Las empresas turcas se lanzan a la conquista de Europa

En los últimos cinco años, el capital turco se ha lanzado a comprar participaciones en el exterior para compensar la devaluación de la lira y aprovechar los descuentos en empresas europeas en crisis

Estudiantes de Estambul, durante su ceremonia de graduación en mayo de 2017. Murad Sezer (Reuters)

Turquía puede invadir Europa en tres días”, era la provocativa portada de un diario progubernamental turco hace unos meses. Pero más allá de las estridencias nacionalistas típicas de la prensa local —en su mayoría de consumo interno—, se está produciendo una llegada más callada y silenciosa de los turcos a Europa: las inversiones de empresas en el Viejo Continente no han parado de crecer en los últimos cinco años.

La inversión exterior de las empresas turcas ha pasado de estar por debajo de los 2.000 millones de dólares anuales durante la pasada década a situarse en un nivel no inferior...

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Turquía puede invadir Europa en tres días”, era la provocativa portada de un diario progubernamental turco hace unos meses. Pero más allá de las estridencias nacionalistas típicas de la prensa local —en su mayoría de consumo interno—, se está produciendo una llegada más callada y silenciosa de los turcos a Europa: las inversiones de empresas en el Viejo Continente no han parado de crecer en los últimos cinco años.

La inversión exterior de las empresas turcas ha pasado de estar por debajo de los 2.000 millones de dólares anuales durante la pasada década a situarse en un nivel no inferior a 6.000 millones en los últimos cuatro años (con un pico de 9.000 millones en 2014, cuando se ejecutaron varias compras de calado). Y la mayoría de ese dinero va a parar a la Unión Europea, que, pese a los intentos de diversificación del Gobierno turco, sigue siendo con creces el principal socio comercial de Turquía y refugio de las empresas del país euroasiático. De acuerdo con el Consejo de Relaciones Económicas Exteriores de Turquía (DEIK), la inversión extranjera directa (FDI) turca en Europa alcanzó en 2015 los 4.280 millones de dólares, un tercio de la procedente de China, pero un volumen considerable para el tamaño y poderío económico del país.

Destacan el caso de Beko y su matriz Arçelik, una de las primeras empresas en abrir la veda y que se ha convertido en la tercera marca de electrodomésticos más consumida de Europa Occidental —la segunda en Reino Unido— gracias a su apuesta por la gama baja y media y a la agresiva estrategia de adquisición de antiguas y consolidadas empresas europeas: las británicas Leisure y Flavel, la rumana Arctic, la austriaca Elektra o las alemanas Blomberg y Grundig. O la compra de la licencia de operaciones en Europa de la japonesa Sharp por parte de Vestel, otra empresa turca de electrodomésticos que además se ha aliado con Toshiba para expandir su mercado europeo. O la venta de la galletera británica United Biscuits a Yildiz Holding por más de 2.500 millones de euros.

Pero más allá de las grandes operaciones, hay un goteo constante de pequeñas y medianas inversiones, inferiores a 50 millones de euros. En el último lustro se ha registrado una media anual de 45 operaciones de fusión y adquisición por parte de empresas turcas en Europa —hace una década no solían llegar a la decena— y de entre 50 y 60 operaciones de nueva inversión, frente a la mitad que había hace una década. “En años recientes, algunos de estos grupos parecen haber adoptado el patrón de hacer adquisiciones en el exterior regularmente”, explica la división turca de la consultora Deloitte en uno de sus informes anuales.

Pero ¿cuáles son las razones de que, periódicamente, las empresas turcas vayan a hacer la compra en el supermercado europeo? Uno de los principales motivos de la expansión es equilibrar el balance de las compañías matrices en Turquía. Desde la crisis de las divisas de los países emergentes en 2013-2014, la lira turca no ha dejado de caer y ha perdido en torno al 50% de su valor respecto al euro y dólar. “Estas empresas salen precisamente para compensar los riesgos de devaluación”, indica una fuente financiera: “Del mismo modo que las empresas extranjeras que invierten en Turquía incluyen en sus previsiones anuales un 10% de pérdidas derivadas de la devaluación de la lira, las firmas turcas que tienen inversiones en Europa pueden añadir ese 10% pues saben que el euro se apreciará respecto a la divisa en la que calculan”.

Otro factor de la internacionalización de la empresa turca, especialmente hacia Europa Oriental, Rusia, Asia y, cada vez más, Latinoamérica, es asegurarse el control de materias primas y productos semielaborados necesarios para su funcionamiento. La mayor parte de la industria turca es de ensamblaje y poco valor añadido, así que la devaluación de la lira encarece la adquisición de materiales, reduciendo significativamente el margen de beneficios. Un ejemplo es Standard Profil, empresa de componentes de automoción galardonada el pasado diciembre en los Premios de la Cámara de Comercio Hispano-Turca, que ya suministra el 20% de los selladores de automóviles en Europa tras expandir su producción a Bulgaria, Marruecos, China, Sudáfrica, México y España, donde posee cuatro plantas.

“Un creciente número de compañías turcas buscan oportunidades de inversión transfronteriza para acelerar su crecimiento a través de la diversificación de mercado, reducción de costes y adquisición de marca”, recalcaba Deloitte en su informe de 2013, punto de inflexión de la externalización hacia Europa. En lo que va de siglo, la economía turca sólo se ha asomado a la recesión en 2001 y 2009, y aun así ha sumado un crecimiento medio superior al 5,5% anual. En paralelo a este crecimiento las empresas turcas también se han hecho mayores de edad y han comenzado a buscar su sitio en Europa y en el mundo.

La crisis en Europa

Precisamente, la depresión en la eurozona les ha facilitado el trabajo, como señala Deloitte, pues dejó “activos interesantes en muchos países desarrollados a precios reducidos respecto a lo que costaban antes de la crisis económica”. Así, añade la consultora, “mercados bajo fuerte presión financiera como España o Grecia han atraído notable interés”. Buena muestra es el grupo Dogus, con intereses en diversos sectores (es socio de BBVA en el banco Garanti), y que, desde el inicio de la crisis económica, ha aprovechado para expandir sus inversiones turísticas en la Europa meridional: ha comprado puertos deportivos, restaurantes y complejos hoteleros en Grecia, Italia, Croacia, Montenegro y España, como Marina Barcelona 92 (dedicada a la reparación de yates de superlujo), el hotel Villa Magna y varios restaurantes madrileños. O Global Liman, empresa turca que se ha hecho con concesiones de puertos de pasajeros y cruceros en Barcelona (España), Venecia, Ravenna, Cagliari y Catania (Italia), La Valeta (Malta), Dubrovnik (Croacia) y Bar (Montenegro).

No en vano, las políticas desreguladoras y de facilidades a la inversión empresarial llevadas a cabo por el Gobierno de Mariano Rajoy son citadas por DEIK en su informe de 2017 como algunas de las ventajas que ofrece España al inversor turco: “Las reducciones fiscales a las compañías así como la ley laboral modificada a favor del empresario potenciaron las inversiones en 2016. Las inversiones en el sector inmobiliario, las infraestructuras y el pequeño comercio se llevaron la palma. La cercanía cultural a Latinoamérica, así como a la Unión Europea; la existencia de numerosas multinacionales españolas, el boom de los ingresos turísticos, una red de comunicaciones desarrollada y el mercado de las energías renovables ponen a este país de relieve para la inversión”.

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