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Simeone desnuda los problemas de Flick: sin Raphinha y sin Pedri, no funcionan la presión ni la defensa

El Atlético obliga al Barcelona a una gran remontada y le aleja de la final de la Copa

El primer gol encajado por el Barcelona, tras el fallo de Joan García.Albert Gea (REUTERS)

La última vez que el Barça encajó cuatro goles antes del descanso fue el 14 de agosto de 2020. En Lisboa, en la Champions del año de la pandemia, el Bayern Múnich fulminó al Barça de Quique Setién, con Messi y compañía en el campo, por 2-8. El técnico del conjunto alemán era Hansi Flick. Y en la noche del jueves fue Flick, ahora en el banquillo azulgrana, quien se quedó sin respuesta táctica ante Diego Pablo Simeone en el duelo de ida de la semifinal de la Copa del Rey.

Aunque la sintonía entre el cuerpo técnico y el área deportiva es buena, por momentos excelente, sobre todo en los últimos días, cuando ha comenzado la carrera hacia las elecciones a la presidencia del próximo 15 de marzo —“Tenemos mucha confianza con Deco, estoy muy feliz”, aclara Flick—, desde la dirección deportiva miran con cierto resquemor la fragilidad defensiva del equipo.

El Barça ataca bien, especialmente cuando Lamine anda inspirado, pero se extravía en defensa. Un problema que el alemán no termina de corregir, siempre más pendiente de poner el foco en la presión adelantada como principal argumento para organizar a su equipo en la retaguardia.

Por eso, cada vez que la zaga queda señalada, Flick apuesta por recapitular los ejercicios de presión durante la semana. Es un ciclo que se repite: vuelve a entrenar la presión, se vuelve a quejar cuando no puede contar con Raphinha. “Es muy importante para el equipo”, suele elogiar el técnico azulgrana al brasileño.

Ahora Raphinha anda de nuevo en la enfermería —sufre el tercer problema muscular de la campaña— y su lesión es un misterio. De entrada, el club informó que el 11 tenía una sobrecarga. No parecía nada grave. “Será baja por precaución”, rezaba el comunicado. Han pasado más de diez días y se desconoce cuándo volverá a entrenarse con sus compañeros. “Tenemos que cuidarlo”, se limitó a decir Flick en la previa de la visita al Metropolitano. Para colmo, antes de viajar a Madrid, el alemán también se quedó sin Rashford.

Flick, entonces, tuvo que recalcular. Su idea —así la trabajó en el último entrenamiento— fue sumar a Casadó a la medular, para que Olmo dejara de asociarse con De Jong en el centro del campo y se arrinconara en el extremo izquierdo, la posición de Raphinha. Olmo no estuvo ni cerca de emular a Raphinha. Tampoco Casadó pudo hacer olvidar a Pedri.

Sin Raphinha en ataque ni Pedri al mando en la medular, el Barcelona ni presionaba arriba ni controlaba el balón en el eje. Un caramelo incluso para el ciclotímico Atlético de Simeone. A los sistemáticos errores en la coordinación de la presión y a los fallos al replegarse, los azulgrana sumaron pifias individuales, como el regalo que le dio Joan García tras el pase de Eric García al equipo de Simeone en el amanecer del duelo.

Como no encontraba soluciones, Flick señaló al eslabón más débil: Casadó. Pasada la media hora, el alemán reorganizó el centro del campo y el ataque —las únicas respuestas que acostumbra a encontrar a los problemas defensivos—, con Olmo de nuevo junto a De Jong y con Lewandowski como ariete, para que Ferran se acomodara en el ala izquierda.

Simeone ya había hecho su trabajo. Generó superioridad con Griezmann en el centro del campo y aprovechó los huecos en las bandas con Giuliano y Lookman. La defensa del Barça estaba tan generosa que le dio tiempo y espacio a Julián para que se reencontrara con el gol. El desconcierto era tan grande que hasta los suplentes del Barcelona, que suelen quedarse en el campo durante el entretiempo, enfilaron rumbo al vestuario. Pero Flick volvió a tocar el equipo cuando el Barcelona todavía seguía sin fútbol ni encontraba la rebeldía: entraron Cancelo y Araujo por Balde y Cubarsí.

Nada cambió en el Barça, solo que el Atlético dio por bueno el primer tiempo, cuando le marcó cuatro goles como el Bayern.

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