Editorial:

Danièle Huillet, cineasta independiente

Venecia le premió con un León de Oro

La carrera cinematográfica de Danièle Huillet puede resumirse en su primer gesto público: en 1953 rehúsa analizar el filme Manèges, realizado en 1949 por Yves Allégret. Era una prueba que le abría las puertas a la escuela oficial de cine. Huillet estima que la película es demasiado mala como para perder el tiempo con ella. Ese gesto de exigencia seduce a Jean-Marie Straub, el que desde entonces será su compañero y con el que ha desarrollado una larga carrera cinematográfica.

Danièle, nacida en París en 1936, escribía, producía, realizaba y montaba, siempre con Straub, una serie d...

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La carrera cinematográfica de Danièle Huillet puede resumirse en su primer gesto público: en 1953 rehúsa analizar el filme Manèges, realizado en 1949 por Yves Allégret. Era una prueba que le abría las puertas a la escuela oficial de cine. Huillet estima que la película es demasiado mala como para perder el tiempo con ella. Ese gesto de exigencia seduce a Jean-Marie Straub, el que desde entonces será su compañero y con el que ha desarrollado una larga carrera cinematográfica.

Danièle, nacida en París en 1936, escribía, producía, realizaba y montaba, siempre con Straub, una serie de películas que este año les llevaron a obtener un León de Oro de la Mostra de Venecia por el conjunto de su obra. En la actualidad vivía en Italia, país en el que se habían instalado desde 1969.

Los dos miembros de la pareja Straub-Huillet han sido los paladines de un cine sin concesiones, en el que la cámara tiene un único lugar donde ser emplazada, en el que sólo hay un punto de vista correcto para mostrar una acción, en el que los recursos clásicos de la representación son puestos en cuestión para sólo conservar los imprescindibles, los realmente necesarios al relato. Hoy, cuando para mostrar a un hombre que baja de un coche es posible que el cineasta necesite 6, 8 o 12 planos, los Straub-Huillet lo resolvían todo con 1.

En 1958 la pareja se instaló en Alemania porque él rehusó participar como soldado en la guerra colonial de Argelia. Allí comenzaron, desde 1963, a rodar sus primeros medio-metrajes y largometrajes, adaptando a Heinrich Boll, poniendo de relieve la mal asumida culpabilidad del país, o realizando en 1967 una adaptación del libro Crónica de Anna Magdalena Bach, en la que veíamos al gran organista Gustav Lehonhardt convertirse en Bach e interpretar en directo los temas de los que habla el texto.

Huillet-Straub eran alérgicos al cine entendido como "chicle del ojo". En sus filmes el montaje es raro, las tomas largas, los actores disponen de espacio y tiempo para ser, para convertirse en verdad. Su adaptación de Möses und Aaron, la ópera de Schönberg es uno de los grandes momentos de su cine.

Han adaptado obras de Kafka, Pavese, Mallarmé, Duras, Brecht, Holderlin y otros muchos autores. Marxistas convencidos, reacios a la noción misma de "espectáculo" y favorables a la de "conocimiento", Huillet y Straub son un hito y una historia aparte dentro de la del cine, pese a su poca difusión. Ella estaba enferma de cáncer cuando la muerte la alcanzó la noche del lunes en la ciudad francesa de Chalet. Será enterrada mañana, viernes, en la localidad de Saint-Ouen, a las afueras de París.

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