Tribuna:

Los Dalton

Un grupo de escritores y periodistas se han echado a la calle utilizando el nombre de los Dalton. Su objetivo declarado, como no podía ser menos, es defender la libertad de expresión, en peligro por los ataques a que el Gobierno y su cinturón financiero-periodístico (en conjunto, Lucky Luke) la someten, a la Pobre.Como escritor vagabundo y solitario, he sentido la tentación de acudir a la llamada en favor de la pobre dama. He supuesto que una banda de canallas no tiene estatutos, que basta con estar en una foto con un premio Nobel y sólo es preciso compartir el odio al justiciero policía.
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Un grupo de escritores y periodistas se han echado a la calle utilizando el nombre de los Dalton. Su objetivo declarado, como no podía ser menos, es defender la libertad de expresión, en peligro por los ataques a que el Gobierno y su cinturón financiero-periodístico (en conjunto, Lucky Luke) la someten, a la Pobre.Como escritor vagabundo y solitario, he sentido la tentación de acudir a la llamada en favor de la pobre dama. He supuesto que una banda de canallas no tiene estatutos, que basta con estar en una foto con un premio Nobel y sólo es preciso compartir el odio al justiciero policía.

¿Me dejarán entrar en la banda? juro odiar a González, Polanco, Pradera y los banqueros que me digan que hay que odiar (¿Conde, Ruiz-Mateos?)

¿Será bastante eso? Puede que me digan que me falta currículo. No he sido censor franquista; no he montado operaciones de prensa que hayan dado resultados de quiebra y hayan aumentado mi patrimonio en cien millones de pesetas; no he confeccionado nunca un manual para detectar comunistas en la agencia Efe; no he sido jefe de prensa de ningún partido político que pagara periodistas bajo cuerda; no he pagado a ninguna condesa para que vaya a la tele a contar cómo ponía los cuernos a su marido, ni a su marido; nunca he cobrado por hacer una entrevista a un político...

Puede que me falte historial. Pero me anima una cosa: entre los fundadores de la banda hay personas que tampoco tienen un historial suficiente. Quizás admitan aprendices con contrato, de formación. Yo creo que sí. Sólo queda por resolver lo de Marbella como sede. ¿Qué voy a pintar yo en Marbella con Gil y Gil de alcalde? ¿Me pagará las dietas? ¿Se empeñará en invitarnos a comer? ¿Qué vamos a hacer un montón de bandoleros en Marbella? No sé si quiero salvar la libertad de expresión a ese precio.

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