‘Resident Evil Requiem’ y la genialidad de los hospitales atestados de monstruos
La nueva obra de Capcom recoge algunos de los mejores hallazgos recientes de la saga, pero desperdicia la oportunidad de terminar por todo lo alto
Puntual a su cita, la desarrolladora Capcom acude un febrero más con un nuevo juego. Y, para seguir con las buenas costumbres de los últimos años, entrega de nuevo un juegazo. Esta vez, de su saga estrella: hablamos de Resident Evil Requiem, la novena entrega canónica de la franquicia de zombis más famosa de la historia de los videojuegos. De nuevo, nos encontramos ante un gran juego de una saga que, tras pasar una temporada por el desierto con su quinta y sexta entregas (2009 y 2012), remontó el vuelo con la séptima (2017), alcanzando un renacimiento de calidad que desde entonces no ha...
Puntual a su cita, la desarrolladora Capcom acude un febrero más con un nuevo juego. Y, para seguir con las buenas costumbres de los últimos años, entrega de nuevo un juegazo. Esta vez, de su saga estrella: hablamos de Resident Evil Requiem, la novena entrega canónica de la franquicia de zombis más famosa de la historia de los videojuegos. De nuevo, nos encontramos ante un gran juego de una saga que, tras pasar una temporada por el desierto con su quinta y sexta entregas (2009 y 2012), remontó el vuelo con la séptima (2017), alcanzando un renacimiento de calidad que desde entonces no ha abandonado.
Lo primero que salta a la vista es que la compañía japonesa construye en esta novena entrega un puzle armado con las lecciones mecánicas aprendidas de las últimas entregas. Es decir, el survival horror en primera persona en el que el personaje se va empoderando poco a poco a medida que rapiña armas y recursos (importada del Resident Evil 7) y la acción expeditiva en tercera persona con variedad de armas (sublimada en los remakes del 2 y del 4). En Requiem esas dos mitades están representadas por los dos personajes principales, Grace y Leon, y fingen intercalarse durante su primera mitad (en su mayor parte, situada en un hospital infestado de zombis —y otros terrores— protagonizado por Grace), para abrazar sin complejos el espectáculo de acción urbana y desenfrenada en su segunda mitad, cuando Leon toma la batuta.
Por decirlo rápido, todo funciona en Requiem. Faltan más puzles marca de la casa y a la mitad de la audiencia le gustará inevitablemente una de las dos partes más que la otra, pero todo lo que hay marcha como un reloj suizo. A quien esto firma le convence más la primera parte, porque el viaje desde el desamparo de la chica que solo puede blandir un mechero en medio de la oscuridad de los pasillos del hospital en penumbra hasta el manejo de la situación conforme vamos desbloqueando armas y mejorando atributos está más engrasado que nunca. Además, es donde mejor funciona eso que podríamos llamar edificio Resident Evil: ese nivel que funciona como un gigantesco puzle tridimensional, como una scape room mortal. Pero el espíritu jubilosamente arcade de la segunda mitad, con sus explosiones, sus misiles, sus carreras de motos y sus hordas de zombis, hay que reconocer que es igualmente disfrutable.
Dicho lo cual, no hay ver solo la parte más luminosa del juego. La primera parte es tenebrosamente terrorífica y la segunda conjuga la acción mucho mejor que otras entregas, pero lo cierto es que el juego se deshincha en su parte final. Hablamos de la última parte del último tramo, es decir, lo que envuelve a los tramos finales y el último enemigo a batir. Es en ese momento cuando el jugador comprende que, a pesar de que los mimbres jugables son solidísimos, la estructura narrativa del juego es mucho más endeble de lo que pudiera parecer en un primer momento: la historia de Grace, Leon y el antagonista queda resuelta de forma demasiado rápida y parece que lo que más importe a Capcom sea asentar las bases narrativas de la próxima entrega, más que cerrar de forma contundente el argumento de esta. Esto es comprensible (al fin y al cabo, estamos hablando de una saga de juegos que ante todo debe de preservar el advenimiento del siguiente juego) pero es imposible desembarazarse de la sensación de que un juego tan bien planteado en sus mejores partes merecía un final a su propia altura.
Con todo, estamos ante una de las grandes experiencias lúdicas de 2026, ante un juego que seguro se cuela en las quinielas de las mejores obras del año y ante uno de los mejores vástagos de su propia franquicia. Si por calidad e influencia en lo más alto de la lista podemos poner el remake del 2, el 4 y la primera mitad del 7 (y ojo que hablamos no solo de lo mejor de la saga Resident Evil, sino de parte de lo mejor de su género en toda la historia de los videojuegos), este Requiem se queda en un estupendo segundo escalón, algo por encima de Village. Aunque no termine de rematar la faena, no es un logro nada desdeñable.