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Inteligencia Artificial
Tribuna
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Boric, la Inteligencia Artificial y aquellas muchachas de España

Es preciso establecer consensos multilaterales para dar un marco ético al desarrollo de estas nuevas tecnologías y, desde ahí, dar también un marco ético al uso de las transformaciones digitales

Gabriel Boric. Inteligencia artificial
El presidente de Chile, Gabriel Boric, habla durante una sesión del Consejo Permanente de la OEA, en Washington (EE.UU.).Lenin Nolly (EFE)

En su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente Gabriel Boric planteó tres desafíos que enfrenta la comunidad internacional y su acción compartida en el siglo XXI: uno, poner al día la democracia con otra percepción de las búsquedas y aspiraciones de los ciudadanos; dos, la crisis del cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad; tres, el cambio tecnológico y la transformación profunda que trae a todas las sociedades contemporáneas porque solo es comparable con la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII. Y a este tercer tema al cual entró desde una visión directa y humana, convocando a pensar la trascendencia de esta transformación global desde un incidente registrado en Almendralejo, una localidad de Extremadura, en España.

Allí, ante los representantes de países de todos los continentes dijo: “Hace poco veíamos como en un pueblo en España una madre denunciaba a unos jóvenes que habían utilizado inteligencia artificial para desnudar a sus compañeras de clase, mancillándoles no solo la honra, sino también su derecho a ser persona, a tener integridad, a tener privacidad”. Lo dijo para reforzar la urgencia de ver en todas sus dimensiones los alcances del cambio digital que –antes de haberlo pensado en sus grandes alcances –“está cambiando, de forma drástica, nuestra manera de relacionarnos, nuestra manera de pensar, de producir, de trabajar”.

Once muchachas adolescentes denunciaron en España la circulación de fotos suyas desnudas elaboradas con una aplicación de inteligencia artificial, ClothOff, una app utilizada para “desnudar” bajo el eslogan Undress girls for free, es decir Desnuda a chicas gratis. Por cierto, es una aplicación capaz de producir fotomontajes de gran realismo, capaz de mostrar personas sin ropa si estas no portan abrigo. El incidente provocó un fuerte debate en España, la ministra de Justicia, Pilar Llop, señaló que no puede haber impunidad “aunque se trate de imágenes manipuladas”.

Probablemente esa noticia quedará atrás en la ebullición noticiosa de cada día. Pero instalada como referencia en el discurso del presidente chileno se convierte en punta de iceberg que llama a hacerse muchas preguntas. Algunas son sobre la macro tendencia que irrumpió en el devenir de la humanidad donde la Inteligencia Artificial cruza fronteras desafiando sobre las consecuencias de su poder a científicos, pensadores y políticos. Otras preguntas son aquellas de millones de seres humanos que, desde su vivir cotidiano, acumulan incertidumbres ante la nueva realidad emergente. Y vuelven, como en otros momentos de la historia, los tiempos del asombro unido al temor, los tiempos de entusiasmos por el gran salto hacia una nueva era unido a la perplejidad por no saber cómo manejar lo que viene.

“Cada gran transformación tecnológica siempre ha sido en la historia de la humanidad una gran oportunidad para construir sociedades más justas, pero también si lo hacemos mal, puede ser fuente de nuevas injusticias”, dice Boric. Y, en este contexto, determina dos niveles de acción que estarán cada vez más presentes en nuestra política exterior en las décadas futuras: a) establecer consensos multilaterales para dar un marco ético al desarrollo de estas nuevas tecnologías; b) desde ese consenso dar también un marco ético al uso de las transformaciones digitales, como es el caso de la Inteligencia artificial.

Chile tiene méritos para asumir la tarea de contribuir a pensar lo que viene. Ahí están los avances en las diversas jornadas del Congreso del Futuro que, desde hace más de una década, es momento de convocatoria a científicos de todos los continentes para dar bases al conocimiento de lo que trae el siglo XXI en transformaciones y avances. Pero, como lo hacemos desde Chile, siempre ha tenido como eje una pregunta, la misma que se hermana con la de Neruda ante Machu Pichu: ¿y el ser humano, en medio de esto, ¿dónde está?

“La democracia se está regenerando en infocracia”, dice el filósofo coreano Byung-Chul Han. Y esa afirmación, en uno de sus recientes libros de ensayo, asoma como trasfondo en el discurso del presidente Boric. Porque la referencia a este tercer punto –el científico tecnológico– adquiere todos sus alcances de futuro cuando se le cruza con el primero: el de la democracia. Lo ocurrido con las jóvenes de Almendralejo es solo un apunte frente a lo que ya puede producirse con ribetes de verdad. Por ejemplo, una personalidad política, científica o artística que podemos ver con su figura, su rostro, su voz, diciendo un discurso que nunca dijo en realidad. Es más, la figura de alguien ya fallecido –caso de Victor Jara– que aparece en las redes cantando una canción que nunca grabó ni cantó personalmente. Pero allí está su voz, su tono, su tipo de música.

Según el coreano Han, existe una estirpe que concibe todo el devenir futuro en torno de la fuerza de los datos. Los llama “dataístas” y dice que estos viven convencidos de que, por primera vez en la historia, la humanidad dispone de los datos que les permitirán un conocimiento total de la sociedad. Y, en consecuencia, dice “los dataístas imaginan una sociedad que puede prescindir por completo de la política”. Es más, la política puede llegar a ser sustituida por una práctica de administración de la sociedad, “una gestión de sistemas basada en datos”.

Es en ese contexto que adquieren toda su fuerza las palabras del presidente Boric cuando subrayó este tema como uno de los tres grandes desafíos del futuro para el mundo global. Y, al mismo tiempo, la urgencia de inscribir esta realidad en un área fundamental de su pensamiento político: “Requerimos un marco que incorpore la perspectiva de derechos humanos a la investigación e innovación tecnológica, considerando el resguardo y fomento de la libertad y la dignidad de las personas y los pueblos, así como las necesidades del desarrollo sostenible”. Una tarea donde Chile, señaló, puede ser un referente latinoamericano “de cara al futuro de la Inteligencia Artificial”.

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