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Raya para la suma

No hay duda de que la vara está baja y que hay condiciones que podrían favorecer un mejor performance (una economía internacional resiliente y un cobre en registros altos). Pero también es cierto que la suerte no está echada

En los últimos días se acaba de revelar el negativo (en este caso el término aplica a la perfección) de la fotografía que da cuenta del desempeño económico de la Administración de Boric. Las cifras entregadas por el Banco Central, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el ministerio de Hacienda (en conjunto con la Dirección de Presupuestos) muestran una imagen carente de sonrisas y en la que quienes se atreven a impostar una (en este caso las autoridades), lo hacen con poca convicción y fundamentos y sólo esgrimiendo que pese a lo oscuro del registro, en el fondo, durante estos años se ordenó responsablemente la casa y se hicieron cambios que casi aseguran al nuevo Gobierno de José Antonio Kast un mejor resultado, no por lo que puedan hacer, sino que por lo que ellos hicieron.

Los datos hablan por sí mismos. En materia de crecimiento, el registro mensual de actividad, Imacec de diciembre, anotó un alza de 1,7% (sometido a diversas fuerzas al alza y la baja), que neteado para una estimación de PIB anual de 2,3%, amarraría con los tres años previos un crecimiento de la economía de 1,9% para el cuatrienio de la administración saliente, el segundo peor, por décimas, de las últimas décadas, tras el retorno de la democracia.

En empleo, la misma cosa. El Gobierno aparece en su última fotografía anual, con una tasa de desocupación que tercamente se resistió de bajar del 8% en el trimestre móvil octubre-diciembre, añadiendo un nuevo registro pobre en la, a estas alturas desgraciada, trayectoria que ha sufrido el mercado del trabajo por casi tres años, a lo largo de los cuales el piso del 8% se mantuvo imbatible, independiente de la estacionalidad y afectado por una serie de medidas que han tenido impacto en el costo de la mano de obra.

Las cuentas fiscales, por su parte, tampoco permiten sacar ‘cuentas alegres’. El año 2025 terminó nuevamente con un déficit fiscal mayor al previsto por las propias autoridades, según lo informado por el Gobierno, con un saldo negativo equivalente a 2,8 puntos del PIB (peor que el 2% estimado) y en donde nuevamente unos sistemáticos errores de cálculo de los expertos de la Dirección de Presupuestos erraron brutalmente en las estimaciones de ingresos por recaudación tributaria, así como en los gastos. Y por si eso fuera poco, y pese a las persistentes alertas de expertos independientes y del Consejo Fiscal Autónomo sobre la importancia de no traspasar el límite máximo prudente de deuda, en 2025 ésta alcanzó un récord de 43,3% en relación con el PIB, algo no visto desde los años 80.

Eso es lo que muestra el virtualmente último fotograma de una película que no ha tenido nada de suspenso y que, probablemente, los detractores acérrimos calificarán de comedia, pero comedia de equivocaciones. Es cierto que, como en todo, las perspectivas pueden cambiar las apariencias de lo que se observa, pero en este caso aparentemente los datos matan el relato. Se podrán hacer concesiones arguyendo que hubo la intención de hacer ciertas cosas o que todo pudo ser peor. Pero aquello puede ser un rasero pobre para medir los resultados de una administración de Gobierno (sea cual sea).

Las expectativas, con todo, empiezan a mostrar tonos más vivos en las termografías. La confianza empresarial y las expectativas de los agentes económicos comienzan a dar visos de vida (aunque en varias mediciones siguen estando en el terreno del pesimismo), pero muy presumiblemente lo que esos registros están mostrando son lo que usualmente se conoce como el valor presente de posibles flujos futuros.

Todo lo anterior configura un escenario de doble filo. Por un lado, no hay duda de que la vara está baja y que además hay ciertas condiciones que podrían favorecer una mejor performance (una economía internacional resiliente y un cobre en registros altos). Pero también es cierto que la suerte no está echada, que el manejo de las expectativas es un asunto delicado y que no faltarán quienes por táctica, estrategia o convicción (o la suma de las tres cosas) sólo verán y relevarán lo malo.

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