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¿Comportamiento pendular en la segunda vuelta? El origen del voto hacia José Antonio Kast

Si bien se produjo un desborde o vaciamiento del centro político, que terminó decantando a favor de una opción derechista como la de Kast, no sería pertinente subestimar ni desmerecer el desempeño electoral de la candidata oficialista

En la segunda vuelta efectuada el domingo 14 de diciembre, José Antonio Kast obtuvo una holgada victoria frente a la candidata oficialista Jeannette Jara. Kast recibió 7.254.850 sufragios, equivalente el 58,16% de los votos válidamente emitidos, mientras Jara alcanzó 5.218.444, esto es el 41,84%. A simple vista, Kast logró atraer a la totalidad de los votantes que optaron por candidaturas de derecha en primera vuelta, además de una parte de quienes respaldaron a Franco Parisi. Sin embargo, al determinar la procedencia de los votos se observó que tanto Kast como Jara disputaron electores que respaldaron a diferentes candidaturas en la primera vuelta del 16 de noviembre. En otras palabras, no todos quienes se inclinaron por opciones de derecha, en primera vuelta, lo hicieron automáticamente por Kast en el balotaje. Por ende, cabe preguntarse ¿de dónde provino la votación que generó su crecimiento y el resultado diferenciado con la candidata oficialista?

Para responder esta pregunta utilizamos el modelo Iphom disponible en el sofware libre R, tomando como datos los resultados de primera y segunda vuelta distribuidos a nivel de los 28 distritos electorales existentes en el país, sin considerar la votación en el extranjero. Si observamos la totalidad del padrón para el día del balotaje, el porcentaje de quienes se abstuvieron (nulos, blancos o no acudieron a votar), fue superior al de la primera vuelta. Mientras el porcentaje de abstencionistas en primera vuelta llegó al 16,0%, en el balotaje aumentó a un 19,1%. Es por eso que, como lo muestra la siguiente tabla, si se considera la totalidad del padrón, el porcentaje de votos obtenidos por Kast habría sido 47,1%, al mismo tiempo que la votación de Jara alcanzaría tan solo el 33,8%.

Por otra parte, tanto Jara como Kast retuvieron la totalidad de su votación de primera vuelta de acuerdo a lo que muestra el siguiente flujograma (diagrama Sankey). No obstante, la votación obtenida por Parisi en primera vuelta (19,71%) se distribuyó en mayor volumen hacia Kast. En efecto, del total de votos de Parisi, el 33,3% se inclinó hacia Jara en el balotaje y el 55% respaldó a Kast. El 11,7% restante de la votación obtenida por Parisi derivó en abstencionismo. En lo que respecta a la votación de Johannes Kaiser, la totalidad de sus adherentes apoyaron a Kast. En cambio, Jara logró atraer el 30% de la votación de Evelyn Matthei; por su parte, hacia Kast se inclinó el 59% de los electores que en primera vuelta respaldaron a la candidata de Chile Vamos, mientras que el 11% se tradujo en abstención. En tanto, los tres candidatos con menor adhesión en primera vuelta traspasaron la totalidad de su votación hacia la candidata oficialista. Nótese también que la totalidad de quienes se abstuvieron de emitir un voto válido en primera vuelta tampoco lo hicieron en el balotaje.

Si bien se produjo un desborde o vaciamiento del centro político, que terminó decantando a favor de una opción derechista como la de Kast, no sería pertinente subestimar ni desmerecer el desempeño electoral de la candidata oficialista. De hecho, Jara logró también traspasar las fronteras propias de la izquierda y de la centro izquierda, a pesar de su condición de militante comunista, al conquistar a electores que apoyaron a la candidata de Chile Vamos. E incluso tuvo un buen desempeño frente a electores que respaldaron la opción populista de Parisi, quien durante la campaña sostuvo situarse “más allá de la izquierda y de la derecha”.

Aparte de lograr asegurar buena parte de la adhesión de los votantes de derecha, Kast tuvo un mejor rendimiento que Jara frente a esa forma de populismo que subyace a la candidatura de Parisi. En tal sentido, conseguir poco más de la mitad de los votos de Parisi se transformó en condición necesaria para que Kast pudiera asegurar una holgada victoria y, al mismo tiempo, evitara la llamada “derrota digna” de la candidata oficialista —entendiendo por tal, votación en torno o superior al 45%.

En base a lo anterior, se podría decir que existió una “pulsión natural” de los adherentes a Parisi a inclinarse luego hacia opciones de derecha, extrema o radical si se prefiere. Esto debiese ser un antecedente a tener en cuenta para anticipar cómo se podrán comportar aquellos parlamentarios electos por el Partido de la Gente (PDG), a partir del próximo 11 de marzo.

Kast se impuso de manera holgada y al mismo tiempo se transformó en el presidente más votado de la historia política de nuestro país. Con el volumen y el porcentaje obtenido en el balotaje sobrepasó los umbrales de la derecha en elecciones anteriores, como las que permitieron los triunfos de Sebastián Piñera en 2010 y 2017, y en especial la votación de Pinochet en el plebiscito de 1988. Con todo, habrá que ver si logra mantener o incrementar el 47,1% de votación (sobre el total del electorado) en cifras de aprobación a su gestión presidencial, particularmente durante el primer año de su mandato.

Como consideración final, los datos aquí analizados vuelven a contradecir la hipótesis acerca de la existencia de un comportamiento pendular del electorado chileno. Sólo se produjo un traspaso menor desde las candidaturas de Kaiser y Matthei hacia la candidatura oficialista; la mayoría de los votos reprodujeron las preferencias observadas en primera vuelta, incluido el abstencionismo. De manera adicional, es factible pensar que el clivaje autoritarismo-democracia, predominante por más de dos décadas, terminó siendo desplazado, tal como lo señalaron destacados analistas y politólogos tras ser conocidos los resultados de la elección.

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