Columna

Las claves

La dimisión de Esperanza Aguirre no solo ha dejado abierta la puerta a unos panegíricos sonrojantes, también a las especulaciones

No han pasado ni 24 horas de la dimisión y ya me entra en el correo electrónico un reclamo publicitario. Me dicen desde la Esfera de los Libros que si me leo la biografía que sobre la presidenta se publicó hace ocho años podré entender las claves de su dimisión. ¡Aquí el que no corre vuela!

El recordatorio del libro no deja de tener su aspecto humorístico, porque esta mujer nos ha dado tanto en los últimos ocho años, sobre todo a periodistas y cómicos, y también nos ha quitado tanto (por desgracia en esto último tiene quien la suceda) que lo comercial desde el punto de vista editorial s...

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No han pasado ni 24 horas de la dimisión y ya me entra en el correo electrónico un reclamo publicitario. Me dicen desde la Esfera de los Libros que si me leo la biografía que sobre la presidenta se publicó hace ocho años podré entender las claves de su dimisión. ¡Aquí el que no corre vuela!

El recordatorio del libro no deja de tener su aspecto humorístico, porque esta mujer nos ha dado tanto en los últimos ocho años, sobre todo a periodistas y cómicos, y también nos ha quitado tanto (por desgracia en esto último tiene quien la suceda) que lo comercial desde el punto de vista editorial sería el anuncio de una segunda parte. Pero lo más inaudito es que los editores nos prometan que entre aquellas páginas encontraremos las claves de por qué alguien que se presentó a unas elecciones, con todo el aparataje propagandístico que eso implica, decide retirarse del cargo un año después de ganarlas. Con el respeto que merece una persona que dimite en un país en el que la dimisión se practica poco, ¿no sería lógico que las claves las proporcionara quien renuncia a su mandato? No deja de sorprenderme que políticos tan admiradores de la derecha americana no copien al menos un rasgo que comparten tanto demócratas como republicanos de aquel país: una sinceridad pública que justifica sus decisiones políticas y vitales.

Para haber sido una mujer que ha hablado siempre tan a la pata la llana hubiera sido deseable menos ambigüedad. De esta manera no solo ha dejado abierta la puerta a unos panegíricos sonrojantes, también a las especulaciones: ¿será que la presidenta quería ser Presidenta y no ha podido? ¿guardará un as en la manga? ¿será que su populismo llevaba camino de ver su cara amarga? Yo no quiero buscar las claves de su decisión ni en un libro ni en las columnas escritas sobre ella. Quiero escucharlas de su boca. Seamos serios.

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