Reportaje:LA PRECAMPAÑA ELECTORAL

Recuerdos de mayo en abril

El último Día de les Corts Valencianes de la legislatura resulta empañado por la cita electoral del 25 de mayo

El 25 de mayo pesó sobremanera sobre el 25 de abril. Los dichos populares siguen la correlación del calendario -marzo ventoso y abril lluvioso- pero los representantes del pueblo se mueven, a veces, entre recuerdos del futuro que alteran los tiempos. Por eso, la fiesta institucional celebrada ayer con ocasión del último Día de las Cortes Valencianas de la presente legislatura resultó algo deslucida a pesar del sol que iluminó la mañana.

Los habituales reconocimientos a personas o instituciones que las Cortes Valencianas conceden anualmente con ocasión de la efemérides de la Batalla de A...

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El 25 de mayo pesó sobremanera sobre el 25 de abril. Los dichos populares siguen la correlación del calendario -marzo ventoso y abril lluvioso- pero los representantes del pueblo se mueven, a veces, entre recuerdos del futuro que alteran los tiempos. Por eso, la fiesta institucional celebrada ayer con ocasión del último Día de las Cortes Valencianas de la presente legislatura resultó algo deslucida a pesar del sol que iluminó la mañana.

Los habituales reconocimientos a personas o instituciones que las Cortes Valencianas conceden anualmente con ocasión de la efemérides de la Batalla de Almansa, que supuso la liquidación de los fueros valencianos en 1707, no se celebraron este año porque la institución está formalmente disuelta debido a la convocatoria de elecciones autonómicas.

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Marcela Miró, que ha presidido el Parlamento autonómico desde 1999, dirigió una breve alocución en la que la emoción personal vibró muy por encima de los fundamentos institucionales. Pasión, energía y utopía desplazaron los habituales retruécanos reglamentistas con los que deslizan las consignas políticas en los discursos institucionales.

El Consell en pleno siguió el discurso en primera línea. Pero hubo ausencias notables en el acto institucional, desde financieros a uniformados, que habían asentado su condición de habituales en pasadas ediciones de la misma fiesta.

Joan Ribó, portavoz de Esquerra Unida, tuvo que ser sustituido por Ángela Llinares en el estrado dispuesto para los miembros de la Mesa y los portavoces de los grupos parlamentarios durante la breve intervención de Miró.

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El candidato de Esquerra Unida a la presidencia de la Generalitat participaba en una conferencia de prensa junto a Joan Brusca, presidente de la Unió de Llauradors, y se presentó en el jardín de las Cortes con unos minutos de retraso.

Francisco Camps, candidato del PP, optó por una visita privada a la presidenta de las Cortes a primera hora de la mañana, unas palabras de alta consideración a la Cámara autonómica recogidas por las agencias de noticias y un notable desprecio al acto institucional. El candidato del PP renunció al himno y al intercambio de saludos y chanzas con sus rivales políticos para asistir a la inauguración de la Feria del Automóvil en Alicante.

"Está cumpliendo con su deber", se desgañitó el disciplinado Alejandro Font de Mora, portavoz del Grupo Popular y director del equipo de campaña de Camps, mientras celebraba la oportunidad de descolgarse durante un par horas del frenético ritmo que mantiene el aspirante del PP para compensar con multitud de breves apariciones su escasa capacidad de seducción.

Tampoco acudió Rita Barberá, alcaldesa de Valencia y número dos de la candidatura autonómica del PP por Valencia, empeñada en vender, una vez más, las bondades de su proyecto del Balcón al Mar.

Joan Ignasi Pla, candidato socialista, acudió puntual y se asentó a la vista de todos rodeado de varios fieles. Su gesto severo delataba lo ajustado de las últimas encuestas electorales.

La posibilidad de que el PP pierda la mayoría absoluta el 25 de mayo arrastrado por decisiones adoptadas por el Gobierno central es un hecho. Más de un cargo popular rogaba para que José María Aznar se deje caer poco por territorio valenciano durante la campaña electoral.

Otro dirigente del PP, como mal menor, apuntaba que la movilización ciudadana contra la guerra beneficiará a Esquerra Unida, no al PSPV. Sólo dos optimistas, obligados por sus puestos, vaticinaban una nueva mayoría absoluta del PP.

Un veterano socialista, desde el otro lado, recurría a una metáfora médica para explicar la actual situación política que atraviesa el PP y repetía con tono de oculista: "La cura va bien, pero ese ojo lo va a perder".

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