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Paso atrás contra la pederastia

Agarrarse a un tecnicismo para archivar la causa contra el obispo Zornoza, como ha hecho el Vaticano, es un desprecio a las víctimas

La basílica de San Pedro, en la ciudad del Vaticano. Remo Casilli (REUTERS)

El Vaticano ha archivado la investigación que abrió en verano contra el entonces obispo de Cádiz y Ceuta —hoy emérito—, Rafael Zornoza, de 76 años, por supuestas agresiones sexuales continuadas a un menor entre 1994 y 2001, cuando era sacerdote en Getafe y dirigía el seminario mayor de la diócesis. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe, al que la víctima denunció los abusos, se ha acogido, según fuentes eclesiásticas, a un mero tecnicismo jurídico sobre la presunta dificultad de determinar si en el momento de los hechos era mayor o menor de 16 años. Según su interpretación del Código de Derecho Canónico entonces vigente, solo serían abuso a menores los casos por debajo de dicha edad.

El organismo disciplinario vaticano no ha hecho pública su resolución, que tomó hace varias semanas. Ni siquiera se la ha comunicado a la víctima: lo supo por EL PAÍS, que mantiene abierta la única base de datos pública sobre abusos en la Iglesia española. Esa falta de transparencia impide conocer los argumentos concretos del Dicasterio. Desde un inicio, el denunciante ha asegurado que los abusos se iniciaron cuando tenía 14 años y se extendieron hasta los 21.

La seguridad jurídica de un investigado, aunque no sea en los tribunales ordinarios, es un derecho humano básico, pero el archivo del caso, además de decepcionante, envía un mensaje contradictorio y, sobre todo, muy negativo para el reconocimiento, la verdad y la justicia que las víctimas de los abusos siguen esperando tras años de ser ninguneadas por la jerarquía eclesiástica. Roma consideró lo suficientemente verosímil la denuncia como para abrir la primera investigación canónica conocida en España por un delito de pederastia a un obispo en ejercicio. Tras conocer los hechos, el Vaticano mantuvo aún cuatro meses a Zornoza en su cargo, pero el Papa terminó apartándolo 12 días después de que este periódico informase en noviembre de la investigación. Y el Tribunal de la Rota concluyó en febrero su indagación preliminar, recomendando que se abriera un proceso penal canónico, el ahora desestimado con una argucia técnica. Zornoza se declaró inocente.

Como en demasiados casos de acusaciones de pederastia eclesial, ha pesado más la defensa del supuesto abusador que el testimonio de las víctimas, a quienes se niega humanidad y comprensión, en definitiva, justicia. En este caso, ya prescrito civilmente y con Zornoza fuera de su puesto, el afectado solo buscaba un gesto simbólico de reconocimiento del daño causado.

Los obispos españoles, que no dijeron nada hasta que estalló el escándalo, tienen una inmejorable ocasión pública de demostrar la “obligación moral” con las víctimas que recalcó el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, cuando la semana pasada firmó el acuerdo con el Gobierno para la reparación de las mismas. Faltan dos meses para que León XIV viaje a España y está en su mano un gesto que acredite un cambio de actitud real en Roma. Y más necesario aún con decisiones incomprensibles como esta.

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