Polarizada. Y a mucha honra
Quisiera estar tan alejada de tantos para los que las vidas, animales o humanas —de los humanos pobres, se entiende—, tienen un valor tan escaso que no solo seguiré polarizada, sino que lo estaré cada vez con más orgullo
No espero mucho de una marca de productos de origen animal que en los últimos años se ha especializado en anuncios navideños sensibleros. Espero poco de los que viven de la muerte. Ya está la vegetariana dando la cha...
No espero mucho de una marca de productos de origen animal que en los últimos años se ha especializado en anuncios navideños sensibleros. Espero poco de los que viven de la muerte. Ya está la vegetariana dando la chapa, dirán, y sí, pero estoy muy hecha al consumo de carne, no voy a rasgarme las vestiduras. Siendo medio asturiana y medio gallega, me he criado entre xatas roxas y rubias galegas que, por nobles y hermosas que fuesen, invariablemente acababan en la pota entre patatas redondas y pimiento verde. Me consuela que previamente tenían vidas dignas; no digo que fuesen parte de la familia, no me quiero poner cursi como un spot navideño, pero su efímera existencia tenía poco que ver con la de los millones de animales que hoy sufren nuestra ansiedad por llenar el carro a reventar para sentirnos ricos de supermercado. Consumimos por encima de nuestras posibilidades, vaya novedad que les cuento.
Pero incluso siendo consciente de ello, me revuelve escuchar a diario noticias sobre la gripe aviar o la peste porcina en la que se mencionan cifras astronómicas de animales muertos o sacrificados sin que nadie repare en la atrocidad que supone, todo lo contrario, solo importa que los huevos estarán carísimos o se cenará menos cochinillo en Nochevieja. Leemos sobre sacrificios masivos de animales mientras suspiramos con vídeos de pollitos y cerditos haciendo cucamonas en TikTok. Disociar, lo llaman.
Aun sin esperar nada de la susodicha marca, ha conseguido sorprenderme la inclusión de Ana Rosa Quintana en su anuncio, y además lanzando un “me gusta la fruta", la frase que supuestamente soltó Ayuso cuando realmente llamó al presidente del gobierno hijo de... ya saben ustedes qué. La idea es advertir de lo malísima que es la polarización, y lo será, no digo yo que no, pero mi plan para 2026 es seguir polarizadísima.
Siempre intentaré estar lejos de los que son capaces de escuchar hablar de millones de animales sacrificados sin inmutarse. Ni les digo ya de quienes apoyan gobiernos genocidas o de los que jalean desahucios de inmigrantes mientras se persignan en la Misa del Gallo. También de los que mercadean con chistorras, aunque sean metafóricas, y denigran mujeres, que preferiría que no fuesen reales, pero lo son. Quisiera estar tan alejada de tantos para los que las vidas, animales o humanas —de los humanos pobres, se entiende—, carecen de valor que no solo seguiré polarizada, sino que lo estaré con más orgullo. Al final sí que me he puesto cursi. Cursi y polarizada, vaya año que me espera.