FÚTBOL SÉPTIMA JORNADA DE LIGA

El Espanyol y el Celta eclipsan al gol en Sarrià

El eclipse del fútbol en Sarrià fue tan puntual como el astrológico. La diferencia estuvo en que el fenómeno astronómico estribó en la desaparición parcial del sol tras la luna mientras que el futbolístico resultó una desaparición de cualquier vestigio de jugada ofensiva: un eclipse total de las porterías que ocuparon Toni y Dutruel. El Espanyol y el Celta escenificaron un partido con un guión tan preestablecido como apuntaban los antecedentes: cuatro empates desde 1987. La trama estratégica de Castro Santos y Pepe Carcelén resultó una apología a la infertilidad.Los dos equipos se dejaron todo...

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El eclipse del fútbol en Sarrià fue tan puntual como el astrológico. La diferencia estuvo en que el fenómeno astronómico estribó en la desaparición parcial del sol tras la luna mientras que el futbolístico resultó una desaparición de cualquier vestigio de jugada ofensiva: un eclipse total de las porterías que ocuparon Toni y Dutruel. El Espanyol y el Celta escenificaron un partido con un guión tan preestablecido como apuntaban los antecedentes: cuatro empates desde 1987. La trama estratégica de Castro Santos y Pepe Carcelén resultó una apología a la infertilidad.Los dos equipos se dejaron todo su arsenal, su cerebro y su alma en el intento de neutralizarse mutuamente. Las piedras angulares de los dos colectivos, Brnovic y Pralija por los locales y Mazinho y Eusebio por los forasteros, constriñeron su despliegue de talento a cortar por todos los medios cualquier intento de inicio de jugada rival.

El partido quedó anudado en un pañuelo en la zona central. Todo intento de arranque se acuchilló de cuajo. Un ejemplo: el Celta incurrió en un par de fueras de juego cuando el balón era puesto en movimiento por su portero Dutruel. Carcelén volvió a montar un equipo muy balcánico en su medular. Prescindió de Francisco y le otorgó la batuta a Pralija. Si el croata apenas echó leña a la sala de máquinas, la indolencia de Arteaga le valió convertirse en el chivo expiatorio del público, mientras que Bogdanovic salió de forma injusta indemne de la bronca que originó el mal juego y sólo Brnovic se movio como pez en el agua en un dibujo muy propicio para sus cualidades: desmontar pieza por pieza las acciones de estrategia del rival.

El Celta se colgó del tópico. Siendo visitante no se impuso mayor apremio que mantenerse incólume y hacer todo un triunfo del mero paso de los minutos. Y aún así se encontró con las dos mejores oportunidades del partido: un saque de esquina que Gudelj puso en el segundo palo pero que acabó con un cabezazo de Merino desviado cuando estaba sólo ante Ton¡ (m. 38) y un disparo de Javi González que sacó el portero blanquiazul con la manopla (m. 52). El Espanyol dio alguna mínima señal de vida cuando Carcelén empezó a dar entrada a los jugadores de mayor toque pero sólo consiguió como eximió botín una ocasión en un disparo de Lardin (m. 63).

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