Temporadas cortas, parones eternos
Hubo un tiempo no muy lejano en el que los calendarios televisivos eran más rígidos que el calendario litúrgico: las ‘networks’ cuidaban la relación que se establecía entre los espectadores y sus series favoritas. Ya no es así
Muchos recordarán Aulas vacías, corazones llenos, la parodia que hacían dentro de Siete vidas de Al salir de clase, la serie en la que actores talluditos interpretaban sin ningún rubor a adolescentes. Pues bien, durante los más de cuatro años que ha durado el parón de ...
Muchos recordarán Aulas vacías, corazones llenos, la parodia que hacían dentro de Siete vidas de Al salir de clase, la serie en la que actores talluditos interpretaban sin ningún rubor a adolescentes. Pues bien, durante los más de cuatro años que ha durado el parón de Euphoria, desde febrero de 2022 a su inminente regreso el lunes que viene, he fantaseado en varias ocasiones con que su creador, Sam Levinson, se marcara su propio Aulas vacías, corazones llenos y en esta nueva entrega mantuviera a Zendaya y compañía en el instituto. Para medio pelo, ninguno.
Los motivos que han alargado tanto este hiato son coyunturales: la huelga de guionistas de 2023, que se sumó al retraso en la escritura cuando Levinson asumió que quería diseñar un salto temporal, unido a ciertas desavenencias con HBO, que además dio la libertad a su reparto —algunos de los actores más codiciados— para embarcarse en otros trabajos. Pero el panorama actual nos dice que ahora esas largas pausas son lo normal: tres años pasaron entre las dos últimas temporadas de Stranger Things, los mismos que transcurrieron entre las dos entregas emitidas de Miércoles, por poner dos ejemplos muy conocidos.
Hubo un tiempo no muy lejano en el que los calendarios televisivos eran más rígidos que el calendario litúrgico: las networks cuidaban la relación que se establecía entre los espectadores y sus series favoritas porque esa era la mejor manera de cuidar a sus anunciantes, su fuente de ingresos. Por supuesto, para conseguir esto se trabajaba contra reloj y las cadenas asumían mayor riesgo empresarial.
Desde que el modelo de suscripción impera, las plataformas se han afanado en cimentar su negocio —que consiste en atraer y retener suscriptores— no sobre sus mejores títulos, sino sobre una oferta ingente y constante. Todas las semanas tendrás un puñado de series nuevas para que no te des de baja. ¿Cuáles? Ni idea, pero alguna habrá que te entretenga este fin de semana. A la vez, para minimizar los riesgos de sus éxitos, en ocasiones tardan meses en dar luz verde a una siguiente temporada y los procesos de producción y, sobre todo, postproducción son mucho más lentos.
Desde las plataformas han intentado hacer de la necesidad virtud, vendiéndonos la idea de que lo bueno se hace esperar, pero la paciencia del espectador tiene un límite y el mayor problema no es que los actores crezcan. Es que las series caduquen y sus espectadores se hayan olvidado de ellas.