CÁMARA OCULTA | CINE

Zafia como la vida misma

La gente va poco al cine porque es demasiado bueno. Ahí está la tele, que, sin truco ni cartón, tan zafia como la vida misma, te deja con los pies en la tierra y sin aliento. Ha escrito aquí Eduardo Haro que el espeluznante espectáculo televisivo sobre los tránsfugas madrileños parecía una mala película. Ni tan siquiera. A un guionista le hubieran rechazado personajes tan inverosímiles y diálogos tan patéticos. Los buenos guionistas enriquecen, recrean, sugieren, son artistas. El reality show de los parlamentarios madrileños, con guión improvisado, ha hecho reír más que Bob Hope, y a la...

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La gente va poco al cine porque es demasiado bueno. Ahí está la tele, que, sin truco ni cartón, tan zafia como la vida misma, te deja con los pies en la tierra y sin aliento. Ha escrito aquí Eduardo Haro que el espeluznante espectáculo televisivo sobre los tránsfugas madrileños parecía una mala película. Ni tan siquiera. A un guionista le hubieran rechazado personajes tan inverosímiles y diálogos tan patéticos. Los buenos guionistas enriquecen, recrean, sugieren, son artistas. El reality show de los parlamentarios madrileños, con guión improvisado, ha hecho reír más que Bob Hope, y a la vez ha transmitido al ciudadano más depresión que el más pesimista de los Bergman. Apostemos. La película que el director sueco estrenará en el próximo festival de Venecia será un himno a la esperanza comparado con lo que hemos visto estos días.

También esta semana, en uno de esos programas de cotorreo y carroñismo, de altura parlamentaria, Carmen Sevilla le ha recordado a Sara Montiel que ya no tiene edad para matrimonios tan raros, y Sara le ha replicado con el consejo de que se preocupe más de la higiene íntima de su anciana madre. El debate de dos leyendas del cine español, en competencia con el de los tránsfugas madrileños. No hay película mala que pueda aspirar a tanto.

El productor de una serie de gran éxito ha comentado en petit comité que había ordenado repetir la filmación de todo un capítulo de esa serie porque les había quedado "demasiado bien", que parecía de cine, vaya, y que la tele no está para semejantes delicadezas. Así lo cree igualmente David Trueba: cada vez que se interesa por una serie, la suprimen para reemplazarla por "un aborto". O por un debate...

¿Debería proseguir Carlos Saura con su película sobre la tragedia de Puerto Hurraco, o filmar en su lugar el empeño del Gobierno extremeño en que no la haga? ¿Qué reflejaría mejor esta realidad? ¿Qué tendría más éxito? Saura ha sido descalificado por el consejero de Cultura extremeño, por mediocre. Hay que joderse. Ahora resulta que el mediocre es Saura.

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