Cartas al director

'Kamikazes' futbolísticos

El tema de la violencia en el fútbol es uno de los asuntos que se asoman cíclicamente a las páginas de los periódicos. Normalmente, el otoño es una buena época para ello. Entonces es cuando invariablemente surgen los kamikazes de la escandalera dispuestos a liarla con la inestimable colaboración del buyo de turno, presto siempre a vengar cualquier afrenta deportiva por la expeditiva vía de la patada en la espinilla.Este año, los pescadores en río revuelto han sido dos ilustres profesionales, como los señores Gil y Clemente, habilísimos artesanos de la siembra de vientos y recogida de fi...

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El tema de la violencia en el fútbol es uno de los asuntos que se asoman cíclicamente a las páginas de los periódicos. Normalmente, el otoño es una buena época para ello. Entonces es cuando invariablemente surgen los kamikazes de la escandalera dispuestos a liarla con la inestimable colaboración del buyo de turno, presto siempre a vengar cualquier afrenta deportiva por la expeditiva vía de la patada en la espinilla.Este año, los pescadores en río revuelto han sido dos ilustres profesionales, como los señores Gil y Clemente, habilísimos artesanos de la siembra de vientos y recogida de fiascos, como los sucesivos proyectos atléticos, y la triunfal campaña de Javier en el Español, donde alcanzó las más sublimes cotas de dilapidación, al perder él solito una Copa de la UEFA y mandar luego al equipo a Segunda.

¿Víctimas de la conjura? El perjudicado último de todo es el concepto mismo del deporte, si algo de él puede salvarse todavía de la quema ideológica. Si en el terreno de juego Buyo, Hugo, Futre o las propias tácticas pertinazmente destructivas del señor Clemente intentan instaurar el terror del "todo vale", fuera de él, otros elementos no menos indeseables avivan el fuego de la discordia en un aquelarre digno de Umberto Eco y su péndulo. Me gustaría que mi periódico favorito castigara a esos elementos con el látigo de la indiferencia-

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