OPINIÓN DEL LECTOR

Popeye en el ruedo ibérico

Un chiste de Popeye para llorar, porque es real. Sucedido en un lugar de la Costa del Sol.

No sin razón se quejaba Larra de que en este país escribir es llorar. Hágase extensivo a todo lo relacionado con el mundo de los libros. Somos una potencia editorial pero muchos de los llamados a servirla tienen los pies de barro. La pequeña anécdota, que no quiero echar al olvido de la papelera, tiene lugar en una biblioteca municipal. Quería poner a prueba sus fondos y no cabe duda de que toqué fondo. Pregunté al bibliotecario o al que hace las veces de bibliotecario por un libro, cuyo título es...

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Un chiste de Popeye para llorar, porque es real. Sucedido en un lugar de la Costa del Sol.

No sin razón se quejaba Larra de que en este país escribir es llorar. Hágase extensivo a todo lo relacionado con el mundo de los libros. Somos una potencia editorial pero muchos de los llamados a servirla tienen los pies de barro. La pequeña anécdota, que no quiero echar al olvido de la papelera, tiene lugar en una biblioteca municipal. Quería poner a prueba sus fondos y no cabe duda de que toqué fondo. Pregunté al bibliotecario o al que hace las veces de bibliotecario por un libro, cuyo título es el siguiente: José Martínez, la epopeya de Ruedo Ibérico, editorial Anagrama, 2000. Su respuesta, no sé si un tanto surrealista, fue ésta:

-No, de ese tal Popeye no tenemos nada.

-No mire, el título es [trato de simplificar] la epopeya de Ruedo Ibérico.

Transcribe al ordenador: "La popella".

-Pues tampoco hay nada.

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Puede que sea porque soy más sensible a la vergüenza ajena que a la propia, el caso es que no sé que hacer. ¡Cómo va a existir algo con ese palabro no reconocido en diccionario alguno! Quisiera corregirle, pero no me atrevo...

-No mire, es que se escribe con Y y una E delante.

Pero antes me quedo sin libro que decirle eso a un señor bibliotecario. Por fin, para salir del impasse amigablemente me presto a la búsqueda.

-Déjeme probar a mí, a ver si hay suerte.

Mas, a fin de cuentas, tenía razón: No tienen ese libro, ¡qué más da si el autor es Martínez Popeye o el entitulado hace alusión a la "popella" de nuestro metafórico ruedo ibérico!. Fijándome en el nomenclátor del callejero de este afortunado refugio solar debería haber preguntado, pienso ahora, por don Tancredo, el dúo Sacapuntas, el maestro Solano, Marifé de Triana, Marujita Díaz, Manuel Fraga Iribarne o una tal -perdóneseme mi ignorancia- Tona Radely. Dicho sea de paso, sin desmerecer a ninguno de ellos. Estoy convencido de que habría tenido mucha más suerte.

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