SONIA Y ENRIQUE | De Madrid a Punta Cana | Estado de alarma | Los viajeros atrapados

"Me han fastidiado la boda de mis sueños"

La chica que se tapa la cara es Sonia. No está ni para fotos ni para charlas. "¿Qué quieres que te diga? Me han jodido la boda de mis sueños". A su lado, Enrique, el novio. Y alrededor las familias: los Alza y los González, de Valencia y de Pamplona. La madrugada del viernes recorrieron carreteras llenas de nieve para llegar hasta aquí. En las maletas, la ropa lista para la ceremonia que preparan desde hace un año: una boda junto al mar, con todos los invitados vestidos de blanco y las palmeras dobladas encuadrando la perfecta foto de recuerdo. Llegaron al aeropuerto de Madrid-Barajas el viern...

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La chica que se tapa la cara es Sonia. No está ni para fotos ni para charlas. "¿Qué quieres que te diga? Me han jodido la boda de mis sueños". A su lado, Enrique, el novio. Y alrededor las familias: los Alza y los González, de Valencia y de Pamplona. La madrugada del viernes recorrieron carreteras llenas de nieve para llegar hasta aquí. En las maletas, la ropa lista para la ceremonia que preparan desde hace un año: una boda junto al mar, con todos los invitados vestidos de blanco y las palmeras dobladas encuadrando la perfecta foto de recuerdo. Llegaron al aeropuerto de Madrid-Barajas el viernes muy temprano. Su vuelo a Punta Cana, con la compañía Iberworld, tenía que despegar a las 10.30. Primero hubo retraso y, después, el parón de los controladores les pilló de lleno.

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Sus maletas se quedaron facturadas en la terminal y ellos se fueron a un hotel de los alrededores sin ropa, comida ni biberones para la enana del grupo, una niña preciosa de año y medio que juguetea encima de los bultos ya recuperados. "Qué te voy a decir, hija, no he podido pegar ojo". A Montse Larrea, la madre de la novia, le caen lágrimas intermitentes. A ella y a su suegro, Jerónimo Alza, que ya no sabe donde ir para que alguien le haga caso. Son ellos quienes cuentan el largo año de ahorro y preparativos de los chicos, la sorpresa del paseo en barco que había para los familiares, la gran fiesta a la que "si dios quiere" a lo mejor les da tiempo a llegar el 8 de diciembre.

Hermanos, cuñados, sobrinos y consuegros se han quedado sin vacaciones de verano este año para volar juntos a Punta Cana (República Dominicana), en un avión del que nadie sabe darles referencias en un mostrador atestado de usuarios a punto de reventar en un motín. "Estamos secuestrados, literalmente tirados porque nadie nos dice nada", protesta Montse. En el mostrador no les dan un justificante por escrito de la cancelación del vuelo. "Necesitamos ese papel, si no, no nos devolverán nada de lo que hemos pagado", reclama Jerónimo.

Al fondo, gritos del resto de pasajeros de Iberworld. AENA dice que ya se puede volar en Barajas pero en el mostrador les informan de que su avión no saldrá. "¡Mentirosos, mentirosos!", grita una pareja. La referencia al vuelo de Punta Cana acaba de borrarse de la pantalla de Salidas. Al filo de las ocho de la tarde, los Alza y los González se suben a un microbús para pasar su segunda noche de hotel en Madrid. Aún no saben si podrán volar o tendrán que volver a casa con la ropa blanca arrugada y el sueño de Punta Cana roto.

Las familias Alza y González en la Terminal 1 de Barajas.C. ÁLVAREZ
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