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Los enemigos de la IA

Hay un creciente número de usuarios que reacciona visceralmente en contra de cualquier producto con inteligencia artificial, y tienen sus motivos

Alex Karp, consejero delegado de Palantir Technologies. Brendan McDermid (REUTERS)

El pasado sábado, la exconsejera delegada de Bluesky, Jay Graber, ahora responsable de innovación de la plataforma, anunció la creación de una app (por ahora, accesible solo por invitación) a la que calificó como “aplicación social agéntica y constructora de redes sociales”. Attie, que recibe su nombre del protocolo AT sobre el que está construido Bluesky, es una herramienta en la que los usuarios pueden preguntar, en lenguaje natural, sobre el tipo de cuentas que les gustaría seguir en la red, y construir a partir de esa información una lista de recomendaciones. En una publicación en su blog, Graber afirmaba que, al contrario que otras redes sociales, que “usan la IA para aumentar el tiempo en que pasan en la red, para cosechar datos de entrenamiento, y dar forma a lo que los usuarios ven y creen a través de sistemas que no pueden inspeccionar y no pueden elegir”, su empresa quiere que los usuarios utilicen la IA para “crear su propio espacio, crear software que funciona como quieren que funcione, y encontrar señal entre el ruido”.

Todos estos matices no le sirvieron de mucho. La reacción de la base de usuarios de Bluesky fue primero de incredulidad y después, en gran medida, de furia. En tres días, según la página Clearsky, más de 140.000 usuarios habían bloqueado la cuenta de Attie. Aunque solo representa un 0,3% de la masa de usuarios activos, eso la convierte en la segunda cuenta más bloqueada de la red, solo por detrás de la del vicepresidente de EE UU, J. D. Vance. La propia Graber reconoció la situación el lunes. “Vamos a buscar formas de tener en cuenta las preferencias expresadas por aquellos que han bloqueado Attie”, dijo en su cuenta.

We’ll look into ways to take into account the preferences expressed by people who’ve blocked @attie.ai. The team has been making progress towards private accounts. There was a lot of good feedback on the tech at ATmosphereConf this week, and we’ll have more to share soon.

— Jay 🦋 (@jay.bsky.team) Mar 31, 2026 at 0:08

La reacción negativa contra Attie no es sino una manifestación más de un fenómeno en auge: ante la carrera desenfrenada de empresas e instituciones por subirse al carro de la inteligencia artificial generativa, lo que ha llevado a sacar al mercado productos a medio hacer y sin contar con las consecuencias éticas, sociales, políticas y medioambientales, hay un grupo creciente y ruidoso de usuarios que saltan automáticamente cada vez que oyen la palabra IA. “La reacción negativa a Attie no es un malentendido técnico, es la vulneración de un santuario”, considera el usuario moja.blue. “Las comunidades han construido una frontera cognitiva —'la IA no nos alcanza aquí’— que no estaba garantizada por ninguna de las especificaciones [de Bluesky]. La reacción es categórica, no proporcional”.

No es el único caso. Hace un par de semanas, Nvidia, uno de los mayores fabricantes de tarjetas gráficas del planeta, anunció con gran fanfarria la quinta versión de su sistema de reescalado de vídeos digitales (DLSS) que, frente a las versiones anteriores, también basadas en IA, que buscaban mejorar el rendimiento añadiendo resolución o fotogramas, en esta se dedicaba activamente a modificar la imagen. El resultado es que el sistema fuerza una estética diferente a la originalmente prevista por los diseñadores, algo que ha despertado las iras de desarrolladores y usuarios, reflejada en cientos de memes comparando versiones con o sin DLSS 5, alguno de ellos haciendo referencia al legendario Ecce Homo de Borja. El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, tuvo que salir al paso de las críticas, defendiendo su producto pero reconociendo que a él tampoco le gusta el “slop” (vómito) de las IA.

Hay quien diga que estas reacciones viscerales son una nueva especie de ludismo, la reacción de quienes temen a una tecnología que desafía su posición en la sociedad al permitir a la gente corriente hacer cosas que antes no podía hacer. Pero cuando tienes a gente como el consejero delegado de Palantir, Alex Karp, diciendo en CNBC que la IA “va a reducir el poder económico, y en consecuencia, el poder político” de las mujeres formadas en ciencias humanas, queda la pregunta de, tratándose de inteligencia artificial, quién es realmente el enemigo.

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