El desafío soberanista catalán

El nacionalismo escocés marca sus diferencias con el catalán

El pragmatismo lleva a SNP, de Nicola Sturgeon, a destacar las "diferentes circunstancias históricas"

Una bandera escocesa y una 'estelada' en Glasgow en 2015.ANDY BUCHANAN (AFP/Getty Images)

En septiembre de 2014, en las turísticas calles de Edimburgo, era fácil ver esteladas entre las banderas escocesas. También se vio alguna este pasado fin de semana en el centro de convenciones de Aberdeen, al norte de Escocia, donde los nacionalistas del SNP celebraban su congreso y exhibieron la fuerza de su nuevo desafío independentista. Los separatistas catalanes no se cansan de señalar la diferencia entre la actitud del Gobierno español y la del británico ante dos procesos que, a sus oj...

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En septiembre de 2014, en las turísticas calles de Edimburgo, era fácil ver esteladas entre las banderas escocesas. También se vio alguna este pasado fin de semana en el centro de convenciones de Aberdeen, al norte de Escocia, donde los nacionalistas del SNP celebraban su congreso y exhibieron la fuerza de su nuevo desafío independentista. Los separatistas catalanes no se cansan de señalar la diferencia entre la actitud del Gobierno español y la del británico ante dos procesos que, a sus ojos, son perfectamente comparables. Pero el pragmatismo empuja al SNP, el partido de la ministra principal Nicola Sturgeon, a subrayar las diferencias entre el caso escocés y el catalán.

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Los nacionalistas escoceses saben que al Gobierno de Rajoy, dada su estrategia ante el desafío separatista catalán, no le convendría poner las cosas fáciles a una Escocia independiente para permanecer a la UE o acceder por la vía rápida. Eso podría dar esperanzas al nacionalismo catalán de cara a la permanencia en la UE de una Cataluña independiente. El Estado escocés, dijo la semana pasada el ministro español de Exteriores, Alfonso Dastis, tendría que “ponerse a la cola” para ingresar en el club.

“Ambas situaciones son muy diferentes”, opinaba en Aberdeen Fraser Thompson, de 36 años, militante del SNP. “Separar Escocia supondría romper una unión política entre dos naciones que ya estuvieron separadas. Nosotros reemergeríamos como Estado en Europa”.

 La consigna se repetía en las conversaciones con militantes en Aberdeen este fin de semana: los dos casos son diferentes. La propia Nicola Sturgeon destaca siempre las “diferentes circunstancias históricas”. Y ha insistido en negar el riesgo de que ofrecer una vía rápida de acceso a la UE a una Escocia independiente pueda sentar un precedente para otros procesos secesionistas. Sin embargo, el SNP ya estudia, como posible alternativa a la permanencia en la UE, solicitar el ingreso en la EEA. Así esquivaría las dificultades que pudiera poner España y, de paso, contentaría a aquellos escoceses partidarios de la independencia pero, también, de abandonar la UE: un 15% de quienes votaron por la independencia en 2014 lo hicieron también por el Brexit dos años después.

En el Parlamento británico se ha formado esta semana un grupo de discusión sobre Cataluña, integrado por diputados y lores de seis partidos. Estos grupos no tienen un carácter oficial dentro de las cámaras y son grupos informales que cubren una infinidad de temas e intereses, desde la apicultura al transporte de mercancías pasando por la obesidad, la islamofobia y el bingo. En la actualidad, según los registros del Parlamento británico hay prácticamente un grupo creado por cada país del mundo. A su presentación acudió esta semana el conseller catalán de Exteriores, Raül Romeva. Diputados del Partido Laborista, del SNP y del galés Plaid Cymru han impulsado una moción en el Parlamento británico para condenar la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña contra el expresidente de la Generalitat Artur Mas y las exconselleras Joana Ortega e Irene Rigau.

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