La democracia colombiana está en su punto más débil en dos décadas

El país desciende cinco puestos en el Índice Global del Economist Intelligence Unit y se acerca a caer de la categoría de “democracia imperfecta” a la de “régimen híbrido”

Colombia ha descendido a la calificación más baja que ha tenido en el Índice de Democracia, publicado por la unidad de inteligencia de la revista británica The Economist, desde que se lleva el registro en el año 2006. El país bajó cinco puestos entre los 165 Estados independientes y 2 territorios estudiados, ubicándose en la casilla 60. El puntaje cayó en 2024 y acerca al país a pasar de ser formalmente una “democracia defectuosa” para ser catalogado como un “régimen híbrido”. El informe global, revelado este jueves, muestra un retroceso general de la democracia en el mundo, como revela su nombre, ¿Qué está mal con la democracia representativa? En ese contexto, la democracia colombiana es una de las que más retrocedió.

El Índice de Democracia, que califica en una escala de 0 a 10, agrupa indicadores que miden el desempeño en cinco categorías: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles. De acuerdo con los resultados, cada país se clasifica como “democracia plena”, “democracia defectuosa”, “régimen híbrido” o “régimen autoritario”. Colombia cayó de 6,55 puntos en 2023 a 6,35 en 2024. Se trata de una de las 15 caídas más grandes, y en América solo se ha debilitado más la democracia de Jamaica.

El mal resultado colombiano se concentra en dos de los componentes, La cultura política, que refleja el apoyo que tiene la democracia en un país, se desplomó de 3,75 a 3,13; el funcionamiento del gobierno, que mide percepciones como las de transparencia o funcionalidad de las instituciones políticas, se redujo de 6,07 a 5,71. En contraste, el país se mantuvo igual en las tres categorías restantes, las de proceso electoral y pluralismo (9,17), libertades civiles (7,65) y participación política (6,11).

Colombia siempre se ha mantenido en el grupo de democracias defectuosas. Las democracias defectuosas son aquellas que tienen elecciones libres y justas y, aunque hay problemas como violaciones a la libertad de prensa, señala el informe, se respetan las libertades civiles básicas. Sin embargo, en general suelen tener debilidades significativas en otros aspectos de la democracia, como problemas de gobernanza, una cultura política débil y bajos niveles de participación política. La calificación más alta del país fue de 7,19 en la medición de 2019, tras cinco años de permanente repunte en el que hubo un plebiscito, un acuerdo de paz y un recambio político pacífico en las elecciones nacionales de 2018.

Con el puntaje de 2024, Colombia ha quedado a escasos puntos de entrar en el grupo de regímenes híbridos, en el que la presión del gobierno sobre los partidos y candidatos de oposición es alta. “Las debilidades graves son más frecuentes que en las democracias defectuosas: en la cultura política, el funcionamiento del gobierno y la participación política. La corrupción tiende a ser generalizada y el Estado de derecho es débil. La sociedad civil es débil. Por lo general, hay acoso y presión sobre los periodistas, y el poder judicial no es independiente”, indica el reporte.

De los 24 países de América Latina y el Caribe incluidos en el índice, 17 registraron una disminución del puntaje, cinco mejoraron sus puntajes y dos no registraron cambios. Solo Uruguay y Costa Rica fueron incluidos entre los países con “democracias plenas”, mientras Haití, Cuba, Venezuela y Nicaragua están clasificados como “regímenes autoritarios”.

La calidad de la democracia en América Latina y el Caribe se redujo por noveno año consecutivo en 2024, según el informe. El puntaje promedio del índice regional cayó de 5,68 en 2023 a 5,61. Pese a ello, la región sigue siendo la tercera más democrática del mundo, después de América del Norte y Europa occidental.

El deterioro de la calidad de la democracia en estos países es el resultado de desafíos sociales y políticos tanto antiguos como nuevos. “La distribución del ingreso en la región es la más desigual del mundo, y el crecimiento económico anémico de los últimos años ha generado frustración pública con el establishment político y ha alimentado la polarización política”, remarca el documento. “La débil cultura política de la región se expresa a menudo en apoyo a líderes de mano dura que prometen soluciones simples a problemas complejos y, en el proceso, debilitan los controles y contrapesos institucionales”, agrega.

A nivel global, el marcador total cayó de 5,23 a 5,17, alcanzando su nivel más bajo por los retrocesos en todas las regiones, con excepción de Europa occidental y Norteamérica. En el ranking, que lideran Noruega, Nueva Zelanda, Suecia, Islandia y Suiza, 60 países, que suman el 39,2% de la población mundial, están clasificados como regímenes autoritarios; 46 países, el 38,4% de la población mundial, como democracias defectuosas, 36 países que suman el 15,7% de la población mundial son regímenes híbridos y 25 países, 6,6% de la población mundial, son catalogados como democracias plenas.

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