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Desigualdad y violencia

Aunque todos deseamos que mermen las diferencias sociales, excluir al sector privado y defender la violencia como un camino reivindicativo es equivocado y contraproducente

La desigualdad es odiosa. Corregirla o disminuirla es lo que desea todo el mundo. Solo existen dos caminos para enfrentarla. En la primera, el Estado asume la totalidad de la responsabilidad, sin participación del sector privado. En la segunda, el Estado y los privados se juntan para crear Alianzas Público Privadas (APP), que por encima de cualquier propósito lo que buscan es una may...

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La desigualdad es odiosa. Corregirla o disminuirla es lo que desea todo el mundo. Solo existen dos caminos para enfrentarla. En la primera, el Estado asume la totalidad de la responsabilidad, sin participación del sector privado. En la segunda, el Estado y los privados se juntan para crear Alianzas Público Privadas (APP), que por encima de cualquier propósito lo que buscan es una mayor productividad. Si el Estado llega a eliminar la capacidad del sector privado para manejar recursos públicos, la eficiencia y la productividad, las posibilidades de fracasar son inminentes, aunque haya Gobiernos, como el actual, que consideran inaceptable e inconveniente que los privados obtengan utilidades del manejo de los recursos públicos. No es sino mirar la experiencia en otros países para demostrar cuál de los sistema es exitoso y cuál no.

El periodista Javier Moreno, varias veces director del periódico EL PAÍS de España y América, sostiene que lo que más afecta a América Latina es la tríada conformada por la democracia, la desigualdad y los altos índices de violencia. Agregarle a la desigualdad la justificación entre paréntesis de la violencia es lo más equivocado y contraproducente. Algo así como que los pobres acuden a la violencia para mejorar su situación de pobreza. Eso es lo más injusto. Los pobres lo que piden es justicia para tener seguridad y salud, y, después de asegurado lo primero, educación. El propio Moreno aboga por la importancia de sustituir la violencia por el voto: “En Colombia, el número de participación rozaba el cuarenta y tantos por ciento, o sea la mitad de la población; probablemente los sectores mas desfavorecidos de las zonas rurales, o simplemente los pobres no votaban. Siempre les decía a mis amigos colombianos: si aparece alguien que sea capaz de canalizar esa desesperación, quien traduzca eso en votos, ganará la presidencia”. Creo yo que eso fue lo que logró Petro en 2022 y que ahora debe servir para convencer a la opinión de castigar a Petro, quien fracasó: no les dio a los colombianos la seguridad y la salud, en lista de espera para desaparecer.

Todos los expertos coinciden en que lo principal es seguridad y salud. “América Latina puede ofrecer mucho, pero hay una serie de pasos imprescindibles que se tienen que tomar antes de que ese potencial pueda florecer. Lo primero es la seguridad jurídica y luego la seguridad a secas….. Para que las empresas extranjeras puedan integrar a América Latina de forma eficiente en un mercado globalizado que aporte valor y riqueza a todos, se necesitan estas dos seguridades”. La violencia es producto de los agitadores que saben aprovecharse de las necesidades de los demás, sobre todo de los pobres que son carne de la ambición de los agitadores.

El enemigo de los pobres es la inflación. Como dice el premio Nobel de economía, Michael Spence: por primera vez desde el principio de la década de los ochenta, vivimos en un entorno significativamente inflacionario. Los bancos centrales culparon en gran medida a los bloqueos transitorios de la oferta provocados por la pandemia. Pero incluso cuando esos bloqueos desaparecieron, las tendencias seculares que limitaban la oferta se mantuvieron, por lo que los principales bancos centrales se vieron obligados, tras un comienzo tardío, a implementar la serie de tasas de interés más pronunciada y rápida de los últimos 30 años, lo que demuestra que fue en todas partes y no solamente en Colombia.

A pesar de los obstáculos en la oferta, existen innovaciones científicas y tecnológicas que podrían producir un aumento de la productividad y respaldar el progreso, como la atención de salud y la educación.

Se necesitan instituciones multilaterales reformadas y bien capitalizadas para organizar la respuesta global a los desafíos globales. Si la pobreza conduce a la violencia el mundo sería ingobernable.

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