Editorial:

Mercado del libro

LAS TRANSFORMACIONES registradas recientemente en el sector editorial -descenso del 4,1%. en la producción de 1989 respecto al año anterior y aumento del 5,7% en las exportaciones- parecen indicar una paulatina adecuación entre la oferta y la demanda, y en ese sentido una mayor racionalización del sector, muy afectado en años recientes por el casi hundimiento del mercado editorial latinoamericano. Esta racionalización del mercado se ha producido pese al compás de espera impuesto, hasta 1992 y dependiendo del consenso entre los países miembros de la CE, a la "legítima aspiración" -en palabras d...

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LAS TRANSFORMACIONES registradas recientemente en el sector editorial -descenso del 4,1%. en la producción de 1989 respecto al año anterior y aumento del 5,7% en las exportaciones- parecen indicar una paulatina adecuación entre la oferta y la demanda, y en ese sentido una mayor racionalización del sector, muy afectado en años recientes por el casi hundimiento del mercado editorial latinoamericano. Esta racionalización del mercado se ha producido pese al compás de espera impuesto, hasta 1992 y dependiendo del consenso entre los países miembros de la CE, a la "legítima aspiración" -en palabras de Semprún- de supresión del IVA para los libros. Pero los males de fondo subsisten.Según estadísticas conocidas, sólo el 41% de los españoles reconoce leer algo en cada trimestre, y en ello se incluyen los periódicos y la publicidad; la asistencia de los españoles a las bibliotecas públicas es por completo ocasional, y los planes institucionales de defensa del libro y de la lectura, anunciados por cada nuevo ministro, consejero autonómico y hasta concejal de ayuntamiento, no sólo son prodigiosamente enclenques y faltos de ambición, sino sistemáticamente olvidados.

No se trata tanto de enriquecer bibliotecas como de hacer que los españoles aprendan que esta posibilidad existe y se acostumbren a utilizarlas. Franceses, ingleses y alemanes, entre otros, han demostrado repetidamente que no es tan difícil: para empezar, no sería mal comienzo imitarles y adoptar la costumbre de crear bibliotecas escolares en cada aula, alimentadas por alumnos que al final de curso recuperan sus libros, con el consiguiente coste nulo para el Estado.

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