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El hip hop, ante su crisis de la mediana edad

El fin de la gira global de Kendrick Lamar y SZA ha dejado un vacío en el género musical más relevante de este siglo. A falta de una figura que coja el relevo, 2026 abre con pocas ventas y poca creatividad

Varios miembros de Denzel Curry & The Scythe.MUSICASUSUAL

El 11 agosto de 2023 se cumplían 50 años de aquella mítica fiesta organizada por Dj Kool Herc en el Bronx, considerada como el origen del hip hop. Coincidiendo con el aniversario se sucedieron eventos, artículos, hilos en X y posts en Instagram que celebraban no solo el legado de una de las expresiones culturales más importantes de la historia, sino que certificaban que el hip hop —tanto sus manifestaciones m...

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El 11 agosto de 2023 se cumplían 50 años de aquella mítica fiesta organizada por Dj Kool Herc en el Bronx, considerada como el origen del hip hop. Coincidiendo con el aniversario se sucedieron eventos, artículos, hilos en X y posts en Instagram que celebraban no solo el legado de una de las expresiones culturales más importantes de la historia, sino que certificaban que el hip hop —tanto sus manifestaciones musicales como las estéticas e incluso las sociopolíticas— se había convertido en un discurso casi hegemónico. Desde el río hasta el mar. Desde las calles de Los Ángeles hasta las pasarelas de París. Ese 2023 lanzaron álbumes maravillosos Killer Mike, Danny Brown, Slowthai, Billy Woods, Armand Hammer, Noname… El género seguía subido a la ola que en la década anterior había arrasado con cualquier tipo de competencia por el trono de la dominación cultural global. Nadie comparaba pantalones pitillo.

Han pasado dos años y medio desde aquel aniversario, y el hip hop ha perdido un 24% de cuota de venta en la industria musical, su parte del pastel del streaming se ha reducido al 19% y más de la mitad de estas escuchas provienen de lanzamientos antiguos. Hace unas semanas, el medio especializado Complex reclamaba el advenimiento de un nuevo salvador, un prócer que siguiera los pasos marcados este siglo por Eminem, Jay Z, Kanye West y Kendrick Lamar. Este último fue en 2024, con su éxito global ‘Not Like Us’ —clímax de su mediático beef con Drake— y su brillante álbum GNX, el artista que había sostenido casi en solitario la relevancia comercial y socialmente transversal del hip hop. El año pasado, su gira Grand National, junto con SZA, fue un evento global que facturó 360 millones de dólares. Pero el día que se bajaron del escenario de su último show en Sídney el pasado 11 de diciembre, el bajón fue absoluto. Y ahora, ¿qué?

Poco. Poca coherencia. Poca inventiva. Pocas ventas. Hasta Kendall Jenner, gran valedora del género en los círculos del glamour caucásico y las ensaladas de kale, declaraba que hacía tiempo que ningún rapero la emocionaba. La escena se ha ensimismado de tal modo que hace unas semanas el mítico 50 Cent advertía de que en Nueva York pronto habría más podcasters tratando temas hip hop que raperos. Un poco como en el periodismo, donde parece haber tres agencias de comunicación por cada medio de comunicación.

Así pues, 2026 ha arrancado con una ecléctica propuesta cuya única similitud con eras de éxito recientes es que todo lo que está viendo la luz parece una versión algo escuálida de lo que hemos vivido los últimos 15 años de gloria. El hip hop se comporta hoy como aquel señor que cumple los 50 y decide que va a volver a hacer todo aquello que le hizo feliz cuando tenía pelo, las articulaciones bien engrasadas y las resacas se arreglaban con una cerveza y un Alka Seltzer. Cuando pensaba que le gustaba un poco a alguna amiga de su hija. El problema es que una cosa es querer repetir lo que te hizo feliz y otra es lograrlo. No ya ser feliz, sino simplemente repetir.

Para empezar el año, J Cole lanzó hace unas semanas The Fall-Off, un doble disco que se define por la ambición y a la vez la futilidad. Curiosamente, ambas cosas propuestas por su creador, que ha vuelto a amenazar con la retirada. Han pasado 12 años desde que su magnífico 2014 Forest Hills Drive le convirtiera en uno de los raperos más exitosos e interesantes (por entonces aún se podían ser las dos cosas a la vez) de la escena. Sus lanzamientos posteriores han sido recibidos por la crítica de forma tibia. Esta nueva referencia llega marcada por un conato de pelea con Kendrik Lamar del que sensatamente se apartó cuando vio lo que el autor de Damm le estaba haciendo al pobre Drake, que entró en la batalla creyéndose Dubái y salió siendo Alepo. Atrincherado en su psique, ha despachado un álbum que, como casi todas las obras de este tamaño alterna lo sublime con lo traslúcido (ver: la Sagrada Familia). Parece querer ese trono vacante. Parece que no se va a sentar en él.

Otra gran figura de estos últimos años, Denzel Curry, publicará la semana que viene el primer mixtape de The Scythe, un supergrupo que el rapero de Miami ha montado con A$AP Ferg, Bktherula, TiaCorine y Key Nyata. El disco recoge el legado de ‘Still in the Paint’, la colaboración de Curry con Bktherula de hace un par de años, y lo lleva hasta ese cruce único entre trap y punk que el autor de Zuu lleva años construyendo y que le ha convertido en una de las pocas voces especiales y realmente combativas que le quedan al mainstream. Es poco probable que alcance el éxito del otro gran supergrupo de este siglo, Run The Jewels, pero, de momento, marzo es suyo. Más que nada porque, aparte de J Cole y Curry, de momento el año viene con mensajes poco estimulantes, como la enésima confirmación de que A$AP Rocky ha sido y será un rapero de peso ligero y paso dubitativo. Sus intentos por dotarse de algo parecido a la versatilidad en este nuevo álbum, Don’t be Dumb, redundan en un eclecticismo estomagante. Su relevancia sigue circunscrita a las semanas de la moda y los reels de Rihanna.

Arriesgado incluso en su tránsito por distintos estilos y épocas, pero algo más logrado es el e.t.d.s. de IDK, que, aparte de ser un infierno de teclear, es un mixtape en el que se toca desde el rap metal hasta el trap más autotuneado, con notables colaboraciones de Black Thought o No ID y un relato que narra la secuencia de acontecimientos que llevaron a que le cayera una condena de 15 años de cárcel por robo a mano armada.

Más innovador es el My Ghosts Go Ghost de By Storm, que está tan cerca del hip hop más experimental como de FKA Twigs o Anohni. Tiene ideas y momentos, pero a veces cae en ese cliché de buscar la originalidad copiando a lo que ha sido recientemente bendecido como original. Así las cosas, el mejor disco de hip hop de 2016 salió el 12 de diciembre de 2025, se titula Light Years, ha tardado décadas en completarse y lo firman dos tipos de más de 50 años llamados Nas y Dj Premier. Un disco maravilloso y una pésima señal. Cualquier fan del rock ha estado aquí y lo puede confirmar.

The Fall Off 

J. Cole 
Interscope / Universal

Don’t Be Dumb 

A$AP Rocky 
RCA / Sony

My Ghosts Go Ghost 

By Storm 
deadAir

e.t.d.s. 

IDK 
Broke

Strictly 4 the Scythe 

Denzel Curry & The Scythe  
Loma Vista / Music as Usual

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