicada en la zona más septentrional de la isla de Luzón, en una región montañosa y lluviosa, presenta un clima cambiante que invita a dejarse llevar. Lo primero que llamará la atención, serán esas montañas vestidas de verde en terrazas que parecen esculpidas por dioses pacientes.
En el itinerario de EL PAÍS Viajes, habrá parada en el Museo de Bontoc, que alberga una variada colección de artefactos y fotos auténticas de las tribus y fue fundado por una misionera belga. En Banaue, a bordo de un jeepney local, se visitará, además, la Aldea Banga-an, un poblado tradicional enclavado en un valle panorámico de terrazas, y se realizará una caminata de veinte minutos por un sendero descendente para conocer la vida cotidiana de los Ifugaos. Antes de marchar al mar, habrá tiempo para contemplar las típicas terrazas de arroz.
¿Qué sería de un viaje a Filipinas sin ver Palawan, la joya verde del archipiélago? Accesible solo desde Manila o Cebú, Palawan es una isla que no debemos perdernos. Con una costa de casi 2.000 kilómetros, presenta un escenario idílico con playas de arena blanca y bosques. Puerto Princesa, la capital, cuenta con el parque nacional del río subterráneo de Puerto Princesa, una maravilla natural protegida por la Unesco. Es conocido por sus formaciones de estalactitas y estalagmitas que se pueden ver en barco. Este magnífico río subterráneo de 8,5 kilómetros desemboca directamente en el mar, siendo una de las redes subterráneas más largas y fascinantes del mundo, de ahí que el recorrido sea considerado una de las “siete maravillas de la naturaleza”.
Port Barton, un tranquilo pueblo pesquero costero con fácil acceso a sitios para practicar snorkel, tortugas marinas y cascadas ofrece una visión distinta, mientras que San Vicente y su impresionante playa de 14 kilómetros de arena blanca y fina —la más larga de todo el país— es un lugar perfecto para quienes buscan evadirse de todo. Esto es lo mejor de Filipinas, que siempre hay un plan alternativo para hacer y su belleza nunca termina.
Desde Palawan, pasando por Bohol y sus famosas Colinas de Chocolate —una formación geológica con 1.268 conos cubiertos de hierba verde— el viaje se dirigirá a la isla de Cebú, el centro de las Bisayas. Esta isla está considerada la versión más pequeña de Manila, con mucho encanto histórico y playas cercanas. Con EL PAÍS Viajes visitaremos el Fuerte San Pedro, la Cruz de Magallanes —que conmemora la conversión al cristianismo de muchos habitantes de las islas al llegar el explorador Fernando de Magallanes—, la Basílica del Santo Niño, el Monumento al Patrimonio y la Casa Ancestral Yap-San Diego; lugares donde se cruzan las rutas de navegantes y las raíces de la fe.
Entre monumentos y casas antiguas, se conocerá la esencia mestiza de esta ciudad que fue puerta de entrada al archipiélago. Una de las últimas paradas de este viaje será la isla Panglao, un lienzo de arena blanca y aguas turquesas, ideal para aquellos que buscan silencio, sol y horizontes infinitos. ¿Acaso hay algo mejor para terminar un viaje?
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